Lucha contra la obesidad infantil

La obesidad infantil va en aumento en muchos países a causa de un mayor consumo de dulces y grasas. En la batalla contra el sobrepeso, la industria alimentaria está en la mira.

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Uno de cada tres adultos en EE. UU. y uno de cada diez en Alemania - en promedio, casi uno de cada cinco en todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) - son extremadamente obesos. Y esas cifras son idénticas en niños y jóvenes. En Alemania, alrededor de un 20% de los que aún no cumplieron 17 años sufren de adiposidad.

La “epidemia de obesidad”, sin embargo, no se ha propagado con la misma intensidad en todos los países de la OECD. En Inglaterra, Francia, Corea del Sur y en EE. UU. el número de niños obesos se ha mantenido constante. De acuerdo con estimaciones hasta el año 2020, sin embargo, más de dos tercios de la población de los países miembros de la OCDE podrían sufrir de adiposidad extrema.

Las consecuencias de la gordura van desde enfermedades como la diabetes y la hipertensión arterial, hasta el cáncer y la demencia, que, además de afectar al individuo y a su grupo social, causan enormes costos al sistema de salud. Un tres por ciento de todos los gastos en salud en los países de la OCDE van actualmente a cuenta de la adiposidad.

Las costumbres alimentarias se heredan

A menudo, las familias con padres obesos tienen hijos obesos, algo que puede tener orígenes genéticos, pero que en la mayoría de los casos está motivado por la imitación de malas costumbres alimentarias, tanto en el hogar como en la escuela y en el círculo de amistades. Para un desarrollo saludable se necesitan, ahora más que nunca, ejemplos positivos.

“En EE. UU. se investigó qué tipo de alimentos eligen los niños cuando éstos son presentados por los personajes de Plaza Sésamo”, explica Charlotte Cole, vicepresidenta de Educación e Investigación de Sesame Workshop, la productora de Plaza Sésamo.

“Cuando les dimos a elegir entre chocolate y brócoli, los chicos eligieron el chocolate. Pero cuando Elmo presentó el brócoli aumentó la cantidad de niños que eligieron ese vegetal”, añade la experta. Es por eso que, según ella, los adultos son los que tienen la responsabilidad de dar el ejemplo en cuanto a qué prefieren comer.

Cuanto más alimentos al alcance, más se come

Sin embargo, recriminar a las personas obesas de falta de voluntad, comodidad o ignorancia no es lo adecuado y es una actitud de miras muy estrechas, advierte la profesora Shiriki Kumanyika, experta en nutrición de la Universidad de Pennsylvania. El sobrepeso y la adiposidad son, casi siempre, mucho más un reflejo de un entorno que, literalmente, “está fuera de quicio”, que se nos va de las manos.

“La gente come más cuanto más se le ofrece para comer. Hoy en día contamos con un mercado alimentario que ofrece porciones mucho más grandes que en el pasado. Por ejemplo, las bebidas gaseosas y dulces que acompañan a las papas fritas y a las hamburguesas son tres veces más grandes que antes. Y el tamaño de las personas que los consumen aumenta a la par”, dice la nutricionista.

Crecimiento económico a costa de la salud

El lema es: “paga poco y trata de consumir la mayor cantidad posible”. Un modelo de negocios que “genera crecimiento económico según la fórmula: producir más y consumir más. Algo que se aplica a diversas áreas. Pero en la industria alimentaria el cálculo no cierra: si la gente consume más, se vuelve obesa. Por eso necesitamos un nuevo modelo económico a partir del cual las empresas puedan seguir creciendo, pero que no produzca obesos”, subraya Shiriki Kumanyika.

En fábricas de ideas como AGree (foodandagpolicy.org), de EE. UU., se trata de unir a investigadores, expertos en medioambiente y fabricantes de alimentos en una red que desarrolle estrategias conjuntas. También Gran Bretaña y Suiza apuestan a cooperaciones con la industria alimentaria, sobre todo a fin de reducir la grasa y la sal en los alimentos.

Pero la industria alimentaria opone una fuerte resistencia, critica el profesor Hans Hauner, del Centro Fresenius de Salud Nutricional, de la Universidad Tecnológica de Múnich: “Un país puede aprobar leyes que limiten la publicidad alimentaria, o que prohíba la venta de bebidas azucaradas en las escuelas. Pero es algo difícil de implementar debido a que hay poderosos intereses económicos en juego”. Es allí donde a la política le falta el poder de decisión necesario para el caso.

A pesar de eso, se registran algunos avances a nivel europeo: en Dinamarca, los consumidores pagan desde 2010 más impuestos al chocolate, al helado y a las golosinas, y desde 2011, también a los alimentos con alto contenido de grasas. Finlandia también aprobó un impuesto a determinados dulces, y Hungría hizo lo mismo con ciertos productos que contienen azúcar, sal y cafeína. Francia aplica desde comienzos de 2012 un impuesto a las bebidas azucaradas, y en Bélgica, Irlanda, Gran Bretaña y Rumania se están debatiendo cargas impositivas para alimentos perjudiciales a la salud.
                                                               

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