Los pasos para descubrir su valor agregado y sentirse a gusto en su trabajo

por Ana Sarmiento*

Muchas veces pasan por mi consulta personas que se sienten tremendamente decepcionadas de su vida laboral. El mundo que se imaginaron no existe y se ha vuelto pesadilla levantarse a trabajar.  

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Veo con tristeza cómo muchas de ellas van como robots a cumplir con su oficio y otras cuantas se aparecen a trabajar con la única intención de usar la empresa de cajero automático para ahorrar para el viaje de sus sueños.

Viajar está sobrevalorado. Se cree que es la solución a todo tipo de insatisfacciones pero al final termina siendo un paño de agua tibia. Al llegar a feliz término todos ellos han tenido que volver al mundo real y enfrentar lo que no encararon antes de partir: descubrir dónde estaba la incomodidad.

Lo único que hicieron fue posponer. Dejar para más tarde, para dentro de 6 meses o un año. Se convencieron a sí mismos de que un sabático acabaría con todos sus males y lo único con lo que terminó fue con su dinero.

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Cuando despertaron estaban en el mismo punto de partida pero con el agravante de que habían comprobado que su viaje no les había quitado la sensación de estar en el lugar equivocado sino por un rato. Partieron con la ilusión de descubrirse a sí mismos en el camino, pero estaban tan ocupados coleccionando experiencias que se despistaron.

¿Por qué terminaron ahí?

Dieron por hecho que bastaba con querer ser feliz en el trabajo para serlo. Se les fue la vida sin reflexionar ni cuestionarse cuáles eran las cosas que les interesaban o los hacían vibrar.

Se limitaron a pasar hojas de vida a cualquier empresa sin siquiera asegurarse de que estuviera alineada con sus valores, con lo que era importante para ellos. Se mintieron a sí mismos y a los reclutadores diciendo que iban a estar muy contentos de tener esa oportunidad laboral.

Con el pasar del tiempo comenzaron a desencantarse de la “novia” y la culparon por no darles lo que estaban esperando. Por no entenderlos ni ofrecerles lo que necesitaban para ser felices. Nunca se detuvieron a preguntarse qué esperaban de ella, ni de su vida en pareja.

Muchos la abandonaron por otra, una sirena encantadora que los atrajo con su canto para emprender. Al no encajar en el sistema se fueron tras las mieles de a independencia obviando que para ser freelances o empresarios necesitaban más que estar hartos de no pertenecer.

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Con dolor aprendieron que habían emprendido por las razones equivocadas y se habían lanzado al agua sin verificar que tuvieran el equipo para navegar. Aguantaron penurias económicas, pagaron su inexperiencia en negocios y se les desgarró el corazón. Tumbo tras tumbo se fueron marchitando y angustiando de no saber dónde estaba lo que fuera que estuvieran buscando.

Esto le puede pasar a cualquiera

Muchas veces terminamos en situaciones incómodas por no detenernos a reflexionar. No pensamos ni para qué somos buenos, ni cuáles son nuestros intereses, ni siquiera revisamos que  las empresas a las que estamos aplicando tengan nuestros valores.

Cualquiera que no se detenga a pensar lo que lo hace feliz o lo que espera de una relación laboral puede terminar en ese mismo hoyo negro. Hay que hacer pausas. Ya sé que no está de moda, que la movida es coleccionar experiencias pero en vez de buscar información afuera, podríamos intentar buscarla adentro.

El mayor sueño hoy en día es tener un trabajo que permita construir un mundo mejor, aportar a algo más grande. El primer paso es muy simple: tener un grano de arena para aportar. No basta con querer salvar el planeta, tengo que tener también conocimiento de la manera en que yo, como ser humano, puedo contribuir a la meta.

Dentro de mí están mis talentos, mis dones, mis fortalezas y todo lo que me hace diferente a los demás y a la vez los complementa. No voy a trascender, ni a salvar a nadie si me quedo con ellos dentro. Eso es compartir.  Eso es la mayor experiencia colaborativa.

¿Cuál es mi valor agregado?

Hay miles de administradores de empresas, ingenieros, comunicadores o arquitectos. La cuestión es qué me hace diferente a cualquiera de ellos. Tengo una educación diferente, crecí en una cultura distinta y tengo inclinaciones diversas.

  • ¿Cuál es mi chispa?
  • ¿Qué parte de mi experiencia de vida me ha dado herramientas que ellos no tengan?
  • ¿Qué hago bien y a quién le interesaría pagar por ello?
  • ¿Cómo agrego valor a lo que toco?
  • ¿Dónde está mi propuesta de valor?

Ya basta de dejar que la vida tome las decisiones por mí. Antes de tomar cualquier decisión ocupacional tengo que reflexionar y revisarme por dentro. Descubrir mi ADN laboral y lo que tengo para agregar al mundo.

Cuando tenga respuesta a esas preguntas voy a comenzar a ponerme en el lugar correcto y por fin podré marcar una diferencia en mi entorno. Tendré claro mi panorama hacia adelante porque estará muy bien dibujado.

*Estrategias laborales para Millennials

https://anasarmiento.com/mision-piensamillennial/

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