El nómada que encontró una mina de oro en el desierto

De origen humilde, el geólogo Samand Sanjdorj descubrió un yacimiento con enormes reservas de oro, plata y cobre en el sur de Mongolia que generará millones. Pero su explotación es un tema difícil de gestionar.

Sanj (a la derecha en la imagen) creció en una familia nómada con pocos recursos. Sanj (a la derecha en la imagen) creció en una familia nómada con pocos recursos.
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BBC

Seguramente se ruborizaría si lo oyese, pero Samand Sanjdorj es probablemente la persona más influyente de su país desde Genghis Khan, quien en el siglo XIII fundó el primer Imperio Mongol.

Sanj, como se le conoce, viene de una familia humilde de pastores nómadas del oeste de Mongolia. Como muchos en su país, creció en un ger -tienda de campaña de fieltro típica de Asia central- pero tuvo un buen rendimiento en el colegio y consiguió un lugar en una universidad rusa, donde cursó geofísica.

A finales de la década de 1990, una compañía minera internacional lo envió al remoto desierto de Gobi como parte de un equipo para investigar lo que denominaron una "interesante extrusión". Su objetivo era hacer una gran perforación en la profundidad del árido desierto de Gobi.

Sanj y el resto de geólogos de su equipo no eran en absoluto los primeros exploradores de esa zona a la que los locales llaman la "Colina Turquesa", en alusión a las manchas verdes que dan una idea de los minerales que esconde.

"Habíamos encontrado algo importante"

Pero los investigadores soviéticos primero y las compañías mineras que lo examinaron más tarde, habían descartado la posibilidad de trabajar en la zona al considerar que las reservas de minerales no eran suficientes para hacer rentable la explotación.

Las pesquisas de Sanj tuvieron un resultado bien diferente. Sus investigaciones, asegura, sugerían que estaban delante de una formación geológica muy poco común.

"Nuestras investigaciones nos mostraban que el potencial minero de la zona era mayor", explica el geólogo. "Estaba deseando levantarme al día siguiente para seguir explorando. Estábamos seguros de que habíamos encontrado algo muy importante".

Incluso a su equipo le costó entender la magnitud de lo que tenían delante. Lo que Sanj y sus colegas descubrieron ha resultado ser la que se cree es la mayor reserva sin explotar de cobre, hierro y plata del planeta.

Una década y media más tarde, Sanj me muestra la enorme planta procesadora azul que extrae arena en el lugar en el que una vez acampó junto a sus colegas geólogos.

Los US$6.000 millones que la minera angloaustraliana Rio Tinto gastó en el ingenio fueron suficientes para alzar a Mongolia al tope de la lista de los países que más rápido crecen en el mundo.

US$8.000 millones al año

La compañía prevé que la mina Oyu Tolgoi genere más de US$8.000 millones anuales en los próximos 40 ó 50 años. Una sorprendente e inesperada ganancia para un país con menos de tres millones de personas.

Esto ocurre en un momento cuando hay otros factores que reconfiguran la nación.

Mongolia sufría ocasionalmente inviernos extremos, conocidos como dzuds, pero según los habitantes de la zona, cada vez son más frecuentes. En los últimos años, las temperaturas extremadamente frías han mermado el ganado local -una de las principales fuentes de supervivencia de los nómadas- con millones de camellos bactrianos, yaks, ovejas, cabras de cachemira y vacas muertas.

Eso ha provocado un enorme éxodo de los nómadas tradicionales del campo y el crecimiento de una enorme barriada.

Los nómadas trajeron sus gers a la ciudad y crearon sus hogares en las colinas alrededor del lugar donde está la mina.

Sólo en la última década, un cuarto de la población de Mongolia ha abandonado su estilo de vida tradicional y milenario para instalarse en este empobrecido barrio.

Por supuesto, todos los que viven aquí son conscientes del gran descubrimiento de Sanj en el Gobi. Y, naturalmente, también quieren una porción del pastel.

Pero ahí es precisamente donde está el problema.

Cómo repartir el botín

El mineral que se extrajo inicialmente, una relativamente modesta colina de polvo negro, ya debería haberse convertido en una montaña, pero el gobierno mongol quiere dinero en efectivo y pide a Rio Tinto cientos de millones de dólares más de lo que se había acordado previamente.

El jefe de las operaciones de la compañía en Mongolia ironiza al señalar que los países que cambian las reglas de este modo corren el riesgo de matar a la gallina de los huevos de oro antes de que haya puesto alguno.

"¿Es eso una amenaza?", le pregunto.

"Oh, no, no, no", responde.

Sin embargo, las dos partes están inmersas en discusiones a puerta cerrada desde hace aproximadamente un mes.

De vuelta a la mina de de Gobi, Sanj parece imperturbable por la disputa.

Da la sensación de que ha estado en el negocio el tiempo suficiente para saber que la pelea sobre cómo el gobierno y Rio Tinto se reparten el botín puede retrasar el proyecto, pero no acabará con él.

Sabe que un premio tan jugoso no será despreciado, finalmente.

Pero eso deja la principal cuestión sin resolver: ¿puede el gobierno mongol asegurar que todos los ciudadanos se beneficien del extraordinario descubrimiento de Sanj?

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