¿Todos tenemos un precio? Todos podemos ser Greenspan

por Pablo Álamo

Viendo “Inside Job” recordé las palabras de Fouché: “Todo hombre tiene su precio: lo que hace falta es saber cuál es”.

¿Todos tenemos un precio? Todos podemos ser Greenspan ¿Todos tenemos un precio? Todos podemos ser Greenspan

Preparando un taller de ética económica, he vuelto a ver “Inside Job”, un documental que ofrece una particular interpretación de la crisis financiera de 2008, origen de la recesión económica que vive gran parte del mundo occidental en la actualidad y que afecta al crecimiento de la economía colombiana.

El documental defiende la tesis de que la ingeniería financiera arruinó a muchos inversores a través de operaciones realizadas por personas sin escrúpulos. Ofrecieron beneficios imposibles y la codicia humana pudo más: ¿es posible generar fabulosos beneficios sin originar proporcionales pérdidas?

Viendo “Inside Job” recordé las palabras de Fouché: “Todo hombre tiene su precio: lo que hace falta es saber cuál es”. El hombre fácilmente se corrompe y llega a justificar lo injustificable, hasta lo más obsceno. Y, sin embargo, la necesidad del hombre por encontrar una justificación a sus acciones es eterna: “Lo que hago no está mal”, “Lo que he hecho no ha sido tan grave”, “Lo que he hecho tiene remedio”, “No soy el único responsable”, “No es culpa mías”, “Si me hubiera advertido”, “Si hubiera sabido que…”, etc.

Es interesante observar la descripción que hacen de los ejecutivos financieros, de sus costumbres en los ratos libres. Ganaban altas sumas de dinero y luego iban a celebrarlo con prostitutas, restaurantes de lujo y drogas. ¿Por qué tener un reloj de 100 dólares si puedes comprarte uno de 10.000? No es indiferente lo que uno hace en los ratos libres para divertirse.

Un analista de riesgos amigo mío, que trabaja en una multinacional de tarjetas de crédito, me decía: “Tenemos estudios, y sabemos claramente, que las personas que frecuentan prostitutas y drogas tienen globalmente un mayor índice de morosidad. El riesgo de que algún día no paguen es muy mayor”.

Ante la inmoralidad de ciertos comportamientos que plantea Charles Fergurson, director del documental, la imagen de los profesionales financieros queda seriamente dañada. No es cierto que la corrupción se reducía a comportamientos individuales.

Aunque quizá sea cierto de que se trata de comportamientos minoritarios, desde el punto de vista estadístico, la opinión pública tiene sus razones para no hacer distinciones racionales, porque es evidente que todo aquello fue posible gracias a que muchos callaron y miraron para otra parte, olvidando que una manzana podrida en un canasto, aunque solo sea una, tiene el poder de dañar y podrir al resto.

A pesar de que en algunos episodios Charles Fergurson no da espacio a los matices y cae en falacias, estoy de acuerdo con la tesis principal del documental. Al pretender desentrañar las causas de la crisis económica, la realidad financiera estadunidense ha evidenciado que el motor de todos los males está “dentro del hombre”.

En efecto, lo que impulsó a ejecutivos y políticos a tener comportamientos contrarios a principios éticos fundamentales, fue la codicia y la ambición deshonesta. La intensidad y la espiral de maldad de esos comportamientos se multiplicaron y cogió velocidad de crucero cuando ellos llegaron a creerse intocables y cuando la desregularización, liderada por Alan Greenspan, que estaba al frente del Banco Central de los Estados Unidos cuando se formó la burbuja inmobiliaria.

A veces olvidamos lo más evidente, como que las crisis son evitables. La crisis financiera de los EE.UU también lo era. Millones de personas se han visto perjudicadas gravemente por la crisis financiera de los Estados Unidos, que fue resultado de errores en las regulaciones y de una mala gestión empresarial, concretamente una terrible gestión del riesgo.

La ética, esa ciencia y ese arte que nos ilumina sobre la acción prudente y responsable, no puede estar al margen de la actividad económica. Sin ética, todo tiene un precio, y sin principios y valores todas las personas tienen un precio. Todos los escándalos son fruto de violación de algún principio ético fundamental. Que se lo pregunten si no a Interbolsa.

Pablo Álamo
PH. D. c. Economía y Empresa Universidad de Comillas
Empresa y humanismo
Universidad Sergio Arboleda
Twitter: @pabloalamo

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