La agenda, la nueva herramienta para adelgazar

Estudios científicos demuestran que si las personas monitorean los alimentos que consumen y las emociones asociadas con cada comida, conseguirán bajar de peso.

De acuerdo con los investigadores, este sistema permite estar presentes en cada mordisco y regresar del automatismo del comer. De acuerdo con los investigadores, este sistema permite estar presentes en cada mordisco y regresar del automatismo del comer.
Sorprendentemente, registrar, escribir lo que comemos a diario es la estrategia más frecuente en los tratamientos que funcionan. Y si no está presente, lo está de otra manera: por ejemplo, al comer sólo lo que está escrito.

Lo que sucede es que resulta más entretenido registrar lo que comemos que intentar respetar lo que escribió otro. Por lo que la idea es escribir día a día, y en lo posible hora a hora, qué es lo que se ingiere y en qué cantidad.

Es por esto que es prudente armar una tabla o una planilla Excel donde se detalle en qué situación o contexto se hizo esa comida, y otra para describir qué emociones sentimos. Simple, económico ¡y sin dieta!

De acuerdo con los investigadores, este sistema permite estar presentes en cada mordisco y regresar del automatismo del comer, generando la oportunidad de preguntarse: ¿qué necesito ahora? ¿realmente tengo hambre? ¿Debo comer esto? Para que podamos escuchar el cuerpo, el corazón y la cabeza.

Es un método económico, pues curiosamente hacer dieta redunda siempre en un mayor gasto de dinero, ya que consumimos más productos dietéticos, complementos alimentarios o pastillas, viandas de comidas ya hechas, consultas a especialistas, libros de autoayuda, inscripciones en modos esotéricos de gimnasia y hasta pagamos para ser pesados, pero con el método de la agenda aprendemos nuevamente a comer. Pero atentos, con conciencia plena.

Escribir lo que comemos nos permite comprometernos a cada instante con nuestro objetivo, recomenzar si recaemos, y ser justos a la hora de reprendernos. Esta es la gran diferencia con la balanza y el espejo, estos nos ofrecen imágenes estáticas, fotos de nosotros mismos, que a veces nos paralizan. La escritura es un relato, siempre puede cambiar.


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