Las reglas para una lluvia de ideas efectiva

Como bien es sabido, las lluvias de ideas se han convertido en uno de los mayores instrumentos para crear estrategias, productos y desarrollos. Sin embargo, para que éstas funcionen como todos creemos, se debe seguir algunas reglas.

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La lluvia de ideas no es solo sentarse en conjunto con sus colegas o familia a lanzar ideas desarticuladas, para que en medio de esta ráfaga, usted pueda estructurar un pensamiento en concreto. Esta herramienta, que funciona muy bien con buena implementación, puede fallar si se le toma como un juego.

A continuación le mostramos el listado que cita la Revista Gestión, sobre la correcta forma de llevar a cabo este proceso, para que le genere los resultados que usted espera.

Tiempo y frecuencia:
A pesar que la mayoría de las personas creen que una lluvia de ideas consta de una sesión milagrosa en donde se develan las soluciones mágicamente. Esto no es así. Las sesiones no deben extenderse más allá de hora y media, pues a partir de ese momento, se suele empezar a repetir las mismas ideas, llegando incluso a romperse el primer objetivo. Lo que lleva a que existan más de una sesión y que estas deban hacerse cada dos o tres días, hasta que se logre llegar a lo esperado.

Sin juicios:
Renuncie a las críticas durante la primera sesión de la lluvia de ideas, de tal modo que los participantes se sientan libres de expresar sus opiniones, sin miedo a que se juzgue lo que se vaya exponiendo. Por más que le parezca loca o incoherente alguna idea, celebre que ésta surja, ya que puede que de ellas surjan estrategias o productos realmente innovadores.

Meta:
Es fundamental plantear un objetivo general que deba alcanzarse, pero sin detallar la profundidad de todo el asunto a tratar, ya que lo que se busca con esto es dejar rienda suelta a la creatividad.

Todos, son todos:
Los trabajadores que participen en las sesiones deberán aportar, al menos, una idea original, independientemente de cual sea. Por lo que el moderador debe tratar de garantizar que todos hayan participado activamente, aunque lo ideal es informar previamente de la necesidad de que cada uno aporte, como mínimo, una propuesta.

En cuanto a quiénes son los que deben participar, todos los miembros de una organización tienen la posibilidad de hacerlo, independientemente de su puesto o experiencia. De hecho, es muy positivo crear sesiones con grupos formados por miembros de distintos departamentos.

La clave, es el moderador:

El papel del moderador es fundamental en realizar una óptima sesión de Lluvia de ideas, pues es éste quien lleva la batuta, para evitar confusiones, mantener el foco del grupo y verificar la participación de todos, fomentando el respeto.

Las responsabilidades de este pasan por saber escuchar, ser imparcial, otorgar la palabra, anotar las conclusiones que resulten de la sesión, fomentar el debate en caso de ser necesario, verificar que las propuestas respondan al objetivo principal y mantener el respeto.

Retroalimentación:

Una vez se obtengan los resultados, es recomendable proporcionar feedback al grupo para que éste sea consciente del impacto de sus propias ideas, y conozcan si van a ser llevadas a cabo, de qué manera, o si van a ser guardadas para otro momento.

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