¿Es bueno o malo ser indispensable en el trabajo?

¿Cree que si falta un día o por un momento a su trabajo, sus jefes, colaboradores y clientes empiezan a enloquecerse? ¿Recibe llamadas de trabajo en horarios no laborales, fines de semana y hasta en vacaciones? Siga leyendo.

Sandra Miranda Forero. Sandra Miranda Forero.
¿Tiene problemas para pedir días libres en el trabajo, porque sus superiores sienten que nunca será el momento ideal para que se ausente? Si cumple con alguna o todas las condiciones anteriores en su empleo, es porque usted es “indispensable” en él. Es decir, no hay nadie (o difícilmente lo hay), que pueda reemplazarlo o que tenga los conocimientos de su labor. Esto es bueno pero a veces no tanto.

Es bueno dominar lo que se hace. Esto sin duda brinda una ventaja para quien posee un conocimiento que los demás no. A veces es incluso un motivo para obtener un aumento salarial y mejores condiciones laborales. Pero no siempre ocurre así. Algunas organizaciones y empresas optan por capacitar a sus empleados para estar en la disposición de llevar a cabo cualquier tipo de trabajo que se requiera.

De hecho en algunas de las mejores empresas incluidas en la categoría y reconocimiento anual de “Great place to work”, hacen que tanto los directivos como los empleados de la rama administrativa, roten en su labor, aprendiendo desde la atención en las cajas, el contestar llamadas, empacar productos en las cajas, hasta el manejo gerencial propio de sus cargos.

Antes de posesionarse en un cargo directivo, la persona contratada debe aprender las labores de sus sub alternos. En otras empresas, hay días en donde esporádicamente, los jefes cambian sus funciones con otros trabajadores para ser más conscientes de la importancia que tiene para estas, la labor de todos. Este tipo de distribución del trabajo se denomina integración horizontal.

Sin embargo, en otras instituciones o empresas (en la mayoría de ellas), se emplea la especialización del trabajo, es decir, que se realiza integración vertical. Cada trabajador, desde el dueño, gerente o el encargado de las ventas, recepcionista, etc., debe enfocarse únicamente en su trabajo. Esta estrategia es válida y permite sin duda alguna, que cada trabajador se especialice a tal punto, que adquiera una mayor curva de aprendizaje en el mediano y largo plazo.

No es raro por tanto, ver este esquema laboral en restaurantes de comidas rápidas en donde se requiere que los empleados sean tan rápidos como sea posible y es claro que esto no sería posible, si la persona que elabora una hamburguesa, fuera la misma que atiende en la caja a los clientes y la misma que limpia las mesas.

Pero este sistema de especialización del trabajo para ciertas empresas y cargos ocasiona a su vez, que en el momento en que una persona que tiene el conocimiento de cómo llevar a cabo ciertas tareas o procedimientos (que pueden ser o no complejos), falte a su empleo o no esté disponible por alguna razón, para responder a las necesidades de los clientes y de los demás miembros del equipo, un proceso que no debería ser tan difícil de realizar, colapse por completo.

Por este tipo de situaciones los jefes sienten estrés, los clientes se quejan y el empleado indispensable sienta que no tiene derecho a tomarse unos días de descanso, a tener vacaciones como los demás o incluso en algunos casos extremos, a tomarse un café. Pensemos entonces qué ocurriría si esta persona es despedida y el tiempo que tardaría un nuevo trabajador en capacitarse para llegar a estar al nivel de quien se fue.

Por lo anterior, está bien ser necesario dentro de una empresa. El cargo que ocupa una persona debe tener un por qué. Pero nunca debe confundirse el que alguien sea valioso con el hecho de que sea totalmente indispensable. Es sano que todos los miembros de un equipo sepan cómo hacer las cosas, como llevar a cabo los procesos. Una empresa que maneja un óptimo esquema de distribución del trabajo debe garantizar que el servicio no se alterará si en algún momento no está presente el “trabajador indispensable”.

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