Sí, la paz también tendrá un impacto en su bolsillo, ¿lo sabía?

por Nataly Olarte

El fin del conflicto armado en Colombia representa una importante noticia para el país. Pero más allá de la eliminación de la guerra, hay unas consecuencias favorables que puede estar afectándolo en su día a día, aunque no lo crea.

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Lo sucedido el 23 de junio de 2016 pasará a la historia no sólo de Colombia, sino del mundo. Después de tres años de negociación, finalmente el Gobierno y la guerrilla de las FARC acordaron el fin del conflicto, que era el tercer punto de la agenda en los Diálogos de Paz, lo que se traduce en que finalmente habrá un cese al fuego bilateral, es decir, que no habrá más armas ni guerra.

Además, se establecieron “garantías de seguridad para los desmovilizados y la aceptación de plebiscito como mecanismo de refrendación”, como lo reporta Semana.com. Todo lo que se traduce en que el fin de la guerra, está llegando luego de 50 años en los que el país vivió con violencia.

Pero más allá de todos esos titulares, la celebración del gobierno y altos representantes así como también el enojo de otros cuantos políticos, el hecho de que se firme la paz trae consecuencias positivas para usted, como “ciudadano de a pie”. Si bien por el momento todo se trata de una simple firma, lo que hay detrás de todo esto es una gran variedad de oportunidades para mejorar la calidad de vida.

Lo que pasará

Hasta el momento, todo suena muy lejano, pero lo cierto es que esto terminará beneficiando a los colombianos de una forma muy cercana.

El primero: de acuerdo con el profesor de economía de la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito, Eduardo Sarmiento, el efecto inmediato es que “la paz significa que se va a tener más seguridad, que es un derecho de cualquier persona. La violencia afecta no sólo a los que están en confrontación, sino también a los que están a su alrededor. Así que cuando una persona tiene esa seguridad y tranquilidad, vivirá mucho más cómodo y con mayores ingresos”.

Lo que traduce esto es que cuando usted ya puede estar en su casa tranquilo, sin el temor de un atentado o secuestro, así como la posibilidad de viajar a donde quiera; lo que se generará es que las personas empezarán a mover la economía, en el sentido de que quien ya se queda en el campo puede empezar a producir su tierra, mientras quienes viajan, gastarán dinero en esos destinos, lo que implica más ingresos para ese lugar.

El segundo: por su parte, el experto de la Universidad del Rosario, Gonzalo Palau, sugiere que es “más caro que siguiéramos en guerra, que se continuara gastando en lo mismo, pero ahora todos esos recursos que se orientaban en esfuerzo militar, serán destinados a planes más productivos y con mayores beneficios desde el punto de vista social, como una mayor cobertura en educación a toda la población”.

Quizá no sepa, pero año a año el gobierno establece una especie de presupuesto en el que da una cantidad determinada de dinero a ciertos aspectos. Entre los típicos uno es la inversión, el otro es el gasto público, pero otro común era el que se destinaba a la guerra (sector defensa), que era aproximadamente de $30 billones para 2016 (¿se imagina todo ese dinero invertido en colegios o en apoyo a las empresas del país?).

Entonces, lo que significa el proceso de paz “es que el dinero destinado al gasto militar, en protección de ciudadanos, se va a reducir. Entonces se puede tener mayores ingresos por concepto de transferencia del Estado, es decir, menos guerra, menos impuestos y más gasto social”, explicó Sarmiento.

El tercero: cuando no hay guerra, se tiene inversión en otros sectores, las prioridades empiezan a ser otras. Entonces, lo que se espera es que las empresas que tuvieron que cerrar por condiciones de violencia o que aquellas que no tenían dinero para invertir, ahora no tengan esas limitaciones y empiecen a crecer, ¿qué significa eso? Que cuando una empresa crece genera más empleo y puede dar mejores condiciones de vida a sus empleados. Pero, ¡pilas! Esto no es algo que suceda de la noche a la mañana, sino con el tiempo.

En palabras del académico del Rosario, “cuando se tiene una economía más estable, gracias a un ambiente general del país en paz, se tendrá mayor empleo, mayores nivele s de productividad, de inversión y el balance, acabo de cierto tiempo, será de efectos positivos y será favorable para el país en general”.

¿Más impuestos?

Esta es una de las principales dudas con las que se quedan los colombianos en el sentido de que han surgido puntos de vista que se contraponen al respecto. No sólo hace poco el presidente Santos dijo que si se seguía en guerra aumentarían los impuestos, sino que también se ha hablado que igual, si no se firma, tendrán que aumentar.

Y lo cierto es que ambas perspectivas, aunque contradictorias, pueden ser un poco acertadas. “Es posible que en el escenario que se viene, ese necesario con nuevas responsabilidades del Estado, se deba hacer un esfuerzo en materia de impuestos por parte de toda la población”, puntualiza Palau, hablando, específicamente, del posconflicto.

Para Eduardo Sarmiento el “posconflicto tiene la necesidad de llevar una política solidaria, que complemente la paz con la reducción de desigualdades de la sociedad colombiana. Recordemos que los argumentos del conflicto es que se tenía un enfrentamiento por una mayor justicia social, de manera de que la paz exige e implica, una serie de acciones de los gobiernos para mejorar la distribución del ingreso y el mejor instrumento que tienen gobiernos para esto, son los impuestos, pero progresivos, es decir que quienes pagan más es porque tienen más”.

En sí, lo que parece venir es que los impuestos tendrán que ser usados para empezar la construcción de ese nuevo camino en el que, probablemente al inicio, se requiera de un esfuerzo de parte de toda la población colombiana, es decir, que los impuestos se destinen a ese posconflicto, para invertir en el campo y en nuevas oportunidades de crecimiento económico.

Pero lo que sí es cierto es que se vería un incremento mucho mayor en impuestos si se mantuviera la guerra, porque requiere de un sostenimiento que es mucho más costoso, en todo sentido.

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