Claves para impulsar la innovación

por Pablo Álamo Hernández

“Innovar o morir”, leí hace poco en un evento universitario. Al principio pensé que podía ser una exageración. Y, sin embargo, cada vez estoy más convencido de que es así: innovar o morir.

Pablo Álamo, columnista. Pablo Álamo, columnista.
No sólo porque la innovación, como se suele decir, es el motor más importante del desarrollo sino sobre todo porque toda vida humana, mientras que es vida, lleva inherente la capacidad de innovar.

No hay nada más innovador –y único, irrepetible, inimitable- que una nueva vida humana. Dejamos de innovar cuando algo profundamente humano dejamos que muera o que viva dormido: el espíritu que alienta la creatividad, el cambio, la transformación.

Generalmente se plantea la innovación como la mejor estrategia para conseguir mejores resultados, en sentido amplio, que mejoren la vida de una comunidad, de un país, de una sociedad. En el ámbito empresarial, la innovación es sinónimo de competitividad y supervivencia.

Ambos planteamientos son ciertos. Sin embargo, prefiero ver la innovación como la mejor respuesta a la vida, al desafío de vivir. Digo la mejor respuesta, porque de hecho hay muchas posibles respuestas; la más común, mirar al pasado o mirar fuera de nosotros, que en el fondo responden a la misma pregunta: ¿Qué han hecho otros? Esta tentación es inevitable en países en desarrollo. Y no sólo.

La innovación requiere de una confianza absoluta en el ser humano, y concretamente en sus ideas, en el poder de una idea, porque, como dijo Víctor Hugo, “lo que conduce y arrastra al mundo no son las máquinas sino las ideas”.

Innovar es la mejor respuesta al desafío de vivir, decía. Como nos recuerda el proverbio holandés: “Cuando soplan los vientos de una tempestad, unos corren a refugiarse y otros construyen molinos”. La innovación es ante todo una respuesta: a una necesidad, a un objetivo, a un don y a un soplo del espíritu. No hay vida sin espíritu, y sin éste no puede darse la creatividad y, en consecuencia, la innovación.

La innovación en sentido máximo se concentra en un recién nacido, y ella, al igual que él, requiere de cuidados y atenciones. ¿Cómo hacer crecer y dar impulso a la innovación? De varias formas:

• Escuchando el pálpito de la sociedad, las necesidades de las comunidades, del mercado y del territorio
• Con financiación: la buena formación y la buena innovación suele requerir de fuertes sumas de dinero
• Cambiando la mentalidad, removiendo prejuicios y superando miedos (zonas de confort) y la resistencia al cambio
• Con una correcta conceptualización de la tecnología
• Fomentando redes e iniciativas público-privadas
• Generando valor real al mercado
• Incorporando metodologías de promoción y gestión de la innovación en la cultura, en la educación y en las organizaciones
• Cambiando las formas tradicionales de trabajar y de entender el fracaso
• Y, por supuesto, creyendo y confiando en las personas

Por tanto, para impulsar la innovación es indispensable un cambio de mentalidad, una evolución de la actual cultura: si queremos generar transformación, no podemos seguir pensando y actuando de la misma manera. Y este tipo de cambio es lógico que dé miedo.

Cambiar las ideas y las creencias no es como cambiar de carro o el tinte de las uñas. Todo cambio que afecta al espíritu, que supone una transformación profunda, requiere de una dosis muy grande de esperanza. Veo la innovación como una forma de recuperar la esperanza por un mundo visiblemente en decadencia si observamos el estado de descomposición en el que se encuentra el planeta.

Por eso, no estamos solamente ante un hecho circunstancial, ante una moda, porque hay mucho en juego. Coincido con Schumpeter: “En la naturaleza de las innovaciones está implícito el vértigo de emprender grandes cambios para poder dar grandes saltos. El mejor camino para que una nación se proyecte mejor en el futuro es que definitivamente asuma que sólo innovando podrá alcanzar a los países más prósperos”.

Una prosperidad que tiene un claro límite: el bien común y la conservación del planeta.

Pablo Álamo Hernández
Prime Business School
Universidad Sergio Arboleda
Twitter: @pabloalamo

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