Ahorró $50 millones y se fue a recorrer el mundo ¿cómo lo hizo?

A muchos, la idea de dejar el trabajo para cumplir el sueño de viajar les aterra, por cualquiera que sea la razón. Este es un caso es que no importó dejar todo atrás, y con una cantidad razonable.

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Pero son pocos quienes logran el sueño de abandonar todo lo que les da seguridad, coger la maleta, una mochila para irse de viajar y recorrer el mundo. Ese fue el paso que dio Angélica Lizarazo, una chica que ahorró todo lo que pudo en tres años de trabajo, reunió $50 millones y le alcanzó para recorrer buena parte de Suramérica, el Sudeste Asiático, India, Nepal y las principales ciudades en Europa.

Lo que más anhelaba era irse a estudiar en el exterior, conocer nuevas culturas y personas, sin embargo el empujón para tomar la decisión fue el empleo previo a su viaje, donde había un ambiente laboral insoportable, se sentía poco valorada como persona y como profesional, y donde realizaba un trabajo carente de sentido. Esta situación de inconformidad la obligó a moverse y a buscar la forma de alcanzar su sueño de partir lejos, sin dolor de dejar un buen trabajo atrás.

Parte de su ahorro lo consiguió invirtiendo en un apartamento, ahorrando lo que más podía de sus salario, especialmente en los últimos tres años, donde tenía mejores ingresos, también vendiendo algunos accesorios y bisutería en la oficina, algo que le generó problemas laborales. Aunque intentó seguir vendiendo por fuera de las horas de trabajo, una situación le empezó a traer problemas.

"Una vez, una compañera me pidió que le vendiera algo para usar en una cita y yo le ayudé. Mi  jefe me encontró guardando las cosas y así empezó la persecución laboral más horrible de mi vida”, dice Angélica.

Fue cuando llegaron los mensajes subliminales de que la iban a despedir en cualquier momento y que el ambiente se puso problemático. "Yo decidí aguantar el mal ambiente y las amenazas porque tenía un viaje de estudio a Brasil, con todo organizado y fecha de partida definida", comentó.

Hasta que un día en una reunión, donde le llamaron la atención a todo el equipo, decidió pedir la palabra y preguntar a quién iba dirigido el regaño, para que así el responsable pudiera tomar los correctivos para mejorar en el trabajo. “Eso les pareció la mayor falta de respeto" y fue la justificación para prescindir de sus servicios. Ese mismo día en la tarde fue despedida y con sus ahorros, regresó al hogar de sus padres mientras llegaba el momento de iniciar su maestría en Brasil. Sacó la plata del fondo de empleados donde estaba, salió del apartamento y la liquidación que recibió, gracias a un buen salario de $5 millones que tuvo el último año le permitió llegar a la cifra para su proyecto turístico.

Antes de viajar por el mundo, reconoce que pudo haber ahorrado más si hubiera limitado algunos gastos que uno cree que son necesarios para vivir en Bogotá, como salidas, vestuario, paseos. Así hubiera tenido mucho más dinero para su viaje por tres años que la llevó por Suramérica, Asia y las principales capitales europeas.

Foto: Captura de Facebook/Angelik Lizarazo

Paso por Latinoamérica

Cuando llegó a Porto Alegre, empezó a estudiar sin beca un MBA con énfasis en modelos cuantitativos y de su plata gastó para vivir los primeros meses mientras conseguía la beca. Con la ayuda por estudio, le quedó el dinero ahorrado libre para gastarlo en viajes por Suramérica y seguir a la selección Colombia en el mundial de fútbol de Brasil.

