¿Qué está pasando con lo economía colombiana y cómo le afecta a su bolsillo?

por Felipe Jánica

En momentos donde la inflación parece imparable debe tener cuidado con los créditos que va a sacar en largo plazo. Tasas de interés subiendo y expectativas de calificación de riesgos negativas ¿cómo nos afecta?

¿Qué está pasando con lo economía colombiana y cómo le afecta a su bolsillo? ¿Qué está pasando con lo economía colombiana y cómo le afecta a su bolsillo?

De la inflación se dice que es el impuesto más costoso que pagamos los ciudadanos, pues cuanto más se incrementan los precios de los productos básicos, más gastamos. Al no haber incremento nuestros ingresos, los precios altos llevan al traste cualquier alternativa de ahorro y por el contrario nos conduce a endeudarnos, por lo cual, es necesario que planeemos mejor nuestro presupuesto y así no solo contribuimos a nuestras finanzas sino que le damos una mano al Estado en su intento de frenar la inflación, la que necesariamente seguirá en cuidados intensivos.

El análisis del contexto macro

Durante los últimos meses hemos observado cómo el Banco de la República, es decir el banco central colombiano, ha tomado decisiones de cara a frenar la inflación. Estas decisiones han resultado en un incremento progresivo de las tasas de interés de intermediación. Con ello, el Banco ha tratado de hacerle el “quite” a una creciente inflación en Colombia, que se ha exacerbado con variables exógenas, que poco se pueden controlar y con otras variables endógenas que aunque podrían controlarse poco se ha logrado.

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El Banco de la República es un órgano del Estado de naturaleza única, con autonomía administrativa, patrimonial y técnica. Entre otras funciones, controla la política monetaria. Según la Constitución de 1991, el principal objetivo de la política monetaria es preservar la capacidad adquisitiva de la moneda, en coordinación con la política económica general, entendida como aquella que propende estabilizar el producto y el empleo en niveles sostenibles a largo plazo. La política monetaria en Colombia se rige por un esquema de inflación objetivo, cuyo propósito es mantener una tasa de inflación baja y estable y alcanzar un crecimiento del producto  acorde con la capacidad potencial de la economía.

Las variables exógenas, esas que poco pueden controlarse, hacen referencia a eventos externos que afectan, positiva o negativamente a la economía nacional. Entre estas podemos destacar:

  1. La devaluación del peso frente al dólar o el euro.
  2. El precio internacional de los ‘commodities’ (bienes primarios o materias primas. Es decir, recursos naturales renovables y no renovables producidos por un país y transados local o internacionalmente).
  3. Fenómenos climatológicos que generen escasez de bienes primarios o secundarios (Aquellos que transforman las materias primas en productos para consumo, es decir la industria).

Con relación a las variables endógenas, son aquellas que podrían controlarse en un escenario de normal funcionamiento, por ejemplo los paros o huelgas hechas por asociaciones o sindicatos de la empresa privada o gubernamental. Recientemente, tuvimos que vivir en carne propia el paro camionero, que de alguna manera contribuyó a un desabastecimiento de productos de la canasta familiar, entre otros.

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El porqué de la subida de las tasas de interés

Tal y como lo explicamos, el Banco de la República tiene autonomía administrativa y técnica de cara a las decisiones de política monetaria. En tal sentido, el Banco ha venido tomando decisiones en esa materia. Una de ellas ha sido el de incrementar la tasa de interés de intermediación. La semana pasada por ejemplo, el banco decidió subir en 25 puntos básicos (0,25%) las tasas de interés. En la actualidad la tasa de interés se sitúa en 7,75%.

De acuerdo con las cifras dadas a conocer por el Banco de la República, la inflación en Colombia sigue en cuidados intensivos. Al parecer, las medidas tomadas por el Banco – las que ya empiezan a generar controversia – no las ha asimilado aún la ciudadanía y; además, se han visto opacadas por los efectos colaterales del fenómeno del niño, el paro camionero y la expectativa de un fenómeno de la niña.

