Las diferencias entre el ahorro y el crédito

por Omar Alonso Patiño Castro

Podemos aprender de la relación que los niños tienen con el dinero, algunas cosas para incentivar el ahorro en los adultos.

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No hay mejor ejemplo de un buen ejercicio de ahorro que el de un niño que está en edad escolar. Los niños son capaces de sacrificar parte o la totalidad de su mesada con el fin de poder comprar lo que quieren, determinan un plazo para obtenerlo y establecen el monto que de manera periódica deben acumular para cumplir con su objetivo; en muchas ocasiones llevan a cabo procesos de negociación con sus padres, con quienes, dependiendo del objetivo, pactan un porcentaje de aporte y buscando recursos adicionales que normalmente están en el acopio de la merienda en la alacena de la casa.

Consciente o inconscientemente somos facilitadores de esta costumbre en los niños, bien sea cuando quieren algo y les pedimos que también hagan un sacrificio o cuando los motivamos a la costumbre del ahorro acudiendo al tradicional marrano, mayor símbolo del ahorro en nuestra sociedad.

En estos dos hechos se materializan dos formas distintas de ahorro: la primera cuando es completamente programado y exige la disposición de un monto específico de dinero durante un periodo determinado de tiempo, en el cual se puede calcular exactamente cuánto será el total disponible al final y la segunda que es una forma de ahorro ocasional que se sustenta en la determinación de guardar algo del dinero “sencillo o suelto” que nos queda al final de un día, (monedas o billetes de baja denominación), en la cual no existe control del monto guardado y de manera frecuente no llega a cumplir con las expectativas que se llegaron a tener.

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Cuando se llega a la edad adulta, los patrones de ahorro van desapareciendo, tal vez el que se mantiene con mayor frecuencia es el del “marrano”, acompañado de aquellos que son de obligatorio cumplimiento para quienes tienen un contrato laboral: la cesantía y la pensión.

Con el transcurrir del tiempo el ahorro entre en franca contradicción con la obtención del crédito y la posibilidad inmediata para la adquisición de bienes o servicios. Mientras que el ahorro representa el sacrificio presente para un beneficio futuro, el crédito representa el beneficio inmediato teniendo como consecuencia el sacrificio futuro. En esta situación adquiere completa validez el cuestionamiento acerca de la intención del ahorro y o la conveniencia del crédito.

En muchos de los casos, una debida articulación de ahorro y crédito pueden ser una solución intermedia muy satisfactoria para quien tiene un objetivo financiero.

En este sentido, otrora, la adquisición de cualquier bien significaba una exigencia mínima de un porcentaje del valor mismo, a manera de cuota inicial (dicho monto oscilaba entre el 20% y el 30%), y la adquisición de un crédito por el valor restante. En la actualidad, los sistemas de crédito facilitan tanto el consumo y con ello alimentan la ilusión de adquirir cosas, que han llegado a ofrecer al mercado, por ejemplo, la compra de un vehículo hasta con el 100% de financiación y con condiciones que ponen en tentación hasta al más conservador de los consumidores. Situación similar se vive con algunos planes de vivienda que están ofreciendo hasta el 90% de financiación.

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En el caso de los automóviles la situación es dramática, una vez salido del concesionario, el carro ha perdido valor, al año mucho más y el valor comercial del vehículo muy rápidamente ha llegado a ser inferior a l valor de la deuda contraída.

Todas estas estrategias comerciales han atentado contra la cultura del ahorro. Es mucho más fácil endeudarse y comprometer los ingresos futuros que sacrificarse y comprometer los ingresos presentes.

Puede llegarse a pensar que es redundante hablar de los beneficios del ahorro, sin embargo, los comportamientos de consumo que tenemos, nos indican lo contrario y nos invitan a analizar esos comportamientos que tienen los niños, los cuales resumo a continuación:

  • Establezca ese “algo” que usted quiere comprar.
  • Fije un plazo realista en el cual lo quiere tener.
  • Determine el valor periódico (quincenal o mensual) que debe destinar al ahorro para poder cumplir con ese sueño.
  • En caso de no ser suficiente con el ahorro, busque nuevas formas de generar ingresos (Los niños además de ahorrar, en muchas ocasiones venden artículos o comida a sus compañeros en el colegio).
  • Sea consciente del alcance de su objetivo. La programación debe tener en consideración el impacto que sobre su vida va a tener la decisión que tome. No es lo mismo ahorrar para la cuota inicial de un apartamento o un vehículo que para la compra del computador o la bicicleta, en el primero de los casos puede ser necesario acudir al crédito como estrategia de adquisición, en el segundo es muy posible que no sea necesaria la financiación.
  • Sea claro consigo mismo, ¿hasta qué punto está en disposición de generar la disciplina necesaria? No se mienta, si se compromete, cúmplalo.

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*Administrador de Empresas con Doctorado en Ciencias Empresariales.

Consultor en temas financieros y organizacionales, con amplia experiencia en el sector bancario y en el sector servicios .

Se ha desempeñado como Decano de la Facultad de Adminsitración, Finanzas y Ciencias Económicas de la Universidad EAN en donde actualmente es Profesor Titular.





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