Amar profundamente la vida

por Carlos Andrés Vanegas

Amar profundamente la vida Amar profundamente la vida

¿Quién es el encargado de enseñarnos tal vez lo único que necesitamos para salir adelante?

 

Cuesta trabajo no ser cobarde. Cuesta trabajo perder la timidez. Cuesta trabajo lanzarse al vacío. Cuesta trabajo jugar con palabras, y expresar con puntos y comas, lo que dicta el corazón.

 

Hoy quiero hablar sobre el amor a la vida porque no quiero hablar de cosa distinta. Amar la vida es un don tan pero tan preciado. Amar genuinamente la vida en la mañana, en la tarde y en la noche, nos prepara para lo que venga. Nos hace “indestructibles” ante cualquier dificultad.

 

Estoy convencido que este es el secreto mejor guardado. Sacar una empresa adelante. Formar una familia feliz. Crecer como personas y como profesionales. Los días, las semanas, y los años simplemente fluyen cuando se ama la vida.

 

Amar la vida no solo unos minutos al levantarse para agradecer, ni en las noches antes de dormir, sino en cada segundo y en cada respiro.

 

¿Quién nos enseña en la sociedad este don tan preciado? Tal vez un tío, una profesora, un amigo o alguno de nuestros padres. ¿Nos hablan sobre amar la vida en el colegio? ¿Nos hablan sobre amar la vida en la universidad? ¿Quién es el encargado de enseñarnos tal vez lo único que necesitamos para salir adelante?

 

Algunos países se miden por cuánto logran producir. Ahora también vienen surgiendo mediciones de felicidad. Pero me encantaría saber: ¿En cuál sociedad se ama más la vida? Porque yo quiero vivir en ese lugar.

 

Es una bonita paradoja. A pesar de que somos miles de millones cada ser humano en este mundo es un milagro. La probabilidad de estar aquí en este momento, respirando este aire, viviendo este instante, justo ahora en este tiempo y en este espacio, es como un grano de arena en el desierto.

 

A todos nos fueron regalados un millón de dones para colorear el mundo. En cierto sentido todos somos artistas. Aprender a utilizar nuestros dones es aprender a agradecer por la vida. Es pintar el mundo para hacerlo mejor. Amar genuinamente la vida va más allá de los valores. Amar genuinamente la vida va más allá de la economía, de la política, de la física, de la religión y de lo que sea. Amar profundamente la vida es solo eso: amar profundamente la vida.

 

Cuesta trabajo entender que por más dura que haya sido la jornada... que por más duros que sean los desafíos al futuro... estamos aquí. Y esto es lo único que cuenta.

 

Al final del cuento qué tan rico o pobre es una persona depende de qué tan feliz se levanta en la mañana.

 

Vivir siempre será el mejor negocio. Quiero repetir esto... Vivir siempre será el mejor negocio.

 

Cada respiro es riqueza. Cada paisaje es riqueza. Cada caricia es riqueza. Cada canción es riqueza.

 

Cada segundo es riqueza.

 

Estamos aquí.

 

Aprendamos como sociedad a cultivar el amor por la vida.

 

Asignémosle un doliente. Ya sea el colegio, los medios, la familia o la universidad.

 

No dejemos este tema en el olvido.

 

Amar la vida es un regalo.

 

Un respiro es lo único que cuenta.

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