La corrupción, uno de los grandes retos del acuerdo de paz

por Pablo Álamo

Dentro de los grandes desafíos que se enfrenta la aprobación del acuerdo de paz con las Farc, se encuentran inmersos tres valores intangibles que pueden lograr o evitar la paz. Conozca cuáles son según Pablo Álamo.

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La paz necesita de buenas prácticas de gobierno corporativo, tanto a nivel público como privado. La experiencia de muchas empresas quebradas –o exitosas pero gracias a comportamientos no éticos-, que generan situaciones muy dolorosas o flagrantemente injustas para la población más vulnerable de la sociedad, deben llevar a un objetivo país ineludible: garantizar que el mundo empresarial e institucional tengan buenas prácticas de gobierno corporativo. 

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De las cosas más rescatables del discurso de Humberto de la Calle, en el que anunciaba la firma de un Acuerdo Final del Gobierno con las FARC, que supuestamente pondrá fin al tortuoso y longevo conflicto armado colombiano, son las relativas al drama de la corrupción. Refiriéndose a la paz como un marco ideal, como una oportunidad, para profundizar en la lucha contra la corrupción, De la Calle afirmó que éste es un cáncer que nos devora: 

Arruina la legitimidad de las instituciones. Golpea duramente las finanzas públicas. Es un estigma que compromete por igual al sector público y al privado. Es verdad que los circuitos de la corrupción comienzan en la política, en particular en la política local. Es allí, en el seno de las formas vigentes de gobernanza donde se gesta la corrupción. 

 

Más allá de cuestionable legitimidad de estas palabras, por venir de una persona que representa a un gobierno que no ha hecho lo suficiente ni lo necesario por luchar contra la corrupción, es indudable que no pueden ser más acertadas en este punto. 

La corrupción es un verdadero cáncer y cuestiona la credibilidad de cualquier gobierno, aunque haya podido hacer las cosas bien en otros aspectos. 

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Por eso el gran desafío de la paz no es el perdón, como se dice, sino el valor de la credibilidad. Una gran mayoría de los colombianos quieren la paz y estarían dispuestos por hacer un buen y último sacrificio, pero hay una fuerte resistencia en aceptar unos acuerdos, no sólo por el contenido de los mismos sino sobre todo por la credibilidad de sus autores. ¿Qué credibilidad pueden tener unas personas que, de un lado, no se arrepienten de haber cometido delitos de lesa humanidad, y de otro, unos agentes que demuestran una doble moral al aplicar otros criterios éticos y legales para juzgar a sus rivales políticos? 

El respeto, la confianza y la credibilidad son los valores intangibles que pueden lograr o evitar la paz. Ganarse el respeto y construir relaciones de credibilidad y confianza son elementos críticos para el éxito de la paz. Los verdaderos líderes no imponen estos valores a su gente sino que se hacen dignos de ellos por sus acciones con todos los colombianos, no sólo con una parte. 

Colombia necesita de una creatividad sin precedentes para que la originalidad del bien venza al hábito del mal, especialmente el de la corrupción. Las buenas prácticas de gobierno corporativo recomendadas por el Banco Mundial, sin duda, pueden ser un poderoso aliado en este proceso, debido a que tienden a evitar comportamientos no éticos que a la larga son la base de muchos conflictos. 

 

Pablo Álamo Hernández

Prime Business School

Universidad Sergio Arboleda

Twitter: @pabloalamo

 

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