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En sus tres años fuera, el cruce de cuentas de Angélica fue así:

  • Ahorro: $50 millones.
  • Latinoamérica: $13 millones gastados en maestría, viajes desde el norte al sur de Brasil, recorrido por las 3 principales ciudades, salida a Perú, Uruguay y Argentina quedándose en hostales de $40.000 la noche, y $60.000 en alimentación, transporte y salir.
  • Asia: $25 millones, con estancia de 9 meses, casi un mes en promedio por cada país del Sudeste Asiático: Vietnam, Laos, Camboya, Singapur, Tailandia, Filipinas, Myanmar, Nepal e India. El gasto diario fue de $70.000 a $75.000, con $25.000 de hostal, y el resto en transporte y alimentación. A veces se gasta menos si hay días en que es mejor no hacer nada.
  • Europa: $8 millones.
  • Pasajes de vuelta a Colombia: $2 millones.

Gastar en dos años en Brasil solo $13 millones fue muy poco dinero y en eso tuvo mucho que ver el estudio en una universidad pública donde los estudiantes reciben almuerzo y cena gratis en el restaurante de la institución por solo $1.000. Para la beca, Angélica debió trabajar en investigación con un profesor cuyo proyecto era enseñarles a los niños de bajos recursos conceptos claves sobre finanzas básicas.

Se animó a viajar sola por primera vez dentro de Brasil, empezando desde el norte del país y tomando bus, con paradas en las principales ciudades donde se vive agitadamente el carnaval. Vivió la fiebre de la selección Colombia en el mundial de fútbol de 2014 y la dolorosa eliminación de Brasil contra Alemania en el legendario 7 a 1.

"Podría haber estudiado en Colombia, pero ir a Brasil, aprender portugués, estar inmerso en otra cultura fue simplemente maravilloso. Conocí gente espectacular, gente que me recibió en su propia casa, con los brazos abiertos. Hice muchas amigas, mujeres, algo que normalmente no pasa en Colombia”, dice.

El paso por Asia

Tras el MBA, Angélica aún tenía ahorros y quería irse a conocer Europa, sin embargo, estaba preocupada porque su "gap year" (año sabático) fuera un lunar en su hoja de vida, así que pensó en irse a estudiar de nuevo a España y así justificar la ida a conocer Europa. Pero una prima que trabaja en recursos humanos la alentó para que viera eso como una oportunidad para recorrer el mundo. “Usted qué se va a gastar toda esa plata en más estudio, mejor viaje”, recuerda que le dijo.

Con poco más de $35 millones empezó a ver dónde le rendiría más la plata, pues la idea era hacer un viaje largo. Vietnam fue el destino elegido para pasar otro año por fuera del país. Antes de todo le dijo a sus papás que pensaba volver a casa en ceros y ellos la apoyaron y le dijeron que cualquier cosa que necesitara contara con ellos. Inclusive para quedarse más tiempo si así lo decidía.

Dos aplicaciones fueron clave para ahorrar: Couchsurfing, donde las personas ofrecen sus sofás o habitaciones para esos trotamundos que buscan sitios donde la quedada es gratis y Workaway, esta última es cuestionada porque las personas trabajan a cambio de tener una alimentación o un sitio gratis donde dormir. La definición de workaway está limitada a trabajar en cocina, hostel, oficios de niñero, chofer, profesor, recolector de fruta y cuanta cosa se pueda presentar.

Para este viaje fue importante saber inglés porque allá nadie le habla a un turista que no entiende este idioma. “Viajar solo no significa que vas a estar solo, todo lo contrario, vas a conocer gente de todos los países y vas a pasear y compartir con todos ellos y esto solo se logra hablando inglés”, asegura.

En India. Foto Instagram anglikmlr.mytraveldiary

En Nepal conoció a un español que no hablaba nada de inglés y en un momento en que él la vio hablando en español con un mexicano se les pegó durante todo el viaje y no lo callaba nadie. No había encontrado nadie que hablara español en varios días, por lo cual no tenía amigos en su paseo y tenía dificultades para organizar los detalles de su viaje.

De Vietnam le impresionó que no hay mendigos, la gente se rebusca como sea pero no pide plata en la calle. De Tailandia recuerda con nostalgia sus maravillosas playas y los cursos de buceo baratísimos. Filipinas no se queda atrás con sus playas, el Tagalo, idioma oficial tiene 3.500 palabras en español y la cultura es muy similar a la nuestra. A cada país le dedicó un mes para conocer bien la cultura. Lo que le molestó es que le pidieran visa a los colombianos, mientras que para otras nacionalidades se les permitía entrar con libertad.

