El salario emocional, lo que el dinero no paga cuando se es emprendedor

por Fabio Andrés Montoya*

En la actualidad se ha venido incorporando a la vida laboral una nueva generación de seres humanos que difiere de los conceptos tradicionales de organización (tanto familiares como laborales) y se busca que las empresas logren un equilibrio de adaptación

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“La principal motivación para levantarme hoy es Samuel, mi hijo. En dos ocasiones tuve enfermedades que me llevaron al punto de la muerte por estrés laboral. A los 21 años tuve una pancreatitis de vías biliares y a los 30 años sufrí problemas cardiacos que me generaron pérdida de conocimiento, arritmias y dos preinfartos”.

Estas fueron las razones por las que Carolina Valencia Micaía tomó la determinación de darle un rumbo diferente a su vida laboral y la llevaron por el camino del emprendimiento, algo que le ha traído la felicidad y tranquilidad que necesitaba para olvidarse de sus problemas de salud y disfrutar así de una familia que tenía olvidada.

Esta ingeniera agroindustrial de la Universidad Pontificia Bolivariana comenzó su vida laboral a muy temprana edad en el sector floricultor, en el que trabajó durante catorce años. Asegura que en las diferentes empresas por las que pasó como profesional siempre tuvo sobrecarga laboral: el estrés de cumplir horarios, metas, desplazamientos y demás responsabilidades fueron deteriorando poco a poco su vida a nivel emocional y familiar.

“Yo prácticamente había perdido a mi hijo, que por ese entonces tenía un año y medio. En temporada previa al día de la madre, pasé 20 días sin verlo, además de los días regulares en los que llegaba tan tarde a la casa que solo podía darle el beso de buenas noches”, indicó Carolina.

En un mercado que cada vez se hace más competitivo en la prestación de servicios y en la venta de bienes, llegando a lo que en los años 90 se definió como capitalismo salvaje, pocas veces se presta atención al ser humano, a sus sentimientos, a su estabilidad emocional y se ve más como una máquina que debe producir en pro de una organización que debe continuar a flote y al mismo ritmo que imponen las demás. Empero, esta noción comienza a desvirtuarse al implementarse en las organizaciones el término “salario emocional”, un equilibrio o un pacto tácito que deben llevar las empresas con sus empleados en busca del bienestar mutuo.

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“El salario emocional es el objeto social que se convierte en un motor muy importante de atracción de talento y le da un sentido motivacional a los empleados para hacer su trabajo”, así define este concepto Hernán Ríos, quien dirige el área de talento humano de Interactuar. Para Ríos, los empleados no pueden seguir siendo homogeneizados y, por el contrario, deben ser vistos como individuos con un estilo de vida particular, ergo, la organización debe interesarse en sus motivaciones, acompañamiento en sus hobbies, preferencias, actividades personales, apoyo en conocer otras culturas, idiomas, etc.

De manera que, si bien existe una compensación económica, hay una compensación más importante que es la motivacional y una serie de beneficios que no tienen nada que ver con el tema dinero. Las personas se sienten retadas, se sienten que hacen algo importante y relevante, que están escalando en un ejercicio de necesidades humanas en términos de búsqueda de la autotrascendencia y esto se ve expresado en los retos que son capaces de materializar en la organización y sentir la satisfacción de ver que ambos crecen por esos esfuerzos.  

Aún así, en cuanto no se puede llegar a este pacto, siempre estará la posibilidad de tomar la decisión de ser feliz por sus propios medios y emprender un rumbo independiente tal como lo hizo Carolina. Esta opción también hace parte de tener un salario emocional. Luego de haber tomado la decisión de renunciar a su trabajo en una organización, Carolina creó su propia empresa de chocolates: “Encontré unos libros de chocolatería en mi casa y luego salí a comprar un kilo de chocolate y empecé a hacerlos por pasatiempo, por afición, con mi hijo y así recuperé mi salud y recuperé a mi familia”.

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Carolina amó tanto su nuevo pasatiempo que al cabo de unos meses pasó de ser una aficionada a una experta en chocolates realizando cursos de chocolatería por internet y aprendiendo de los mejores. Así fue como empezó a venderlos entre sus amigas, vecinas y familiares. Con las ganancias que empezó a percibir y la ayuda de sus familiares le dio forma a su nueva marca: Micaía Repostería.

“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”, esta frase, atribuida al pensador chino Confucio, es una de las banderas que decidió enarbolar Carolina el resto de su vida y con la que hoy ha podido sortear los problemas de salud que le generaron sus antiguos trabajos.

En la actualidad se ha venido incorporando a la vida laboral una nueva generación de seres humanos que difiere de los conceptos tradicionales de organización (tanto familiares como laborales) y se busca que las empresas logren un equilibrio de adaptación: ya no es el trabajador el que se debe adaptar a la empresa, sino que ambos deben buscar un punto medio.

“Las organizaciones deben fomentar el ejercicio de marca personal de sus colaboradores. En ese sentido, el trabajador puede gozar de un reconocimiento por su experticia y la empresa por su nivel de acompañamiento, algo que beneficia a ambos mundos: a la persona y a la organización”, complementa Ríos.

Esto también puede configurarse como una lógica de salario emocional: el hecho de permitir que las personas no se disuelvan dentro de un título grande del nombre de una compañía, sino que sigan siendo personas y sobre eso emerja el ejercicio de marca personal, sobresalir como artífice del éxito de una empresa.

*Director Corporación Interactuar

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