¿Inversionista o Coleccionista?

¿Son racionales las personas al momento de invertir? Al parecer, no siempre. Estudios han demostrado, como portfolio managers suelen “enamorarse” de inversiones en las que tienen más convicción.

Axel Christensen, Director de Estrategia de Inversiones para América Latina e Iberia, BlackRock. Axel Christensen, Director de Estrategia de Inversiones para América Latina e Iberia, BlackRock.
En su reciente debut en la bolsa de Nueva York, las acciones de Twitter subieron más de 70%. Nada mal para una empresa que todavía no genera utilidades desde su fundación en el 2006 y que con ventas de algo sobre 300 millones el 2012, llega a tener una capitalización de casi USD 25 mil millones. Incluso con ventas proyectadas de USD 1.1 mil millones para el 2014, su valorización alcanza un impresionantes múltiplo de 22 veces.

Un aumento significativo del precio de Twitter no es una sorpresa, si se tiene en cuenta que el aumento de capital de quizás la más popular red social del momento había sido sobre suscrito 30 veces. Sin embargo, sí resulta sorpresivo volver a ver patrones que no veíamos desde fines de la década de los 1990s, durante la “burbuja” de Internet.

¿Son racionales las personas al momento de invertir? Al parecer, no o al menos, no siempre. En esa ocasión, pareciera que para algunos inversionistas las acciones de Twitter son más bien objetos de colección que una manera de generar rentabilidad. Personas que valoran más poder decirle a sus amigos que es uno de los selectos accionistas en la empresa del pajarito azul que en hacer una buen inversión.

Es que la emoción suele tener un rol mucho más relevante en las decisiones de inversión de lo que solemos reconocer. Junto con el efecto “coleccionista” es posible reconocer otros tipos de comportamientos que lo demuestran. Quizás uno de los más frecuentes: mantener inversiones que han visto su precio caer, con la esperanza de que vuelvan a subir “porque ya han caído demasiado” sin detenerse a pensar que las condiciones de mercado pueden haber cambiado.

Pero no solo las personas pueden ser presas de sus emociones al momento de invertir. Incluso avezados profesionales pueden ver sus decisiones nubladas por sus emociones. En este caso, se trata de sentimientos distintos, que se generan a partir de la incertidumbre sobre el futuro. Estudios académicos han demostrado, por ejemplo, como portfolio managers suelen “enamorarse” de aquellas inversiones en las que tienen más convicción. Y si la inversión no entrega los resultados esperados, al igual que un desencanto amoroso, puede llevar a una reacción de ansiedad similar que puede perturbar tomar decisiones de manera racional.

Si bien es imposible separar las emociones al momento de invertir, sí es posible tomar conciencia de ellas. Las decisiones de inversión efectivas suelen ser bastante aburridas. Ideas como construir una cartera diversificada o de fijarse en mantener bajos costos –la única variable que un inversionista puede de verdad controlar– no son precisamente fuentes de entusiasmo ni probablemente motivos de discusiones apasionadas. Sin embargo, si se reconoce que es imposible dejar fuera de la emoción del proceso de inversión, una alternativa es dejar una pequeña porción de la cartera precisamente para eso. Mientras se divierte “coleccionado” activos en un 10% de su patrimonio, deja que el 90% restante vaya aburridamente haciendo su trabajo de generar un buen retorno, tomando un nivel desapasionado de riesgos.

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