Para ella no deberían existir las barreras, aunque reconoce que al llegar a Asia uno piensa que se va a encontrar con gente muy diferente, costumbres, arraigos y creencias muy diferentes. “Creo que las fronteras no deberían existir, porque por supuesto ellos tienen sus creencias, su religión pero al final uno se encuentra es con gente que habla como uno, que es querida. Yo creía que los colombianos éramos queridos pero esas personas de allá tratan al extranjero espectacular”, cuenta.

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Angélica siempre tuvo ganas de ir a India y escogió este país pese a las advertencias de la mayoría de europeos que no viajara sola. Sin embargo, jamás sintió miedo en Asia y eso la animó, ya que ella no era una inocente finlandesa que podría temer por su integridad. Dijo ‘soy colombiana y me defiendo con mi malicia indígena’. Y partió.

Conoció lo que más pudo de este inmenso país donde sus contrastes de gente, olores, sabores y variedades de paisajes y climas, en un ambiente espiritual y hippie, enamora a los turistas, en especial europeos e israelitas. Luego de un mes se marchó a Nepal donde caminó 15 días por los Himalayas para conquistar el campamento base del circuito Annapurna a 4130 mt sobre el nivel del mar.

Europa y fin del periplo

Todavía con un buen colchón de recursos, tomó rumbo a Europa, para gastarse en los siguientes dos meses, unos $8 millones, una cantidad para ella exagerada, teniendo en cuenta que en 9 meses por Asia sólo gastó unos $25 millones, aproximadamente solo unos $2,7 millones al mes.

Quería conocer España, ir a las ciudades principales como Madrid, Barcelona y Sevilla. Contactando a sus amigos europeos que conoció en Asia, India y Nepal, ahorró mucho dinero en acomodación y fue a las ciudades principales de Portugal, Francia, Bélgica, Holanda e Italia, y viajó como más le gusta, guiada por sus amigos locales y sin ningún afán.

Hubiera preferido ir a Europa por menos tiempo o en planes más ecológicos y menos históricos arquitectónicos, pues descubrió que su turismo favorito es el de naturaleza, más que ir a museos y visitar monumentos. “Lo otro es que mi viaje a Europa fue en primavera, y tuve que comprar vestuario para clima frío pues todo lo que poseía al llegar cabía en una mochila mediana, en su mayoría ropa de clima tropical”, explicó. Italia

Y luego, ya con poco dinero comenzó a pensar en devolverse, sentía la falta de su familia y de su casa y sus cosas; cosa que nunca pasó por su mente. Alcanzó a pensar también hasta en quedarse en Europa a trabajar para seguir viajando pero no quería ser una ilegal: “Uno sabe que aunque gane buen dinero, o inclusive lo mismo que en Colombia, uno tiene que hacer trabajo no calificado, mucho más duro, por lo menos al principio trabajar en aseo, servir café, hacer camas, y yo ya hice eso una vez cuando fui de work experience a Estados Unidos y tenía 21 años. Yo sí trabajaría de nuevo en el exterior, pero me gustaría que fuera en lo mío, que son las finanzas”, dijo.

Hace un par de meses volvió a Bucaramanga, de donde es originaria y ahora está esperando que le salga un trabajo que disfrute, con un buen ambiente laboral, y le gustaría permanecer cerca a la ciudad donde están sus padres.

Replanteó el hecho de viajar por tanto tiempo pues incluso antes de viajar a Europa ya estaba deseando devolverse. Ahora piensa en establecerse, generar ingresos y ahorrar para volver a viajar, de nuevo con calma, con tiempo suficiente para realmente conocer la cultura, la gente, y no solo ir a tomar la foto, pero no cree que este viaje sea por un tiempo tan largo como los tres años que se tomó para estar fuera del país.

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