Quien tiene agua, tiene poder

La cantidad de agua necesaria superaba la existente, lo que generaba conflictos entre los países vecinos. En el fondo, se trataba de una lucha por el poder que recaeríaen quien controlara el agua.

Agua. Agua.
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DW
Las marismas de Mesopotamia, entre el Éufrates y el Tigris, son consideradas fuente de inspiración del bíblico jardín del Edén. En las tierras situadas entre los dos cauces, el hombre se hizo sedentario y comenzó a labrar la tierra, a sembrar cereales y a criar ganado. Estas tradiciones milenarias podrían pertenecer pronto al pasado porque los humedales se están secando.

Según un estudio realizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía, las reservas acuíferas de Oriente Medio no son suficientes para cubrir sus necesidades a largo plazo debido al crecimiento demográfico y al aumento del consumo per cápita.

A esto se suma que las sequías provocadas por el cambio climático son cada vez más frecuentes e intensas. Además, los proyectos sobre construcción de presas en Turquía, Siria e Irak convierten la escasez de agua en una fuente de conflictos.

En la década de los sesenta, el plan originario de estos países era construir embalses para controlar las sequías y las inundaciones. Pero dichos planes pronto se hicieron más ambiciosos y empezaron a incluir la construcción de centrales hidráulicas.

La cantidad de agua necesaria superaba la existente, lo que generaba conflictos entre los países vecinos. En el fondo, se trataba de una lucha por el poder que recaeríaen quien controlara el agua; es decir, en Turquía. El país que controlara el agua controlaría la región.

Críticas al proyecto turco de construcción de presas

“Algunos países venden petróleo; nosotros venderemos agua”. Así se expresaba ya el expresidente turco Turgut Özal. En este sentido, Turquía firmó un tratadp con Israel en el año 2004. Sin embargo, nunca se llegó a ser aplicar, por lo que fue anulado en el 2010.

Turquía está construyendo presas por todo el país, como esta de Oymapinar. Esto origina conflictos con sus vecinos.

No obstante, Turquía mantiene sus ambiciones. Actualmente, el país es objeto de críticas a causa del proyecto de construcción de presas en el sur de Anatolia (conocido como proyecto GAP). Se trata de 22 embalses a lo largo del Tigris y del Éufrates, la mayoría de los cuales ya están terminados. Con este proyecto, Turquía pretende desarrollar el sureste del país tanto económica como socialmente. Sin embargo, estos planes han despertado los recelos de Siria e Irak.

El problema se centra en el uso del Éufrates, río de vital importancia para Siria porque cubre el 90% de la demanda de agua en el país. En 1987, Turquía y Siria adoptaron un acuerdo sobre el volumen máximo de agua extraíble del río. Desde entonces, fluyen a tierras sirias 500 metros cúbicos por segundo. Con motivo de las sequías sufridas en Irak y Siria, el gobierno turco aumentó dicho volumen en 17 metros cúbicos más por segundo. Los tres países se reunieron de nuevo en el año 2009 para negociar el volumen del agua, pero no lograron alcanzar un acuerdo.

Turquía, ¿la última palabra?

En teoría, Turquía podría cerrar en cualquier momento el grifo del agua a ambos países por medio de la construcción de embalses. Pero, ¿realmente lo haría? Las opiniones varían significativamente.

Waltina Scheumann, experta en temas turcos del Instituto Alemán de Desarrollo (IAD), estudia la política turca de gestión del agua, centrándose especialmente en los tratados bilaterales e internacionales. Su percepción del papel de Turquía es positiva. “En el pasado, Turquía nunca ha abusado de su posición privilegiada”, afirma. Según ella, Turquía siempre se ha mostrado cooperativa en cuanto a la gestión del agua.

Azzam Alwash, fundador de la organización ecologista Nature Irak, valora de forma diferente el papel de Turquía. “El país ejerce su poder al no hacer compromisos en las negociaciones. Turquía no está obligada internacionalmente a respetar dichos acuerdos”.

No obstante, cree que se alcanzará un acuerdo en la región ya que Turquía desea entrar en la UE y, en su condición de candidata, debe solucionar primero los problemas por el agua surgidos con sus vecinos. Según ambos expertos, es de vital importancia que todas las partes se sienten a negociar. En opinión de Alwash, “lo más importante es la celebración de acuerdos vinculantes internacionalmente en los que se reparta de forma exacta el agua de ambos ríos”. Solo de esta manera se podría encauzar el conflicto sobre el uso del agua.

Depuradoras evitan la crisis bélica

Según Alwash, otra posibilidad de apaciguar el conflicto consistiría en usar el agua con mayor eficacia. “Los campesinos Irakuíes trabajan con los mismos métodos que hace 10.000 años.” De este modo, el 90°% del agua se utiliza para irrigar los cultivos. “El problema en la región no es solo la cantidad de agua, sino también su calidad”, explica Scheumann. En Oriente Medio no se depura entre el 30% y el 50% de las aguas residuales. Estas se filtran al subsuelo contaminando las aguas subterráneas.

Dicho problema no es exclusivo de Siria o Irak sino que afecta también a Turquía, aún estando más desarrollada que sus vecinos. El Ministerio de Medio Ambiente turco ha calculado que las inversiones necesarias para la construcción de depuradoras entre 2007 y 2023 alcanzarán los 18.000 millones de euros.

Según datos facilitados por la Sociedad Alemana de Fomento del Comercio Exterior (German Trade and Invest, GTAI), en 2010 solo el 52% de los turcos estaban conectados a la red de tratamiento de aguas residuales; en 2008, el porcentaje solo llegaba al 48°%. Según Scheumann, si se depurara más, se dispondría de más agua potable con lo que se apaciguarían los ánimos en los tres países. “Si se puede construir una depuradora para conservar el agua no hace falta ir a la guerra por ella”.

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