El poder de los consejeros

Los grandes ejecutivos de consorcios alemanes terminan frecuentemente como miembros de varios consejos directivos simultáneamente, con poder sobre el destino de miles de trabajadores.

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DW
Ulrich Lehner es uno de los managers más poderosos de Alemania. Antes dirigía el consorcio de detergente y pegamentos Henkel e incluso tras abandonar su cargo en Düsseldorf, por razón de la edad, continúa ganando influencia. Como presidente del consejo de administración de Deutsche Telekom y del gigante del metal Thyssen Krupp, el ejecutivo tiene bajo su esfera de influencia a cerca de 400.000 empleados.

Esta posición de poder como miembro de varios consejos de empresa no es algo único. Es frecuente que en dichas instancias de control de los consorcios alemanes aparezcan las mismas caras. Por ejemplo, el antiguo director de Bayer, Werner Wenning, que hoy en día no sólo está en el consejo del consorcio químico-farmacéutico, sino a la vez en la cúspide del consorcio energético Eon y también en Siemens. O también Paul Achleitner, que no sólo está en el consejo del Deutsche Bank sino también en Daimler y Bayer.

Un círculo cerrado

“Continúa siendo un círculo cerrado”, opina el profesor de economía de la Universidad de Göttigen Michael Wolff. El científico elabora cada año la lista de los consejos de administración más poderosos de Alemania, tomando en cuenta para ello la importancia de la empresa en cuestión, pero también la red a la que tienen acceso los diferentes managers.

Para Wolff, este entramado de managers recuerda a una versión light de la “Deutchland AG”. Bajo el concepto de “Deutschland AG”, se entendía un tejido formado por las grandes empresas industriales, bancos y empresas de seguros, a través del cual la economía alemana se aislaba frente a los inversores internacionales, permitiendo que varios managers concentrasen membresías en los consejos.

Sin tramas financieras

Las tramas financieras ya fueron entretanto destruidas, afirma Wolff. El detonador para ello fueron los cambios fiscales que posibilitaban a bancos y compañías de seguros vender participaciones de capital sin pagar impuestos. Así, el mercado de capital alemán consiguió atraer la atención de inversores intencionales. También el entramado entre los consorcios alemanes se ha reducido, dice el experto: “Si la “Deutschland AG” se basaba en personas y capital, ahora existe únicamente en el plano personal. Pero ni siquiera así es tan poderosa como antaño”.

Sin embargo, Wolff afirma que las empresas se encuentran en un atolladero. “Los consejos de supervisión deberían estar formados por personas que han dirigido la empresa para saber cómo solucionar los problemas y cómo controlar a los directores. Hay muy pocos que cumplan este requisito”, considera. Al mismo tiempo, la acumulación de cargos no está exenta de problemas: “Si todos están en los mismos círculos se plantea una seria duda de sí hay suficiente capacidad crítica”.

Más posibilidades de control de los accionistas

Marc Tüngler, de la Asociación Alemana de Protección a la Posesión de Valores (DSW), también ve un peligro de conflictos de interés en la acumulación de cargos, aunque estima que dicho problema es controlable. “La pregunta sería: ¿existe un pequeño club de élite que se reúne en consejos de empresa y cuyas redes marcan a grandes rasgos la economía? La respuesta es no”, dice el protector de los accionistas. “Puede ser que algunos lo crean, pero no es así”. Al contrario que hace 10 ó 15 años, para proteger el interés del accionista hay controles que evitan la construcción de esos “grupos de poder”. Incluso la conciencia del problema ha aumentado entre los ejecutivos.

Límite de cinco mandatos

Tüngler considera incluso como una ventaja que miembros de los consejos actúen en varias empresas, porque ellas mismas se benefician de la experiencia de los directivos. Sólo que habría que poner límite. “El límite superior está en cinco años de mandato”, concreta el director de la DSW, que también es miembro de varios consejos. “Un límite así es necesario porque las exigencias el consejo de empresa son cada vez mayores”, opina Tüngler, aludiendo al poder y significado que los consejos han ganado en los últimos años.

Además, multi-consejos de administración no sólo existen del lado capital. También en el área de los trabajadores hay ejemplos. Por ejemplo el presidente del sindicato IG Metall, Berthold Huber, también representa a los trabajadores en los consejos de Siemens, Volkswagen y Audi. O el jefe sindical Frank Bsirske, que es miembro del consejo el Deutsche Bank, Postbank y del consorcio energético RWE. Sin embargo, eso le preocupa menos a Wolff: “Eso no es un problema”, afirma. Se trata solo de un puñado de casos.

Una pareja muy poderosa

Según el análisis de Wolff, el consejero más poderoso de Alemania es el ex director de Lufthansa Wolfgang Mayrhuber, que no sólo controla la mayor aerolínea alemana y el especialista en semiconductores Infineon, sino que también es miembro del grupo de control de la reaseguradora Munich Re y de la empresa de automóviles BMW.

Por su parte, las mujeres juega un papel secundario en el “Cartel de consejeros”. Sólamente tres de ellas están en la lista de Wolff de los consejeros más poderosos de la república. Y eso quizás sea un indicio más la exclusividad del círculo. La mujer más poderosa es Ann-Kristin Achtleiner (15° puesto), que a la vez es esposa de Paul Leitner (5° puesto). En total, la pareja es miembro del consejo de seis empresas del índice alemán DAX.

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