Fondos de Inversión Colectivos, un vehículo con diversas opciones

Los Fondos de Inversión Colectivos, antes carteras colectivas, se han consolidado como una alternativa de inversión para los colombianos, a tal punto que hoy administran recursos por más de $20 billones.

Diego Jiménez, presidente de Credicorp Capital Colombia. Diego Jiménez, presidente de Credicorp Capital Colombia.
En Colombia los FICs más conocidos son los que invierten principalmente en Acciones y Renta Fija, pero también hay otros que lo hacen en otro tipo de activos como inmobiliarios, descuentos de facturas y contratos, y fondos de capital privado, entre otros.

Esta alternativa de inversión resulta atractiva porque delega la gestión de los activos en un administrador profesional, quien se encarga del manejo de los flujos de caja, cobro de dividendos, intereses, reinversión de los mismos y, lo más importante, la selección de los activos con mejores perspectivas de valorización y/o rentabilidad. 

La inversión en FICs ofrece otros beneficios, además del administrador especializado, por tratarse de un vehículo de inversión colectiva, permiten el acceso a una gama más amplia de inversiones, las cuales seguramente sería menos viable hacerlas de manera individual por razones de eficiencia. También se obtienen economías de escala que permiten la reducción de costos, lo que se traduce en mejoras en la rentabilidad de las inversiones y, finalmente, se logra diversificación de los portafolios, un elemento muy importante para los capitales de bajos montos que no logran individualmente este propósito por la inversión y las barreras naturales de los mercados de capitales.

No obstante, a la hora de escoger este tipo de inversión es necesario considerar varios elementos: 1) Definir cuál es el riesgo que se está dispuesto a asumir, cuál es el plazo de la inversión y qué tipo de activo cumple con estas expectativas: activos de renta variable, de renta fija, activos alternativos, etc. 2) Sobre el fondo, revisar cómo ha sido su desempeño histórico de rentabilidad y especialmente la consistencia de los resultados del mismo, es decir, qué grado de asertividad ha tenido el administrador entre el objetivo propuesto y el resultado obtenido (por lo general, los fondos administrados de forma profesional tienen un índice de referencia; el objetivo para dar una oferta de valor es superar ese indicador) y 3) elegir el momento adecuado para el ingreso. 

Es común encontrar con alguna frecuencia que a los inversionistas se les presente una confusión respecto al riesgo que asumen al invertir en un FIC. Si bien a través de un fondo se busca minimizar los riesgos, esto no significa que estén totalmente eliminados, quedando la inversión ligada a aquellos riesgos propios de los activos. Por ejemplo, en los FICs de Renta Variable el riesgo podrá ser menor al de tener la inversión concentrada en una sola acción, debido a la diversificación que éstos ofrecen. Sin embargo, por el hecho de que los fondos valoran las inversiones diariamente a precios de cierre de mercado, se tiende a pensar que esto los hace más riesgosos. Lo cierto es que la normatividad vigente exige que todas las inversiones sean valoradas de esta forma, lo que puede dar la sensación de mucha ganancia cuando los mercados están positivos y de pérdida cuando descienden. No obstante, solo al momento de liquidar la inversión, se conocerá su rendimiento real. 

Hoy en día, una de las principales alternativas de inversión en el mercado local son los FICs que invierten en acciones de empresas listadas en la bolsa, quienes han realizado emisiones para expandir sus planes de negocios en la región y otras para ingresar por primera vez al mercado de capitales, pero en la mayoría de los casos ofreciendo oportunidades de inversión, crecimiento de largo plazo y aumento de valor. 

Después de emitidas las acciones el valor de éstas puede estar por encima del precio de colocación inicial, pero puede ocurrir que otras no logren llegar al nivel de aumento en materia de precio, a pesar que las empresas cumplan con su propuesta de valor. Los emisores más tradicionales han logrado generar la confianza suficiente con lo cual sus valores cotizan por encima de los precios de emisión, otros no han corrido con la misma suerte, no necesariamente por el desempeño de sus negocios sino por razones relacionadas con factores subjetivos como una diferencia de apreciación del mercado entre el precio y el valor de la empresa. Allí, sin lugar a dudas, con un estudio juicioso se pueden encontrar oportunidades interesantes de inversión.

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