Termina un año, un brindis por la felicidad

por Pablo Álamo Hernández, Prime Business School.

Todo final de algo es un momento especial: un puesto de trabajo, una amistad, un amor...la vida. También cuando termina el año sentimos que estamos ante un hecho especial, y esto sólo le sucede al hombre.

Pablo Álamo Hernández, Prime Business School. Pablo Álamo Hernández, Prime Business School.
Una piedra, una montaña, una hormiga, un mono o la mascota más inteligente, incluso aquella que es tratada como un miembro más de la familia, no experimenta nada especial por el hecho de que finalice el año. Y este hecho tan característico de la raza humana debería hacernos pensar y sacar conclusiones.

Cuando repasamos lo que fue el año -lo mejor y lo peor-, nos vienen todo tipo de sentimientos, generalmente relacionados con la alegría o la tristeza. Es un momento de balance, en el que revisamos los aspectos positivos y negativos y extraemos una valoración general. Es normal también sentir nostalgia, por las cosas buenas del pasado que se fueron, que perdimos, y que no van a regresar. El tiempo se nos pasa volando y sentimos la necesidad de resetear nuestra vida, que se concreta a menudo en la voluntad de realizar cambios en esas áreas donde no nos sentimos plenamente satisfechos, o incluso en la toma de decisiones radicales que implican un cambio de rumbo.

Todo final de año es un tiempo de deseos y buenos propósitos: queremos, en efecto, que el nuevo sea la ocasión de realizar nuestros sueños y metas todavía pendientes: realizar un viaje, visitar a un amigo, conseguir un nuevo trabajo, tener un hijo, etc. La semana pasada escuchaba a una persona decir: “El próximo año me caso”. -¿Con quién?, pregunté. “Todavía no lo sé, pero en el 2014 me caso”, añadió. Proyectamos en el futuro acciones que responden a deseos presentes. Pasado, presente y futuro son realidades humanas que forman parte de nuestra identidad e indican que la raza humana es un ser histórico, con conciencia de ser protagonista de una historia. Mi experiencia es que muchos procesos de coaching personal no son otra cosa que ayudar a las personas a que sean protagonistas de su propia historia. Nada nos hará más felices, incluso en medio de fuertes problemas y dificultades.

La gente necesita mensajes positivos y estrategias realistas, y una nueva perspectiva cuando la vida se le viene abajo. Para mí el mensaje más realista es aquel que recuerda la imperfección humana y la injusticia del mundo, y la capacidad humana por perfeccionarse y ser feliz en ese contexto. En el 2014, la gente, nuestros familiares, amigos, colegas de trabajo, alcaldes, políticos, no van a dejar de ser imperfectos, y esta imperfección nos golpeará antes o después, a veces de manera contundente. Ante este mensaje realista, la mejor estrategia es siempre la felicidad personal. Ante aquello que nos disgusta con motivo, no hay mejor remedio, mejor antídoto, que la decisión de ser felices, construyendo un relato personal, en medio de unas circunstancias normalmente desfavorables para la mayoría, pero donde no faltan acciones sorprendentes y misteriosas -y aparentemente fuera de guión- que juegan a nuestro favor. ¿Por qué será que las personas más felices que he conocido no eran aquellas que tenían más comodidades y facilidades?

La noche del 31 de diciembre mi brindis será este: “Brindo para que pensemos menos y sintamos más; para que hablemos menos y escuchemos más; para que juzguemos menos y aceptemos más; para que miremos menos y hagamos más; para que nos quejemos menos y apreciemos más; para que condenemos menos y perdonemos más; para que temamos menos y amemos más”.

Que los perfeccionistas y rígidos me perdonen, pero la vida siempre merece una sonrisa. Incluso cuando no es perfecta. Ser feliz al final es una decisión mucho más sencilla de lo que parece.

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