Cinco mitos financieros con los que seguramente creció

Si usted tiene más de 18 años, seguramente alguna de las siguientes recomendaciones o situaciones se le hará muy conocida porque se la inculcaron como una enseñanza financiera para que tuviera éxito en su vida adulta. Pero, ¿qué tan favorables pueden ser?

Cinco mitos financieros con los que seguramente creció Cinco mitos financieros con los que seguramente creció
La generación Millenial tiene unas características particulares en su estilo de vida, en sus creencias y manejo sobre el dinero y en el trabajo. Aprendieron bastante de sus padres, de las crisis económicas que les tocó pasar por las altas deudas y tienen una particular obsesión por alcanzar esos logros que a las otras generaciones se les ha dificultado, como los ascensos, acumular una riqueza importante y salir de deudas antes de cumplir los 30.

En particular, es una generación que usa la tecnología a su favor y que cuenta con la posibilidad de acceder a más información en la red para comparar y ahorrar lo que más puedan en sus compras, por eso, también son buenos amigos de los descuentos y los cupones.

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No obstante, las enseñanzas con las que pudieron crecer así como ver la mala experiencia de sus padres o familiares con los bancos y las deudas, pudieron desarrollar en esta generación unas creencias particulares que aún hoy ponen en práctica.

1. Las tarjetas de crédito son malas

Quizá uno de los demonios de toda la vida y, aunque tiene una tasa bastante alta de interés, el problema no es del pobre plástico, como tal, sino de sus malos hábitos. El hecho de no considerar realmente cuándo usarla, qué comprar y qué no con ella así como a cuántas cuotas diferirlas, es el verdadero problema. Las tarjetas de crédito, realmente, pueden ayudarle a construir una buena historia crediticia y lo pueden ayudar a salir de los apuros en momentos de emergencia.

Además, se están consolidando como uno de los medios de pago más seguros y más comunes a la hora de hacer transacciones por internet, por ejemplo, por lo que toda la responsabilidad de uso recaerá es sobre sus hábitos de pago. Como recomendación final: procure siempre mantenerla “limpia”, es decir, sin deudas pendientes y todos los pagos, dentro de lo posible, mándelos a una sola cuota, así se evitará pagar la tasa de interés.

2. Es demasiado arriesgado invertir

¿Y si no lo hace ahora, que está joven, que aún vive con sus papás y que no tiene mayores responsabilidades financieras, entonces, cuándo lo hará? La inversión es la única forma de mantener el valor del dinero en el tiempo, de que tenga formas extras de obtener ganancias a partir de lo que ya ha logrado y de hacer que valga la pena ahorrar.

Lo que sucede es que el miedo de invertir, cuando le hablan de temas como “bolsa de valores” o “acciones” puede sonar algo como un “casino”, pero realmente, todo depende de usted y del nivel de riesgo que quiera aceptar, es decir, hay unas inversiones que son lentas pero seguras, así como otras rápidas y demasiado arriesgadas. De acuerdo con Money, de Time, además, usted no necesitará de grandes sumas de dinero, actualmente en el mercado encuentra distintas opciones en bancos, entidades financieras y fiduciarias que le permiten tener pequeñas ganancias a partir de sus ahorros.

FP le sugiere leer “Como manejar el dinero cuando tiene 30 años o más”.

3. Salga de deudas antes de ahorrar


Quizás por el crédito de su pregrado que aún tiene pendiente por pagar o en el de vehículo en el que hace poco se metió, prefiere no ahorrar nada y que todo se vaya, directamente, al pago de esas deudas pendientes, porque sabe que vivir con ellas es un karma que, aunque necesario, quiere salir de él a toda costa.

Lo peor, es que eso significaría que pasará casi más de 5 años haciendo esa estrategia y serían cinco años, 60 meses o más de 1.800 días perdidos sin tener una estrategia de ahorro para un plan de emergencia o para su futuro. De acuerdo con información de The Week, la realidad es que usted no necesita de mucho para empezar a ahorrar. Incluso, puede saltarse la regla de ahorrar el 10% y quizás empezar con esas pequeñas sumas semanales que le ayuden a tener un “salvavidas” en caso de que lo llegue a necesitar.

4. Pida préstamos a conocidos en vez de bancos

El problema que no ve detrás de esto, es lo que puede llegar a dañar una relación familiar o de amistad, por seguir este mal consejo. Claro, si se trata de pequeñas sumas por las que usted pueda responder en los próximos días o a más tardar, en los próximos 3 meses, no habrá problema, pero si se trata de montos muy grandes como el pago del semestre o que usted no pueda mantener, la verdad, es mejor solicitar un préstamo sea con el fondo de empleados de su trabajo, con una cooperativa o, en una última opción, con un banco (por la diferencia de tasas de interés que pueden tener).

Claro, una de las ventajas es que no tendrá plazos de tiempo estrictos (a no ser que le hagan firmar una letra de cambio) y que es mucho más llevadera la deuda. Pero quizás sabe que eso implica también problemas y conflictos que pueden terminar muy mal. Lo mismo sucede cuando usted cuenta con sus seres queridos como fiadores o codeudores. Sea sincero, si realmente no tiene el dinero para soportar un compromiso financiero, tampoco involucre a quienes lo ayudan, porque puede afectar su reporte crediticio de por vida.

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5. Comprar una casa no vale la pena

Claro, los precios están costosos, hay una especulación de que hay una burbuja inmobiliaria (que las propiedades valen más de lo que realmente lo valen) y el tema de impuestos también es una carga incómoda de llevar. Pero lo cierto, es que contar con una propiedad le puede abrir muchas más puertas de las que usted cree: desde el mismo hecho de solicitar una visa a algún país, hasta los préstamos para cuando quiera iniciar su negocio propio.

Lo que sucede es que usted tiene que analizar muy bien las situaciones al momento de comprar una vivienda, como las tasas de interés, los beneficios que puede darle el gobierno, así como la modalidad en que la va a comprar. De acuerdo con Housing Wire explica que los millenials tienen esta mentalidad debido a que tienen una mentalidad en que los trámites y los requisitos que, muchas veces por falta de información, no son siempre los más favorables.

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