El costo de ser fanático de Star Wars

A propósito del estreno de la película, Finanzas Personales quiso saber cómo es la vida de un coleccionista de esta saga, cuánto ha gastado y cómo ha hecho para manejar el dinero con esta pasión.

Foto: Wilmer Orjuela/ Archivo particular Foto: Wilmer Orjuela/ Archivo particular

‘Star Wars: el despertar de la fuerza’, es la nueva entrega cinematográfica que muchos han esperado. Se trata de una pasión que no tiene edad, condiciones sociales ni raza, porque Star Wars ofrece el ingreso a un mundo totalmente inimaginable con sus propias reglas y características que ha cautivado a muchas generaciones.

Esto ha hecho que muchas personas queden inmersos en este universo y busquen la forma de acercarse a él y hacerlo parte de su propia vida, como sucede con el caso de los coleccionistas de esta saga. Un ejemplo de esto es Wilmer Orjuela quien, un colombiano quien, a sus 34 años, se enorgullece de ser un fiel seguidor fanático de Star Wars e, incluso, miembro fundador de “Star Wars Colombia – La Vieja República” y uno de los primeros legionarios en Colombia de la Legión Rebelde Internacional.

Wilmer le contó a Finanzas Personales que, desde los 7 años que vio el episodio 5 de la saga, “El imperio contraataca” se convirtió en un fanático y, desde los 10 años empezó a pedir regalos entorno a esta saga. “Ya un poco más grande, hacia el año 1998 es cuando ya empiezo a comprar por mi propia cuenta mis propios artículos de Star Wars”, relata.

“Decidí coleccionar, porque, con el tiempo, iba conociendo el universo de Star Wars: las historias, los libros, los cómics que salían y, con ello, conocía más a los personajes, las naves y las criaturas”.

Entre risas y poniendo a trabajar la memoria, Wilmer dice que el primer objeto de su colección fue una figura de Darth Vader, marca Kenner, que era la única que tenía los derechos. En esa época, hacia el año 96 o quizá 97, ésta tenía un costo de $2.000, época en la que un salario mínimo diario era de $4.750 aproximadamente. “Eso fue a punta de onces de colegio, lo que era una fortuna en esa época”, recuerda mientras se ríe.

Foto: Wilmer Orjuela

Inicialmente buscaba las figuras en almacenes de cadena pero con el paso del tiempo, se dio cuenta que en Colombia había un mercado muy limitado. Así que hacia el año 2005 decidió empezar a buscar en otros mercados, a través de internet y con viajes a Estados Unidos, para conseguir artículos de alto valor coleccionable.

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La colección

“Esto es como cualquier afición, como aquellos que les gusta el Car Audio, que hacen grandes inversiones, por ejemplo. Se pasa la barrera de comprar cosas de $15.000 y considerar cosas coleccionables, pero es ahí donde se separa el comprador normal al coleccionista”, relata Wilmer.

“El coleccionista sabe apreciar el artículo que está comprando. Son objetos que un papá no le va a comprar un niño, porque no son juguetes, son artículos de los que se aprecia el detalle y la calidad de la figura, es eso”.

Los sables de luz son su pasión. Al haber adquirido el primero, se enamoró de ellos y empezó a coleccionarlos, porque “no son de juguete” sino de un material particular, hechos a escala original de la película, con los mismos sonidos y características. Al momento cuenta en su colección con 8 sables de luz.

Foto: Wilmer Orjuela

En cuanto al presupuesto…

Quizás hasta este punto usted creerá que Wilmer es un aficionado con mucho dinero pero, contrario a esto, él nos cuenta los esfuerzos económicos y cómo organizaba sus finanzas con el fin de lo “quedarse en bancarrota por su afición”.

“Una vez estaba mirando en eBay y salió una oferta de cinco sables de luz y era una subasta de valor de US$500 que ofrecía un precio muy económico por cada uno. Pero superar esa cantidad era algo que pensé dos veces, así que decidí solamente ofrecer US$501 y ¡oh sorpresa! Gané. Entonces eran sentimientos encontrados: ¡tengo cinco sables de luz! Pero por otro, ¡Carajo, tengo que pagar US$500 de un solo tacazo!” relata.

Y de ahí, comparte esta lección: “Algo que compensa el dolor del bolsillo es apreciar lo que tiene. Porque hay muchos que compran por momento, por moda, por instante y al año o dos años venden lo que compraron. Un buen coleccionista, lo que va teniendo, lo va apreciando sin importar el valor”.

Wilmer cuenta que lo más costoso que ha comprado fue su primer sable de luz de Darth Vader, marca máster replicas, que lo compró en el 2007 y le costó $550.000 (cuando el salario mínimo era de $433.700) así como la elaboración de su traje de caballero jedi, en el que gastó cerca de $1’300.000 en hacerlo.

Además, es una persona muy organizada en sus finanzas porque mientras hay meses en los que no compra nada; hay otros en los que encuentra una gran variedad de cosas nuevas, por lo que podría llegar a destinar entre $200 mil o $250 mil mensuales de su presupuesto, para su afición.

- ¿Se ha endeudado?

- “Un coleccionista no es un comprador compulsivo”, afirma Wilmer Orjuela fervientemente. Explica que si ve alguna figura u objeto que pueda comprar y tiene el dinero para hacerlo, lo hace; pero si no tiene dinero “tu como coleccionista sabes que lo podrás conseguir más adelante, que no hay afán. El que no se tenga la figura en el momento, no significa que dejes de ser fan. Cuando no se puede, se espera y no hay problema”.

Foto: Wilmer Orjuela

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Como negocio

Cuando Wilmer tiene la oportunidad de traer ciertos objetos a amigos o familiares que le han recomendado, puede traerlos simplemente por solidaridad; pero cuando ya se trata de objetos muy específicos y particulares, casi extraños, él los ayuda obteniendo un pequeño porcentaje en recompensa. “Yo no lo veo como negocio, pero aquel que quiera contemplarlo y tenga buena visión, puede dedicarse a eso, porque hay gente que le gusta mucho coleccionar cosas de Star Wars”, dice Wilmer.

Foto: Wilmer Orjuela

Y aunque nunca ha hecho la tarea completa de contar su colección, dice que ya supera los 700 objetos entre figuras, relojes, libros y demás cosas, que pueden llegar a tener un valor por encima de los $35 millones, por cosas que ha comprado y se han valorizado o que ya no se encuentran en el mercado.

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