Empleo doméstico: un limbo en Alemania

Millones de personas se ganan la vida como empleados domésticos fuera de sus países de origen. La Organización Internacional del Trabajo toma medidas para protegerlos de los abusos de los que suelen ser objeto.

La OIT defiende el derecho de los empleados domésticos a pago justo, vacaciones y seguro médico. La OIT defiende el derecho de los empleados domésticos a pago justo, vacaciones y seguro médico.
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DW
En América Latina no es extraño que uno o más miembros de una familia abandonen sus países con la esperanza de obtener puestos de trabajo bien remunerados en otros. Entre ellos abundan los hombres y mujeres altamente calificados que sueñan con desarrollarse profesionalmente, poniendo en práctica todo lo que saben y recibiendo el justo reconocimiento por sus aportes, sostiene Kyoko Shinozaki, quien investiga el fenómeno de las familias transnacionales en la Universidad de Bochum.

Sin embargo, millones de emigrantes –no solamente latinoamericanos, la migración laboral es una tendencia global– terminan ganándose la vida en el extranjero como empleados domésticos, sin permisos de residencia y bajo pésimas condiciones de trabajo. De sus hijos se encargan sus parientes más cercanos y niñeras con recursos económicos aún más escasos o provenientes de países más pobres. Este tipo de situaciones son harto conocidas alrededor del mundo.

Muchas mujeres polacas cuidan a ancianos en Alemania, mientras sus hijos son atendidos por niñeras ucranianas. Y la mayoría de los empleados domésticos en Hong Kong son de Indonesia y Filipinas. En este sentido, los nuevos enclaves ricos en el hemisferio sur compiten con las potencias económicas del norte como imán de trabajadores domésticos. Lo que buena parte de estas personas tiene en común es la inestabilidad financiera derivada de sus circunstancias laborales.

La OIT ha tomado cartas en el asunto

Sabine Ferenschild, del Instituto Südwind para la Economía, señala que gran parte de los empleados domésticos carece de seguro social. El 40 por ciento recibe pagos que están por debajo del salario mínimo oficial de los países en que trabajan; pero ese y otros abusos de los que son objeto tienden a quedar impunes porque el Estado de acogida no vela exhaustivamente por los derechos de los inmigrantes. De ahí que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) haya tomado cartas en el asunto.

El convenio número 189 de la OIT en pro del trabajo digno para los trabajadores domésticos defiende el derecho de éstos a un pago justo, a vacaciones y a seguros médicos. La fracción parlamentaria del partido socialdemócrata alemán asegura que el Bundestag ya aprobó esa convención y que sólo se está esperando su ratificación. Cuando sus exigencias entren en vigor en territorio germano, los empleados domésticos con permiso de residencia y de trabajo en Alemania podrán dirigirse a los sindicatos si quieren quejarse por sus condiciones laborales.

La situación seguirá siendo difícil para los inmigrantes indocumentados. Y es que, por temor a ser repatriados a sus países de origen, ellos evitan denunciar ante las autoridades los abusos a los que son sometidos.

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