La empresa del futuro: ética y socialmente responsable

por Pablo Álamo

La empresa del futuro: ética y socialmente responsable La empresa del futuro: ética y socialmente responsable

La empresa Metroagua de Santa Marta, una de las ciudades costeñas más hermosas de Colombia, me invitó esta semana a dictar un taller de ética y responsabilidad social a la gerencia media de la compañía. Fueron dos días estupendos, en los que me sentí rodeado de gente maravillosa, una ocasión fenomenal para recordar algunas ideas poderosas respecto a la empresa del futuro.

 

George Enderle habla de tres niveles de la responsabilidad social empresarial (RSE) que comparto plenamente:

 

  1. Criterios éticos esenciales
  2. Obligación por encima de los niveles mínimos
  3. Aspiración a ideales éticos.

 

En efecto, no es posible la RSE sin criterios éticos esenciales, y estos a la vez no son posibles sin una clara y nítida visión sobre el hombre. Fue muy interesante comprobar, en uno de los ejercicios del taller, que las empresas no definen con suficiente claridad su visión acerca de la persona humana, o que no logran transmitir esta visión a cada uno de los empleados. La persona –lo que es y lo que espero de ella- tendría que ser el corazón de la cultura organizacional. Muchas veces se insiste en la importancia de definir bien los objetivos, las metas, a donde queremos llegar, y sin duda esto es muy importante, pero me pregunto cómo es posible saber dónde queremos llegar si no sabemos antes quiénes somos. La antropología de la acción directiva es el fundamento de toda la ética y la responsabilidad social empresarial.

 

En segundo lugar, hay un segundo nivel de responsabilidad de toda empresa, que está conformado por toda una serie de obligaciones como consecuencia del mero hecho de existir: obligaciones de todo tipo, jurídicas, económicas, financieras, etc. Entendemos que la principal obligación de una empresa socialmente responsable es ser competitiva en términos económicos, y para ello intenta cumplir de la mejor manera sus tareas con el fin de asegurar su supervivencia a corto, mediano y largo plazo. Sólo luego de garantizar este punto, puede involucrarse en el trascendental compromiso de dar  respuesta satisfactoria a distintas necesidades de grupos o sectores de la sociedad en la que opera.

 

 

La RSE no se limita al cumplimiento de estas obligaciones sino que parte del principio que esta nueva responsabilidad tiene que hacer referencia a “algo más”, que va más allá de los niveles mínimos que exige la ley. Soy responsable de aquello que está en mis manos. La responsabilidad siempre juega con dos variables: poder (capacidad) y libertad (posibilidad real). Muchas veces confundimos la responsabilidad objetiva (poder y libertad) con la subjetiva (imaginación y deseo), y por eso siempre aconsejo que al frente de la dirección de los departamentos y proyectos de RSE siempre haya personas con los pies en la tierra, que entiendan que la ética y la responsabilidad social es el arte de realizar lo deseable dentro de lo posible. No eres responsable de aquello que no puedes hacer, ni tampoco de aquello que sí puedes hacer pero no te dejan.

 

Y aquí empata a la perfección lo que Enderle llama el tercer nivel de la RSE: la aspiración a ideales éticos. Esto es muy importante entenderlo bien. Los ideales éticos (el bien, la justicia, la paz, la generosidad, etc.) son eso: ideales. No podrán ser siempre y en todo una realidad, pues serán siempre una aspiración. Es parte de la ética y de la RS aspirar a cosas grandes, a ideales magnánimos, pero siempre con los pies en la tierra, sin perder de vista que la perfección no existe, y nunca existirá. Cuando alcanzamos una perfección, surge otra imperfección. Es el destino de la humanidad y de la vida de todo hombre: cuando llega la edad madura, cuando la experiencia y el conocimiento alcancen el máximo grado de eficiencia, comienza el declino, limitaciones físicas generalmente. La perfección no existe y por eso me causa gracia leer algunos informes de RSE de esas prestigiosas multinacionales en los que se pinta un cuadro lleno de historias bonitas, que ejemplifican que alguien (una persona, una comunidad) tenía un problema o necesidad, y se logró satisfacer, generando un impacto positivo e importantes beneficios. Las cosas no son nunca así de simples. La vida no está compuesta solamente de los colores negro y blanco. Son demasiados los casos de empresas que desarrollando programas socialmente responsables solucionaron algunos problemas pero generaron otros, a veces de más difícil solución. Y esto no significa que esas empresas actuaron mal, todo lo contrario. Significa simple y llanamente que son empresas que actúan en un mundo real, no ideal, en el que existe la incertidumbre y en el que las consecuencias de la acción humana no siempre son previsibles. Todo esto lo digo para reforzar la idea de que los ideales éticos son y serán siempre una aspiración por la que luchar, pero no podemos caer en el error de convertir esa aspiración en una obligación, de lo contrario es muy fácil perder el foco y desviarse del camino. No manera más rápida de alcanzar la frustración que convertir un deseo en una obligación. No lo recomiendo.

 

Algo que me parece muy bonito de la RS es que no es una moda sino una realidad de la globalización, la manera de hacer negocios en el futuro. Como explica Manuel González, la RSE tiende a acentuar una interdependencia entre todos los elementos que forman parte de la sociedad, y establece una serie de valores compartidos en los planos económicos, políticos, sociales, culturales, energéticos, ambientales, etc.  Es verdad, la RS no es una moda, y para las empresas que sí se sumaron al proceso por estar “a la moda”, pronto se les volverá en contra, como un boomerang, si no cambian y la convierten en parte fundamental de su cultura.

 

Caen en ese error las empresas que han concebido la RSE como acción social de la empresa. La RSE no es acción social de la empresa, no es un tipo de filantropía más desarrollada, sino una forma de concebir la función social de las empresas en la nueva sociedad. La RSE parte del principio de que la empresa es “responsable” del cambio que la sociedad necesita; este cambio es una verdadera necesidad, como refleja el espíritu del Pacto Mundial de las Naciones Unidas. Si no quieren perder legitimidad, es importante que las empresas no descuiden esta parte tan importante de la gestión empresarial y que sea parte de la cultura y del adn de la organización. Para ello, recomiendo integrar en la estrategia comunicativa, interna y externa, el diálogo con todos los grupos de interés. La transparencia es el corazón de la estrategia.

 

 

 

 

 

Pablo Álamo

Coach certificado

Investigador de temas de empresa y humanismo

Universidad Sergio Arboleda

Twitter: @pabloalamo

 

 

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