El inagotable encanto de los ositos de peluche

El historiador David Cannadine explora el perdurable encanto de los ositos de peluche, los juguetes preferidos de muchos niños y adultos.

Un oso de peluche puede reconquistar a una novia enojada. Un oso de peluche puede reconquistar a una novia enojada.
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BBC
Hace unos días, leí el obituario de un hombre extraordinario llamado Sir Robert Clark, nacido en 1924. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue reclutado por la organización de espionaje creada por Winston Churchill -la Special Operations Executive- y más tarde fue lanzado en paracaídas en territorio enemigo italiano, donde fue capturado y encarcelado como prisionero de guerra.

Tras ser galardonado con la Cruz de los Servicios Distinguidos, Clark se convirtió en una figura importante en Londres. A menudo el gobierno británico lo llamaba para pedirle consejo. Un colega dijo que lo recordaba como "un hombre maravilloso, muy inteligente y humilde a la vez".

Sir Robert Clark murió el pasado mes de enero a sus 88 años y al leer su esquela me llamó la atención saber que cuando tenía 2 años, en 1926, le regalaron su primer oso de peluche, a quien llamó Falla.

Durante la larga y variada carrera de Clark, Falla le acompañó a todas partes, incluso cuando lo lanzaron en paracaídas en territorio enemigo y cuando fue prisionero de guerra. Quizás para agradecer su inquebrantable lealtad, Sir Robert Clark se convirtió en un apasionado coleccionista de osos de peluche y llegó a acumular más de 300.

Pero esta historia de devoción entre un hombre y un peluche durante toda la vida no es única. El poeta inglés John Betjeman adoraba a su peluche de la infancia al que llamó Archibald Ormsby-Gore (Archie), quien más tarde se convirtió en el modelo para Aloysius, el peluche de Lord Sebastian Flyte en la novela "Retorno a Brideshead, memorias sagradas y profanas del capitán Charles Ryder" de Evelyn Waugh.

Aunque hoy en día nos parece que esos animales rellenos siempre han estado allí, la verdad es que sólo han formado una parte integral de la infancia -y también de la edad adulta- de aquellos nacidos en los primeros años del siglo XX. Y eso se lo tenemos que agradecer al presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, a quien le decían "Teddy".

El nacimiento


En 1902, sólo una generación antes de que Robert Clark naciera, Roosevelt hizo un viaje para cazar osos en el estado de Mississippi por invitación del gobernador.

Un día, después de una larga y agotadora persecución, algunos de los amigos de Roosevelt arrinconaron a un oso negro americano, lo ataron a un árbol y le pidieron al presidente que le disparara. Roosevelt, sin embargo, consideró que la petición era antideportiva. El episodio fue inmortalizado más tarde en una caricatura política realizada por Clifford Berryman, que fue publicada en The Washington Post.

Casualmente, la caricatura de Berryman llamó la atención de un inmigrante ruso judío en Estados Unidos llamado Morris Michtom, que durante el día vendía dulces en su tienda en Brooklyn y por la noche hacía muñecos de peluche con su esposa Rose.

Michtom se inspiró y y creó un oso de peluche que puso en la vidriera de su tienda, acompañado por un cartel que decía "Teddy's bear" (como se les conoce a los osos de peluche en inglés), tras haber enviado una versión anterior a Roosevelt, quien de inmediato le dio permiso para utilizar su nombre.

El nuevo juguete se convirtió en un éxito inmediato y las ventas de peluches aumentaron tan rápido que Michtom creó la Ideal Novelty and Toy Company. Casi al mismo tiempo, y aparentemente por pura coincidencia, los osos rellenos también comenzaron a verse en Alemania, en donde fueron fabricados por primera vez por Margarete Steiff, quien había estado trabajando con juguetes desde 1880.

Su sobrino Richard se unió al negocio. Y fue él, Richard Steiff, quien creó su propia versión del peluche y la expuso en la Feria del Juguete de Leipzig en 1903. Su osito también fue un éxito instantáneo y pronto los Steiffs exportaron miles de peluches a Reino Unido, Estados Unidos y otras partes del mundo.

Desde entonces, los osos de peluche han estado presentes en todo el planeta. Hoy en día incluso hay tiendas que venden sólo osos de peluche y también museos y festivales regulares que los celebran en Australia, EE.UU., Reino Unido, Canadá, Alemania y Japón.

Ositos para todos

Desde hace tiempo los peluches se han convertido en un elemento cultural permanente. En 1920, Rupert Bear apareció por primera vez como personaje para niños en las historietas del periódico Daily Express.
Poco después, A.A. Milne publicó Winnie The Pooh, cuyo personaje central es un oso de peluche con el mismo nombre que su hijo.

En 1932, la canción Teddy Bears' Picnic -con música de John Walter Bratton y letras de Jimmy Kennedy- se convirtió en uno de los éxitos de la época.

Unos 20 años después, el títere Sooty creado por Harry Corbett, apareció por primera vez televisión de la BBC y en 1958, el Paddington Bear comenzó su ilustre carrera, celebrada con una estatua de bronce en la estación de ferrocarril de Londres con el mismo nombre.

Hoy en día hay ositos de todo tipo que ofrecen fantasía, diversión y entretenimiento a un público masivo, y también compañía a hombres como sir Robert Clark y Sir John Betjeman.

Confesiones

¿Y si Teddy Roosevelt le hubiera dado un nombre diferente al osito o hubiese declinado la invitación del gobernador de Mississippi? ¿Se habrían vuelto populares en los siguientes 100 años?

Estas son algunas de las preguntas sin respuesta de la historia del peluche. Lo que no se puede negar es el extraordinario encanto de los osos, ya sean de peluche o reales.

Mientras crecía, millones de personas en Reino Unido se extasiaban al ver a Brumas, un oso polar nacido en el Regent Park Zoo de Londres, en 1949. Él fue el primero criado en cautiverio en el país.

Más recientemente, otro oso joven llamado Knut, del jardín zoológico de Berlín, se convirtió en un fenómeno mediático internacional. El mundo celebró su vida y lloró su muerte. Los pandas gigantes usualmente despiertan altos niveles de interés y apego sentimental.

Quizás sea porque los osos representan seguridad y felicidad, son esos amigos de la infancia que nunca cambian ni te defraudan. Por alguna razón, los peluches atraen tanto a los niños y adultos de todas las edades con una intensidad que los elefantes, tigres, monos, avestruces o delfines nunca han conseguido.

Hoy en día es imposible imaginar un mundo sin osos de peluches, por lo que se podría decir que se trata de uno de los inventos más notables del siglo XX, así como también de una de las creaciones más perdurables.

Cuando Sir John Betjeman murió, lo hizo con Archibald Ormsby-Gore en brazos. Falla también estuvo junto a Sir Robert Clark hasta el final. Los peluches están siempre con nosotros.

¿Cuántos de ustedes dormirán junto a su oso esta noche? No me atrevería a preguntarlo.

¿Dormiré yo con mi oso de peluche? No me atrevería a decirlo.



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