El miedo secreto de todos los jefes

Las transiciones en los altos cargos de las compañías se parecen mucho a la política, al menos en la forma en que los observadores, asesores y especialistas reaccionan a ellas.

Los jefes irradian confianza... Pero la presión de capitanear el barco puede ser muy fuerte. Los jefes irradian confianza... Pero la presión de capitanear el barco puede ser muy fuerte.
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BBC
Por un lado, suele haber una cháchara interminable sobre si la persona que obtuvo el empleo es la correcta y existe una tendencia a la crítica apresurada. ¡Si tan sólo fulano de tal hubiera obtenido el puesto! ¿Es María Barra realmente la mejor para liderar General Motors? ¿Tiene Rajeev Suri, recientemente elegido presidente ejecutivo de Nokia, el talento necesario para colocar a la compañía entre las mejores del mundo?

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Pero, por el otro, hay algo que pocos se preguntan: si las personas en los puestos más altos tienen la experiencia necesaria y están listas para el trabajo. Después de todo, por eso se esforzaron, en algunos casos por décadas. Irradian confianza y no dan lugar a dudas de que están a la altura de las circunstancias. Y luego algunos… No lo creen.

Hacerse cargo del puesto superior de cualquier organización lo convierte a usted en el capitán del barco. Mientras que usted espera hacer avanzar la compañía de muchas maneras, hay algo que definitivamente no puede ocurrir: el fracaso.

El capitán es el responsable de la supervivencia de la organización. Y en aquellos contados momentos en que los líderes son verdaderamente honestos consigo mismos, esta idea puede aterrorizarlos.

Es muy difícil reconocer este miedo, pero existe de todas maneras. A medida que usted asciende en una organización es recompensado con una mayor responsabilidad. Inevitablemente, su confianza crece como fruto directo de su éxito. A pesar del incremento de responsabilidades, usted sabe que cuenta con una red de seguridad: sus colegas, sus jefes, etc.

Hasta que obtiene el puesto más alto y entonces el adagio según el cual se está solo en la cima es exacto y correcto.

¿A quién puede hablarle sobre sus problemas? A sus subordinados no, ya que podrían querer posicionarse para reemplazarlo. A su jefe tampoco porque bueno, usted es el jefe. En aquellos casos en que hay una junta directiva -u otro órgano de control- activa, pocos considerarían conveniente compartir sus preocupaciones con el mismo grupo que puede despedirlo tan rápido como lo contrató.

¿De dónde viene este miedo? Una cosa es decir que usted "responsable de todo", pero la verdad es que usted realmente lo es. Las decisiones del presidente ejecutivo pueden destruir o crear valor. Así pasa en maniobras de fusiones y adquisiciones, el sello distintivo de la toma de decisiones por parte de los presidentes ejecutivos.

Pero también es cierto en el caso de las decisiones que se toman a diario para lidiar con los cambios. En estos tiempos turbulentos, no existen garantías de que una organización sobrevivirá indefinidamente.

Usted es el rostro de la organización ante todos los accionistas externos. Hoy en día, cuando usted piensa en Apple, piensa en Tim Cook; cuando piensa en Alemania, piensa en Angela Merkel. La compañía, o el país, está en sus manos, y los líderes tienen la responsabilidad personal de proteger ese legado inviolable.

Eso significa mucha presión para una sola persona y es el miedo esencial de todos los líderes porque, si se cree que fallaron allí, serán catalogados como fracasados para siempre.

¿Diferencia entre los géneros?

Sin embargo, la manera exacta en la que un líder lidia con este miedo existencial puede depender de su género.

Las investigaciones han demostrado que una diferencia habitual entre hombres y mujeres es cuán confiados se sienten a la hora de enfrentar nuevos retos.

Los hombres suelen decir sí, sin dudarlo. Las mujeres prestan más atención a los pros y contras, demostrando cierta falta de confianza.

Esa es una de las razones por las cuales los hombres son ascendidos más que las mujeres. Aunque, irónicamente, evaluar cuidadosamente un desafío es siempre mejor que decir sí a ciegas.

Su tendencia a ser más introspectivas puede ayudar a mujeres que eventualmente llegan a la cima a lidiar con el miedo. Incluso si las directoras ejecutivas no se comunican con sus iguales, asesores de confianza o miembros de la familia, el simple hecho de que están más conscientes de sí mismas puede ayudarlas a compartimentar su miedo, en vez de permitir que se insinúe lentamente como el monóxido de carbono y las paralice cuándo más necesitan actuar.

Es menos probable que los hombres reconozcan, incluso para sí mismos, que esa inmensa responsabilidad pueda resultar aterradora y, por lo tanto, es menos probable que hagan algo al respecto. Sin embargo, como todos sabemos, el hecho de que uno no crea que algo sea cierto no quiere decir que no exista. Mientras más lo niegue, más real se volverá, y siempre estará latente en un rincón de la mente.

Así como el miedo en la cima no puede ignorarse, tampoco tiene por qué incapacitar a un líder, sea hombre o mujer. Viene con el territorio y así es como debe ser. Por más que sea difícil, es mucho mejor reconocer que el miedo es parte de la descripción del trabajo de presidente ejecutivo, de modo que no aparezca para lastimarlo cuando más necesita pensar con claridad.

Para el resto de nosotros, también sería bueno recordar que, a pesar de todas las apariencias, la gente que está en la cima soporta una carga muy pesada. Después de todo, ellos también son humanos.

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