4 lecciones de liderazgo que aprendí de Singapur

por Ana Sarmiento

Viajar y vivir en varios países es una experiencia enriquecedora para aprender de las diferentes culturas, como nos explicará a continuación nuestra nueva columnista.

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Presentamos a nuestra nueva columnista Ana Sarmiento, quien es una experta en asesorar a los jóvenes millennials en todo lo relacionado a las competencias que deben tener para tener mayores posibilidades de éxito en la vida profesional. Ana ha recorrido países como Alemania, Canadá, China, Singapur, entre otros, donde ha recogido sus experiencias y aprendizajes de otras culturas para aplicarlas en las personas y en las empresas. Recientemente estuvo en Colombia dando charlas en empresas como Compensar y cuenta con experiencia en multinacionales como BMW, BMP Paribas, Mini, Designit, Wella e instituciones como Universidad Externado de Colombia, y Centro de Estudios Superiores de Administración (CESA). Acá les dejamos su primer escrito para Finanzas Personales, esperamos que lo disfruten:

Un poco más de medio siglo de su nueva vida y ya Singapur se convirtió en un referente de clase mundial. Yo viví en esa ciudad-estado y  siempre me causó curiosidad saber cómo habían logrado hacer tanto en tan poco tiempo. Viví exactamente 3 años y medio y comprobé que lo que los hace diferentes, es lo mismo que diferencia a las grandes empresas del resto. 

Mi conclusión es que lo que vemos hoy, es el fruto del aprecio por la diversidad, una alineación que perdura, el conocimiento de sus fortalezas y la capacidad de ver el impacto de las acciones de hoy en un futuro muy lejano.

1) Aprecio por la diversidad

Singapur oficialmente es una mezcla de tres culturas: Chinos, Malayos e Hindúes. Pero éramos más. Yo pertenecía a una minoría occidental y nunca sentí que no contara. Así como se celebraba el año nuevo chino, se festejaba el Gregoriano o el Depavali Hindú. Ramadán, Navidad, o el cumpleaños de Buda eran días festivos y ninguna de las culturas que convivíamos estaba fuera del calendario. Pero además de que yo como individuo contaba, nunca quisieron que dejara de ser lo que era para que me convirtiera en uno de ellos.  Nadie esperaba que yo cambiara ni mi comida, ni mi atuendo, ni mi idioma para encajar en una gran cultura.  Se apreciaba mi individualidad y al contrario de restar, enriquecía. Abría sus ojos a otras perspectivas, aportaba ángulos diferentes e ideas que antes no existían en su caja. 

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2) Alineación que perdura

En Singapur todos iban para el mismo lado.  Todos querían un país limpio, libre de violencia y de drogas. 50 años atrás sufrían del mal que sufren muchos puertos. Además de los vicios que aquejan a esta industria, las Triadas tenían el poder.  Había mucha pobreza y una gran brecha económica. Hoy en día son ejemplo de seguridad, convivencia y respeto.  Le dieron la vuelta a la tortilla y pasaron de tener lo peor de las 3 culturas a exhibir lo mejor de cada una de ellas. Se alinearon bajo un gran líder llamado Lee Kuan Yew que les vendió su visión de un país libre y poderoso.  Él los instó a librarse del protectorado inglés y unirse a Malasia en busca de la libertad.

Cuando fracasó la convivencia con los Malayos no tuvo reparos en hacerle frente a su mala decisión y tomar medidas drásticas para empezar a caminar solos. Se dedicó en cuerpo y alma a sacar a Singapur adelante.  Pero él no trabajó solo ni su trabajo paró cuando dejó el poder o con su muerte.  Todos los ciudadanos trabajaron a la par, en el día a día y dentro de su círculo de influencia para que esa visión fuera un hecho y así fue.  Aún hoy, todos recuerdan, honran y construyen sobre el trabajo de quienes los han llevado a ser un país de clase mundial. Ni borran ni desconocen el esfuerzo de las generaciones anteriores.

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3) Conocen sus fortalezas y las aprovechan

Singapur es como una novia bonita consciente de su atractivos.  Sabe cómo venderse porque sabe lo que tiene. Su mayor distintivo es ser eficiente y dar curso a todo tipo de trámites en cuestión de minutos. Conoce de sobra lo sexys que resultan su infraestructura, la seguridad, los parques y las tasas impositivas, pero no se conforma, sigue trabajando su propuesta de valor: Crear un entorno único, armónico, tolerante y eficiente, que muchos tildan de Walt Disney porque es tan perfecto que no parece real.  

4) Construyen hoy, para el mañana

Basta una visita a la City Gallery para darse cuenta de que en ese mundo Disney nada se deja al azar. Los Singapurenses se imaginan el futuro y lo crean.  Sueñan con grandes puertos, construcciones futuristas y en ser pioneros de lo que no se ha inventado aún. Tienen claro cómo quieren verse, establecen planes de acción que los lleven allá y los ejecutan. No importa que les tomen 20 años ó 30.  No importa que vivan para verlos o no.  ¡Construyen hoy para el mañana!

Extrapolando al mundo corporativo, si las empresas contaran con líderes que lograran alinear a sus colaboradores en torno a sus mismos valores, les mostraran que las pequeñas acciones del día cuentan, le dieran la bienvenida a diversas perspectivas, se adueñaran de lo que saben hacer bien y reconocieran el trabajo anterior, les esperaría un futuro tan prometedor como el de Singapur.

El resto de los ingredientes son simples, pero no fáciles de lograr: respetar el tiempo de maduración del proceso y construir para los que están por venir, así no estén ahí para recibir la palmada en la espalda.  

@AnaSarmientoCom

www.anasarmiento.com

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