Los rasgos de un verdadero viajero, amante de las aventuras

por Katherinn Cuervo

No todas las personas son los suficientemente valientes para emprender una aventura con muy poco dinero, pero son ellos quienes se llevan las mejores experiencias.

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Decir yo soy un viajero es muy diferente a decir yo soy un turista, pues las intenciones y las experiencias varían según la persona y su personalidad. Y es que, como indica el sitio web mochileando por el mundo, los tipos de mochileros  son: los que prefieren el viaje en manada, con amigos, con la pareja, la familia, extraños o solos. Unos quieren andar por ciudades o por el campo y otros deciden transportarse a pie,  en camionetas, bicicletas o incluso hasta en yeguas.

Jorge Marcel Morales es un hombre colombiano, nacido en Río de Oro (Cesar), un municipio que queda a 300km de Cúcuta. Su curiosidad y las ganas de salir de la su rutina, fueron motivos suficientes para aventurarse, durante siete años, entre pueblos, montañas y hasta desiertos para conocer culturas. “Yo quería ser campesino, quería trabajar la tierra. Me fui porque tenía curiosidad sobre las funciones naturales”.

Salir de la casa

Antes de irse, debe saber que después de tener un pie afuera, tendrá que dejar las comodidades a un lado, pues usted no se va a conseguir lujos, va a sobrevivir,  a involucrarse en el vivir de los demás para reconocerlos y ser parte de su situación y de sus conductas. Con esto lo que queremos decir, es que no se va quedar en un hotel de cinco estrellas, no va a comer en los mejores restaurantes, no se va a realizar las mejores compras o las mismas actividades que cuando está en casa. Porque si lo hace, lo convierten  en un turista como el resto, más no en un viajero.

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Cuando Jorge decidió irse, liberarse de lo tradicional y de los planes que los demás querían para él, tomó su bicicleta y cogió un morral, no llevaba con él un gran equipaje como muchos pensarían, pues cuando se toma el riesgo de hacer lo que se quiere, tan solo se necesita de un par de cosas, como una cámara analógica, un trípode, un machete, una olla, poca ropa y $60.000 colombianos como determinó nuestro viajero.

Escoger un camino

El turista planea, el viajero no. “¿parezco alguien que planee?”, esta frase del ‘Joker‘, más conocido como el ‘Guasón‘, debería ser la frase inspiradora de un mochilero. Porque él solo hace las cosas, el viajero entonces, tiene una mirada distinta a la de los demás, dado que no solo recorre lugares sino que también los mira, los siente, reconoce en ellos su verdadero valor, su riqueza. Por esto, el camino que siguen es guiado por lo que quiere hacer y encontrar, va en una búsqueda personal. En el caso de Jorge, el sentido de su camino fue la agricultura, por ello, salió de su pueblo natal hasta Ipiales, atravesó Nariño por el puente de Rumichaca y llegó al primer pueblo de Ecuador, en búsqueda de las ruinas prehispánicas.

Alojamiento, comida y dinero

Para aquellas personas que son un poco más estratégicas y prefieren preveer antes de cualquier dificultad, lo mejor será que ahorren para por lo menos conseguir algún hostal o dormitorio que no sean tan costosos, ya que serían varios los que tendrían que pagar. Sin embargo, como ya le contamos el viajero se conoce como aquella persona que se arriesga a probar su propia suerte. Además, si es de los que se quiere ir por días, meses o hasta años, tendrá que rebuscarse como pueda.

“Me regalaba a la afinidad del lugar”, así nos cuenta Jorge que se decidía cuando llegaba el momento de partir de un lugar a otro. Él alcanzó a durar hasta un año en unos lugares y en otros tan solo algunas semanas. Como se fue con muy poco dinero, optó por conseguir trabajo en lo que quería que fuera su futuro, es decir, como campesino en fincas.

Para descansar, encontró atención por parte de los citadinos de las provincias, los sitios donde descansaba se organizaban como se podía, no se tapaba con sábanas sedosas, ni reposaba sobre alguna superficie acolchonada y acalorada como en una casa. Jorge acampó, se quedó en gimnasios deportivos, estaciones de bomberos, en garitas autobuses, terminales, estaciones de servicio, hospitales y en casas ofrecidas por las personas que conocía.

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Prepárese para los inconvenientes

Estar en un país que no es el propio es complicado, porque no se está adaptado a la cultura, las normas y la  gente. De todas maneras usted viajero, sigue siendo un extraño para los demás, por esto debe ser precavido con lo que habla y con lo que hace.  En la experiencia de Jorge, nos cuenta que en una ocasión fue retenido por 24 horas en un desalojo que hizo la policía de Argentina en un centro cultural ubicado en la Pampa. “El hecho de ser colombiano lo tiñe a uno, la policía tiende a requisar un poco más de lo debido y pone muchas trabas en algunas cosas”

Ahora, la sobrevivencia se puede tornar difícil en diferentes ocasiones, pues después de estar acostumbrado a ciertas condiciones climáticas los cambios pueden ser muy drásticos. Por esto, algunos países incluso piden a los visitantes tener vacunas como la de la fiebre amarilla. La recomendación es que maneje primero un acostumbramiento físico que sea progresivo para que poco a poco se pueda ir internando en el  lugar.

Jorge quiso atravesar Potosí, ciudad al sur de Bolivia, para llegar a Chile y conocer ‘El salar de Uyuni’, el desierto de sal más alto del mundo sobre el nivel del mar, “yo pensé que era un trayecto corto y me metí en el desierto con la bicicleta y con muy poca agua. Entonces,  al segundo día me dí cuenta que estaba en la mitad de la nada, que mi única guía eran las huellas que los autos dejaban sobre la sal”. Las condiciones se tornaron muy difíciles para él, allí no había tan siquiera un alma que lo socorriera, por lo que le tocaba dormir en el día y arrancar en la noche. Este tipo de cosas le puede ocurrir a cualquier viajero, por esto es recomendable que averigue acerca de los lugares o los caminos que piensa recorrer.

Lo mejor de viajar

“Conocer personas cotidianas”, cuando usted decide ser mochilero debe adaptarse, por ejemplo, a la cultura del lugar, comer lo que ellos hacen, compartir parte de sus conductas, respetar su territorio y tener cuidado con las expresiones, pues comenta Jorge, que en algunas ocasiones por pecar de ignorante uno puede ofender a los demás. Para que entienda esto, le ponemos un ejemplo simple: ‘coger’ en Colombia, significa tomar una cosa, agarrar, mientras que en Argentina, significa tener sexo.

Por otro lado, la experiencia maravillosa de conocer lugares geográficos con grandes riquezas naturales. Un viajero puede estar en sitios no turísticos y contemplarlos con mayor admiración. Espacios tan hermosos como el Fuerte de Samaipata, un lugar arqueológico ubicado en Bolivia, que pudo visitar Jorge, un patrimonio cultural en el que se puede apreciar una montaña pedregosa que asombra por su extremado tallaje milimétrico y la historia que allí guarda de sus antepasados, los guaraníes.

Hoy, Jorge tiene 41 años, de su experiencia mochilera de siete años llegó a Colombia el 24 de julio de 2014. Ahora, está construyendo un proyecto de reserva natural, en el que busca desarrollar un proyecto de huerta orgánica y de reforestación.

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