Coaching: la transformación es posible

por Pablo Álamo

Si quieres mejorar, cambia tus creencias disfuncionales. El ambiente organizacional mejora cuando el líder es humilde.

Pablo Álamo, bloguero de FinanzasPersonales.com.co Pablo Álamo, bloguero de FinanzasPersonales.com.co
En varias sesiones que he tenido en sesiones in-company, he hecho referencia al “Discurso del Rey”, la película dirigida por Tom Hooper, triunfadora en la noche de los Oscars de 2011, pues recibió cuatro premios, en categorías importantes, de los doce a los que estaba nominada. Esta película británica narra la historia del duque de York, futuro rey de Inglaterra, en un momento crucial de la historia del siglo XX, justo antes de la segunda Guerra Mundial.

La historia se centra en el defecto en el habla que tenía el Duque. Como es lógico, la voz del rey, como la toda figura política, es un recurso fundamental para poder comunicar, convencer y en consecuencia liderar. Un rey que tartamudea, como muestra la película, puede ser interpretado como un signo evidente de debilidad.

Esta película la recomiendo mucho porque es un ejemplo estupendo de coaching, concretamente de que el cambio es posible y de que las barreras que verdaderamente nos impiden alcanzar el éxito están en la mayoría de los casos dentro de uno mismo. Fijémonos por un momento en el personaje principal del film, Jorge VI, protagonizado magistralmente por Colin Firth. Este señor tiene tres marcos limitantes muy fuertes, que son los siguientes:

1. Soy el líder y no puedo dar a entender que necesito ayuda.

2. No sé realmente en quién puedo confiar y por eso no quiero abrir mi corazón y corriendo así el riesgo de volverme vulnerable.

3. Mi vida profesional nada tiene que ver con mi vida personal.

Lo que le pasa al Rey, ¿no es algo muy común? ¿No es algo muy frecuente encontrarnos con gerentes, tanto de nivel medio como altos, que piensan igual o de manera similar?

Al igual que Jorge VI, podemos acudir a un coach para iniciar un proceso de cambio y transformación, que no será posible si no rompemos esos marcos limitantes que nos impiden alcanzar nuestros objetivos. Lionel Logue, el “terapeuta” al que acude el Rey para corregir su defecto en el habla, realiza un auténtico proceso de coaching: pregunta, escucha, pregunta de nuevo, escucha atentamente, reta, abre horizontes de acción, ayuda a concretar el propósito y a establecer compromisos y, por último, hace seguimiento de los mismos, todo en un contexto de confianza y amistad. La intervención del coach no se detiene en la búsqueda de una mejora concreta –la tartamudez- sino que abarca toda la persona y su transformación.

Generalmente los marcos limitantes se fundamentan en creencias disfuncionales, que hay que descubrir y cambiar. Si tienes una creencia que no te ayuda a alcanzar tus objetivos –el más importante de todos, la felicidad-, cámbiala. Y es esto precisamente lo que hace Lionel Logue con el rey Jorge VI. Rompe poco a poco esos marcos limitantes.

Puedo dar fe, de mi experiencia como coach y consultor, que el liderazgo crece de manera exponencial, y en consecuencia los resultados a mediano y largo plazo, cuando cambiamos nuestras creencias disfuncionales por creencias sanas y más realistas. De la película “El discurso del Rey”, podemos sacar algunas enseñanzas:

1. Pedir ayuda cuando la necesitamos no hace perder liderazgo sino que ayuda a otros a que hagan lo mismo. Envía una señal muy clara: nadie en el mundo puede hacer siempre las cosas bien y sin apoyo, y por lo tanto pedir ayuda es algo bueno y necesario. La humildad suele reforzar la relación, antes que debilitarla, y suele traer como consecuencia algunos valores como la lealtad, el respeto y la confianza. He comprobado que el ambiente laboral es mucho mejor en aquellas organizaciones donde los líderes son humildes.

2. Confiar nos permite crecer. No podemos aumentar nuestro liderazgo sin confiar en otras personas. Esta apertura tiene un riesgo evidente, que Jorge VI no quería asumir: ser vulnerable. Es una reacción humana muy común, no sólo el contexto laboral, sino también afectivo, especialmente entre las personas que han tenido una decepción amorosa muy dolorosa. Sin embargo, el precio de no volverte vulnerable es muy costoso para el liderazgo de una organización.

Lo he visto en empresas familiares y en multinacionales, donde personas y equipos de trabajo aparentemente muy exitosos, de la noche a la mañana se estancan en su crecimiento sin saber por qué y ven cómo pierden competitividad, capacidad de reacción, de innovación. Si no confías, te cerrarás en tu palacio de cristal y dejarás de crecer al ritmo de otros. Es inevitable, antes o después, cuando lo que te mueve es la desconfianza y el miedo a que otras personas analicen lo que has construido y lo puedan cuestionar.

3. Somos personas integrales, que no es lo mismo que íntegras. Somos una unidad, un todo, y no es sano dividirnos en varias identidades, la profesional, la familiar, la afectiva, etc. Cuando actuamos así, nos hacemos daño y, en definitiva, nos engañamos. La suma de experiencias positivas en identidades distintas nos hace al final más vulnerables.

La vida personal tiene mucho que ver con la vida profesional. Trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar. Y se vive una sola vez: yo, tú, él…seres únicos, diferentes, irrepetibles, cuya dignidad merece siempre una oportunidad. Sin embargo, la oportunidad servirá de muy poco si no contamos con los paradigmas correctos.

El cambio es posible siempre y cuando rompamos los marcos limitantes que nos llevaron al momento de crisis en el que nos encontramos.

Pablo Álamo
PH. D. c. Economía y Empresa Universidad de Comillas
Empresa y humanismo
Universidad Sergio Arboleda
Twitter: @pabloalamo

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