El empresario que les enseña a los japoneses a perderle el miedo al fracaso

por BBC Mundo

Cuando William Saito renunció a ser médico inmediatamente después de haberse graduado, sus padres se negaron a hablar con él durante dos años.

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Pero ahora no están quejándose del resultado final, dice el estadounidense de origen japonés, de 44 años de edad.

Estudió para cumplir el sueño de sus padres de tener un hijo médico. Bromea diciendo que sus padres nunca llegaron a decir cuánto tiempo querían que fuera un médico, sólo le pedían serlo.

La razón por la que lo dejó tan pronto era porque estaba decidido a continuar la aventura que había comenzado cuando apenas tenía 11 años de edad y aún estaba en la escuela secundaria.

A esa edad, había fundado su propia empresa, que con el tiempo se centró en ofrecer mayor seguridad para las computadoras personales a través de tecnologías como la huella digital y el reconocimiento del iris.

Saito estableció formalmente la empresa, I/O Software, en 1991 mientras estaba en la universidad.

La compañía se convirtió en un líder en biometría y seguridad informática. Tan sólo 14 años más tarde, cuando Saito tenía 33 años, la vendió al gigante estadounidense Microsoft.

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Aunque los términos del acuerdo le impiden revelar el precio que recibió, Saito admite que habría estado en condiciones de jubilarse, si hubiera querido.

Pero como era de esperarse para alguien tan exitoso a una edad tan joven, ha seguido trabajando sin descanso, utilizando su experiencia para ayudar a otros empresarios, en particular en el país de origen de sus padres, Japón.

Aunque nació y creció en Estados Unidos, Saito aún cree que "está en deuda con los japoneses", porque le atribuye su éxito a su herencia. Y ahora él cree que puede dar algo a cambio.

"Cambió mi vida"

Los padres de Saito no sabían hablar inglés cuando emigraron a los EE.UU., para establecerse en Los Ángeles, California, justo dos años antes de su nacimiento en 1971.

Decididos a darle a su hijo -el mayor de tres- una ventaja competitiva para asegurar que prosperaría en su nuevo país, se centraron en las matemáticas, usando complejos libros de texto japoneses, para enseñarle cosas mucho más allá del nivel esperado para su edad.

"Lo que se convirtió en una gran ventaja para mí", dice. De hecho, avanzó tanto en sus matemáticas que su maestro se quedó sin lecciones para ofrecerle y le sugirió en cambio que jugara con "una cosa llamada computadora personal".

"Tuve la oportunidad de aprovechar esta ventaja y eso cambió mi vida", dice Saito. Siguiendo el consejo del profesor, sus padres sacaron un préstamo para comprar su propia computadora personal, a un valor aproximado de US$5.000 en dinero de hoy.

Pero una serie de tareas, organizadas por el mismo profesor, cambiaron el rumbo de su vida de forma permanente.

El maestro le sugirió a un amigo, un contador del banco de inversión Merrill Lynch, que Saito, quien en ese momento sólo tenía 10 años de edad, podría ayudarle a escribir programas informáticos.

"Cuando terminé, recibí un cheque, y yo no esperaba eso. Eso realmente cambió mi punto de vista acerca de hacer algo divertido, pero al mismo tiempo que me pagaran por ello. Fue sin duda un momento clave para mí", dice.

Buena influencia

A pesar de su inicio precoz, Saito asegura que sus padres le expusieron a una gran cantidad de diferentes actividades y dejaron claro que el éxito era algo más que buenas calificaciones.

En particular, dice que tanto en las escuelas a las que asistió, como en casa de sus padres, todos le hicieron hincapié en la importancia de hacer trabajo voluntario.

Es una lección que Saito ha tomado en serio y desde la venta exitosa de su primera empresa, ha trabajado duro para apoyar a otros aspirantes a empresarios.

Él confiesa que una de sus actividades favoritas es juzgar los planes de negocios y viaja por el mundo haciendo esto.

Hasta la fecha, se calcula que ha juzgado a unas 15.000 personas en este tipo de competiciones.
Pero el país en el que más se enfoca es en la patria de origen de sus padres, Japón.

"Devolver algo"

En 2005, después de vender I/O Software, se trasladó a Japón y fundó la firma de capital de riesgo y consultoría InTecur.

También trabaja como asesor especial para el gobierno japonés, especializado en ciberseguridad. Pero su objetivo principal es enseñarle a los japoneses a ser más emprendedores.

Además de asesorar a las empresas sobre diversos temas de tecnología, InTecur pretende ayudar a los jóvenes emprendedores de tecnología japoneses a tener éxito, algo que él siente que causa dificultad en la cultura de ese país, que generalmente asigna el estatus según la edad y la experiencia.

"A las personas veintiañeras no se les dan muchas oportunidades. Así que sentí la obligación de devolver a la próxima generación, porque a mi me dieron la oportunidad", dice.

Hasta el momento, la empresa ha invertido en 24 empresas, 14 de las cuales están a cargo de mujeres, que él cree que también a menudo son pasadas por alto en la sociedad japonesa. Saito asegura que tiene especial cuidado de invertir en personas que han fracasado anteriormente.

"El fracaso aquí (en Japón) es una mala palabra. Yo creo en lo opuesto. Tienes que fracasar una vez y obtener esa experiencia antes. Es la manera de descubrir cuáles son sus propias debilidades y puntos fuertes."

Estas actitudes son las que él cree que están sofocando el espíritu empresarial de Japón y hacen más difícil que el país crezca.

Pero Saito tiene optimismo en que las cosas están cambiando. Y esto lo hace más feliz. "Dar rienda suelta a ese potencial y ver a la gente haciendo cambios reales, estoy muy orgulloso de eso", dice.

"Esto sigue siendo una historia inconclusa pero está empezando a echar raíces".

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