¿En qué debo invertir mis ahorros…?

por Rigoberto Puentes

Su perfil como inversionista está determinado por su nivel de tolerancia al riesgo y su horizonte de inversión.

¿En qué debo invertir mis ahorros…? ¿En qué debo invertir mis ahorros…?

Hasta ahora, todos los artículos que he compartido con mis lectores a través de esta columna se han referido a la administración eficiente de los ingresos, con el objetivo de estimularlos a implementar cambios de comportamiento que les ayuden a mejorar su vida económica.

Quienes hayan tomado nota del mensaje y hayan adquirido o reforzado la cultura de planificar sus finanzas y de manejar sus ingresos a través de un presupuesto que les permita gastar menos de lo que ganan, dejando un remanente para el ahorro, habrán superado la parte más importante y más difícil de las finanzas personales… habrán dado un paso gigantesco en la ruta hacia el “óptimo económico”… hacia convertirse en “auto-privilegiados”… ¿Lo recuerdan de un artículo anterior?... No se trata de acumular dinero como objetivo, sino como un medio para lograr calidad de vida y, por ende, felicidad.

 Como lo mencionaba anteriormente, ésa es la parte más difícil y más aburridora de la educación sobre finanzas personales… Si ya lo han logrado, lo que sigue es “coser y cantar”. Ahora vamos a enfocarnos en el tema de qué hacer con los ahorros. El objetivo es el de mostrarles diferentes alternativas de inversión, tanto a nivel local como en el exterior, que puedan llevarlos a lograr el máximo rendimiento, bajo un nivel de riesgo que puedan manejar.

Empecemos pues:

La pregunta que titula este artículo es la que con mayor frecuencia recibimos los asesores de inversión:

-¿En qué debo invertir mis ahorros? Y, desafortunadamente, el único consejo honesto que podemos dar es frustrante para quien espera una respuesta más concreta:

-¡Depende!

-¿De qué depende?

– se nos pregunta, con toda lógica.

 -De la situación particular de cada quien. De su perfil como inversionista.

No existe una inversión estándar para todo el mundo. Cada persona deberá ensamblar su portafolio de acuerdo con sus propias características. Para ello es imperativo aprender y asimilar una regla fundamental, y tenerla presente siempre que se piense en hacer cualquier tipo de transacción financiera: “Riesgo y rendimiento son directamente proporcionales: las inversiones que prometen altos beneficios son siempre las de mayor riesgo”.

Por lo tanto, el primer factor que debe tomarse en cuenta es el riesgo. Si éste es manejable, entonces se analiza el rendimiento; si el riego parece ser demasiado alto, entonces no vale la pena ni mirar el retorno potencial.

Pero el riesgo no es igual para todas las personas; éste es individual y está basado en dos factores fundamentales que determinan su perfil como inversionista. ¿Cuáles son esos factores?

1. Su horizonte de inversión: Es decir su edad. Mientras que un joven de 20 años puede asumir riesgos altos en la búsqueda de colocaciones con rendimientos ídem, debido a que tiene suficiente tiempo para recuperarse si las cosas no salen bien, un joven de sesenta o setenta ya no cuenta con esa ventaja. Lo recomendable, por lo tanto, para cualquier persona que inicie un fondo temprano en la vida, es adaptarse a su horizonte e ir haciendo una transición de un portafolio agresivo (“alto-riesgo/alto-rendimiento”) hacia otros cada vez más moderados (riesgo y rendimiento promedios) para llegar a la última etapa de su vida con un portafolio conservador (“bajo-riesgo/bajo-rendimiento”) que le asegure la preservación de su capital. Este concepto ha quedado muy bien expresado en la reciente reforma de los fondos de pensiones y cesantías, para el manejo de los portafolios de los afiliados.

 ¿Significa lo anterior que un joven de 20 ó 30 años siempre debe elegir portafolios de “alto- riesgo/alto-rendimiento” mientras que uno de 60 ó 70 debe hacer lo contrario? ¡No necesariamente! La edad no reemplaza a la educación financiera. Sin el conocimiento financiero adecuado las inversiones de “alto-riesgo/alto-rendimiento” no son recomendables para nadie… ¡a ninguna edad! Por el contrario, un joven sesentón o setentón bien educado financieramente puede darse el lujo de acceder y beneficiarse de las mismas.

2. El nivel de tolerancia al riesgo: Es el segundo factor que debe tomarse en cuenta a la hora de buscar una colocación para los ahorros. Éste se mide por el grado de estrés que es capaz de soportar una persona cuando las inversiones no van en la dirección esperada. Probablemente todos hemos leído sobre la ola de suicidios que se suscita cuando se producen grandes crisis financieras… ¡Hasta ese punto puede llegar el estrés, la angustia, la agonía que genera un revés financiero, cuando no se está preparado para soportarlos! Sin embargo, en la mayoría de los casos, los reveses financieros no son sino crisis temporales, en las cuales, mientras los no educados financieramente sufren, los que sí lo están hacen su agosto, aprovechando las caídas de los mercados para maximizar sus ganancias… ¡Así de importante es la educación financiera! Ésta es la que nos provee de los conocimientos suficientes para diferenciar las crisis verdaderas de las temporales y la estabilidad emocional para actuar con serenidad y sacar el mejor provecho de las dos.

Ninguna persona que no cuente con educación financiera adecuada debería incursionar en inversiones de renta variable (acciones, fondos mutuales, carteras colectivas, opciones, etc.), por cuanto la carencia de ésta maximiza el riesgo y usualmente terminará perdiendo dinero. Pretendo, a través de esta columna, motivar a mis lectores a que aprendan a invertir y a obtener altos rendimientos. Los artículos de las próximas semanas servirán de abreboca para incentivarlos a adentrarse en esta materia. Pero para ello no bastará con leer los artículos… deberán profundizar sobre los temas tratados en cada uno de ellos.

 pma@pmacolombia.com / http://www.pmacolombia.com.

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