Cuando decir ‘Cálmese’ puede ser contraprudecente

por Katherinn Cuervo

Si usted es de los que le gusta subirle el ánimo a las otras personas cuando están muy estresadas, lo mejor será que no lo vuelva hacer,  le contamos por qué.

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Las responsabilidades, las preocupaciones y los problemas son la principal causa de los momentos agobiantes y desesperantes. Cuando vemos que no encontramos una pronta solución, que no nos alcanza el tiempo, que no tenemos dinero para cubrir nuestros gastos o cuando alguien nos decepciona o no colabora con lo que se le pide, nos enojamos al punto de desquitarnos con los demás.

Nuestro estado de ánimo se va para el piso, todo el día mantenemos con “cara de puño” e inclusive respondemos de mala gana y nos sentimos un poco fastidiados con la gente de nuestro alrededor. Cuando este tipo de actitudes se vuelven en “el pan de cada día”, se llega a convertir en una enfermedad, le puede comenzar a doler la espalda o la cabeza y le da cansancio continuamente. Al ir al médico, adivine cuál es la respuesta a todos esos malestares, el estrés, la enfermedad del siglo XXI dirían muchos.

De acuerdo con la RAE, el estrés es una tensión provocada por situaciones tormentosas que originan reacciones psicomáticas (afecta la psique) o trastornos psicológicos que si se  complican podrían llegar a ser muy graves. Cualquier reacción de enojo o de descontento se le relaciona hoy con el estrés, cierto o no, la verdad es que cuando alguien está en este estado lo mejor es que nadie se le acerque a decirle que se calme, que no esté de mal humor, ya que la persona que se atreva a hacerlo estaría echándole más leña al fuego y más bien resultaría “quemado”.

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¿Por qué?

En un artículo publicado por The Wall Streeet Journal escrito por Shellenbarger, se explica que la principal razón de que no sirva para nada decirle a alguien que se calme, es porque es fisiológicamente imposible, ya que el cuerpo está tan tensionado que para que responda de nuevo y entre a un estado de relajación le puede tomar de 20 a 60 minutos.

Además, por lo general, cuando nos dicen que nos relajemos la primera reacción es responder en un tono alto de voz “yo estoy bien, no me diga que me calme”, lo que no está mal porque otras investigaciones demuestran que tratar de ocultar o suprimir una emoción es contraproducente porque usted no se está desahogando. Reprime lo que está sintiendo en el momento y si no lo saca, puede resultar mucho peor en un futuro.

La intenciones de acercarse a alguien a decirle que se calme, son buenas. Solo que lo que usted está provocando en la otra persona es que se ponga a la defensiva, se sienta mal o se estrese aún más y será peor si, por ejemplo,  lo hace enfrente de los demás y con agresividad.

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Qué hacer

Si de verdad quiere ayudar a que el otro esté bien empiece por no pronunciar esa palabra que usted cree mágica (“cálmese”), más bien considere las preguntas abiertas como por ejemplo ¿le gustaría hablar? ¿qué está pasando? o reconozca los sentimientos de la otra persona, “parece que está teniendo un día duro”.

Ahora, si la tensión se genera en torno a una discusión de varias personas en una reunión, la decisión más adecuada es pedirle a todos que se tomen un descanso para dar un paseo o tomar unas onces y cuando pase alrededor de 20 min, retomar la actividad.

Y si es usted quien se está diciendo a sí mismo que debe calmarse, empiece por la aceptación y reconozca ante los demás su molestia. Si usted le comenta a su jefe, compañeros, amigos o a su público antes de dar un discurso, ellos con ciertos comentarios o chistes amenizarán el rato y lo harán sentir mucho mejor.

Pruebe las técnicas de respiración, se ha demostrado que ayuda a regular el cuerpo y restaurar la tranquilidad. Hágalo unas tres veces y cuente hasta diez, esto lo ayudará a superar su mal día. Entonces, tenga en cuenta estas otras recomendaciones por parte de the muse que también le podrán servir:

  • Escuche: no necesitamos que nos den “cantaleta” en un momento de enojo, todo lo contrario, queremos ser escuchados para desahogarnos. Invite a ese amigo o persona estresada a una actividad diferente a la que esté haciendo en el momento, siéntese y dígale: “cuénteme qué pasó” y después diga las palabras de aliento.
  • Sea comprensivo: aunque es difícil, intente ponerse en los zapatos del otro, imagínese en la misma situación, sea solidario y compañero de dolor en el  momento. Hágale saber a la persona enojada que de pronto entre los dos y pensando con cabeza fría se puede encontrar la solución al problema que ocasionó estrés.
  • Ofrezca ayuda: puede ser que realmente usted no pueda ayudar en nada, porque son inconvenientes de pareja, familiar o de trabajo, pero la mejor ayuda es brindarle a esa persona estresada comodidad y atención, finalmente usted puede ser el único apoyo en el momento, así sea solo un hombro para recargarse.

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