La mujer que duró un año sin comprar nada ¿Cómo hizo?

Ann Patchett es escritora y dueña de una librería. En un artículo publicado por el New York Times relató su experiencia, que más que ayudarle a manejar su dinero, fue una revelación de cómo sobrevivir a la sociedad impulsada al gasto.

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Es difícil para los seres humanos gastar menos de lo necesario. Normalmente nos llenamos de excusas y en un mundo rodeado de publicidad, donde internet se ha convertido en una gigantesca base de datos que sabe antes que las personas mismas qué queremos, nos llenamos de compras para despilfarrar el dinero.

Ann Patchett es una reconocida escritora y colaboradora habitual del New York Times. Nacida en Los Ángeles en 1963 y criada en Nashville, ha hecho una trayectoria importante donde uno de sus libros, ‘Commonwealth’, es bestseller del NYT y también del listado de mejores ventas en Amazon.com.

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En su artículo “Mi año sin ir de compras”, Patchett se midió a un reto difícil: no comprar nada material que no sea estrictamente necesario en los siguientes 365 días. El desafío empezó a finales de 2016, cuando se encontró con una amiga embarcada en una aventura similar. Lo que más la animó era que su conocida le había dicho que al final no le había parecido algo extremadamente difícil.

“Elisa me contó la historia: luego de haber viajado gran parte del año anterior, decidió que ya tenía suficientes cosas, o mejor dicho demasiadas cosas. Así que prometió que durante los próximos doce meses no compraría zapatos, ropa, bolsos ni joyería. Me impresionó su disciplina, pero se encogió de hombros y dijo: “No fue difícil”.

Así que Ann al fin se decidió cuando se respondió a la pregunta tácita de ‘¿Qué necesito?’ y la respuesta fue: ‘Lo que yo necesito son menos cosas’. Al cabo de la primera semana de su aventura llegó a su casa con unos parlantes portátiles. “Cuando llegué a mi casa me sentí ridícula. El “no ir de compras” debía incluir artículos electrónicos ¿no?”, dice.

Así que decidió hacer su lista arbitraria de reglas: solo compraría en el supermercado las cosas de hogar, incluyendo las baterías para sus controles o la tinta de impresora cuando esta se terminara. El champú fue parte de la lista de artículos para no ser comprados, al igual que cremas de belleza, había montones de estos guardados por los rincones de la casa que no había usado, así que no era necesario comprar más.

Patchett era amante de dar regalos, pero no podía comprarlos, así que como escritora pensó en obsequiar libros. Tenía muchos de ellos para dar, debido a su profesión, ya que es dueña de una librería en Nashville, la cual empezó cuando los demás negocios de su clase quebraron.

Pero un día, su editor se casó en 2017 y no podía darle un libro ¿Qué podía hacer? Ann dice que los primeros meses sin compras estuvieron llenos de alegres descubrimientos. Terminó su labial y antes de decidir si era una necesidad, buscó en los cajones y encontró en su escritorio los pintalabios que necesitaba. Halló cinco. Durante unos días sintió ganas de un reloj Fitbit, que no necesitaba conexión a un teléfono inteligente, por cuatro días lo anheló con todas sus fuerzas y luego, ya no sintió más esa necesidad.

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“El truco no solo reside en dejar de adquirir cosas, sino en no salir de compras. Eso incluye no divagar en la sección de descuentos del sitio J. Crew en momentos de ociosidad. Significa que los catálogos deben ir directo a la basura bajo el precepto de que si no lo veo, no lo quiero. Hacia la mitad del año podía ir a una tienda con mi madre y mi hermana si me lo pedían. Podía decirles si el vestido que se estaban probando les quedaba bien, sin desear probármelo yo misma”, dice la autora.

Para Patchett, se trató de una experiencia que mezcló con su educación religiosa, donde pese a las enseñanzas de vivir con poco, lo cierto es que nos acostumbramos a tener en abundancia y adquirir todo nuevo. Para ella “si dejas de pensar en lo que podrías querer, es mucho más sencillo darte cuenta de lo que los demás no tienen. Hay una razón por la que casi todas las religiones consideran las posesiones materiales un impedimento para alcanzar la paz. Es por eso que Siddharta tuvo que abandonar su palacio para convertirse en Buda. Es por eso que Jesús dijo “Bienaventurados los pobres””.

¿Me lo merezco?

Como Patchett, otras personas han logrado vivir con solo lo necesario, teniendo los medios de llevar una vida más acomodada. Fue el caso de Michelle McGagh, que se puso como reto en 2016 gastar solo en las cosas más necesarias y así logró pagar más temprano su crédito hipotecario.

No solo eso, dejó costumbres costosas: querer comer en finos restaurantes, salir con los amigos de fiesta y tomar más licor del recomendado, con lo cual se fue entregando a una vida más saludable. Por eso, a nuestros lectores de FP le dejamos este consejo. La próxima vez que se antoje de una compra hágase una pregunta: ‘¿Me lo merezco?’.

En caso que la respuesta sea afirmativa, no lo compre, sencillamente está adquiriendo algo por un impulso y no por una verdadera falta o carencia de ese producto. Dese una vuelta y al cabo de una semana vuelva a pasar por la vitrina donde vio ese producto. Vuélvase a hacer la pregunta y verá que la ansiedad ya habrá pasado.

‘El dinero no crece en los árboles’, como reza el dicho de las abuelitas y en cambio sí es difícil ganárselo con todo el esfuerzo y la pasión con la que hace su trabajo, ya sea trasnochando en la oficina, dedicado a su propio negocio o simplemente gracias a que su conocimiento lo ha convertido en un inversionista profesional.

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