Esta decisión se fundamenta en varios aspectos. El principal de todos es que pareciera que las decisiones anteriores de la junta no fueron suficientes para ponerle freno a la creciente inflación, que en junio de 2016 se situó en 8,6%. Sin duda, estamos a merced no solo de las decisiones del banco central en materia de incremento de tasas de interés sino también de las decisiones que tomemos todos los ciudadanos en materia de consumo, en pro de ayudar a frenar la escalada de la inflación.

Hay que reconocer que uno de los principales propiciadores de la inflación alta es la caída del precio internacional del petróleo. La correlación nefasta de este precio con la devaluación del país es inexorable. La devaluación le está pasando la factura a la producción nacional, y esta, a su vez, se traslada a los precios de los productos de consumo, producto de la balanza comercial negativa.

Sobre lo anterior poco o nada se puede hacer, ni siquiera con medidas de política monetaria, pues los precios internacionales dan respuesta a variables exógenas. Pero como no sólo es el petróleo el causante de la creciente inflación, debemos sumarle también el fenómeno del niño, el cual ha conllevado no sólo a escasez del preciado líquido y también nos está llevando al borde de un apagón y uno de los peores aspectos es que genera inflación. Si le sumamos a esto el paro camionero, encontramos un caldo de cultivo que definitivamente aviva el fuego en materia de inflación.

La calificación de riesgo y sus efectos

La semana pasada amanecimos con la noticia, nada halagüeña, del cambio de perspectiva a negativa de la economía colombiana por parte de Fitch Ratings. A esto se le sumó el cambio de perspectiva, también a negativa, para la banca colombiana por parte de Moody´s, otra calificadora de riesgo, la cual ya en mayo había dicho lo mismo de la economía colombiana.

Con ocasión del cambio de perspectiva a negativa tanto de la economía como de la banca colombiana, aunque manteniendo el grado de inversión, queda al descubierto el mal endémico que viene padeciendo el país: la dependencia de los bienes primarios, a los que ahora se le suma la inflación y un desempleo en revisión cercana.

En febrero pasado observamos cómo S&P (Stándar & Poors) también bajó la perspectiva a negativa de la economía de Colombia. Lo cierto de todo esto es que se evidencia que la economía colombiana está atravesando por momentos que generan oportunidades para recomponer el camino si se planea de manera diferente.

En el caso de la banca, la agencia calificadora Moody´s argumenta que si bien la banca ha hecho las reservas de cartera necesarias para reflejar la realidad económica de sus clientes, el capital de la banca aún es débil, principalmente por la dependencia de los instrumentos de capital de baja calidad. Al respecto, lo importante de mencionar es que la “bajada” de expectativa, genera inquietudes a los inversionistas extranjeros. Es por eso que el Gobierno debería estar pensando en políticas de Estado tendientes a fortalecer la economía y con ello que la banca se fortalezca de cara a las calificaciones de riesgo.

Con la situación económica actual, con tantas expectativas por el posconflicto y la ausencia de repunte del precio del petróleo, lo que exacerba la inflación por la devaluación del peso frente al dólar – amen de paros camioneros y fenómenos naturales (niño y niña) –  el país lo que más necesita en estos momentos es generar confianza a los inversionistas extranjeros.

La consecuencia en el sector privado tanto de la subida de las tasas de interés como la de la disminución de las calificaciones de riesgo será el aumento de la incertidumbre en el consumo de corto plazo en materia de créditos comerciales. Para los ciudadanos de a pie, la recomendación es ser prudentes con el consumo y evitar la financiación de corto plazo, así evitarán no solamente el costo alto de su deuda sino que contribuirán con el control inflacionario. En el entretanto, el Estado debe iniciar cuanto antes una planeación estratégica en donde cambie la dependencia de los recursos primarios.

Felipe Jánica

Socio de EY Colombia

@JnicaV

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