¿Por qué es mejor no tener un jefe simpático?

por BBC Mundo

Los ‘agradables’ o ‘buena gente’ pueden bajar las expectativas de su equipo, incluso arriesgando el logro de metas que son imperativas para las empresas.

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Y esto es lo que esas personas no entienden: sólo porque alguien es amable no quiere decir que sea un buen patrón.

En la vida laboral se atraviesan muchos jefes que se ufanan de ser exigentes, pero en demasiados casos lo que quieren es ser apreciados por los empleados. Además, quieren que se hable bien de ellos, que sus subordinados sean sus “amigos”.

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Ese tipo de jefe tiene miedo de fijar objetivos de rendimiento muy altos y de retar a su personal a cumplirlos y sobrepasarlos, porque cree que si lo hace su estima podría disminuir. Como consecuencia, baja sus expectativas, a veces sin darse cuenta. En esos casos, no es de extrañar que el rendimiento flaquee.

Exigencia y resultados

Algunos de los mejores líderes que he visto, ya sea en investigación o capacitación, van a su trabajo enfocados ferozmente en obtener resultados.A esos enormemente exitosos jefes no les importa mucho caer bien. Sus expectativas son impactantes y no negociables, y sus equipos lo saben.

Un referente de este comportamiento es el del gurú inmobiliario Bill Sanders. “Todo el mundo sabía que Bill exigía resultados”, dice Ronald Blankenship, expresidente del fondo de inversiones inmobiliario Verde Realty y socio de Sanders desde hace mucho tiempo. “Si ibas a trabajar con él, tenías que estar preparado para hacer de eso tu foco principal”.

Esos grandes líderes no tienen miedo de imponer su ley. No dudan ni por un solo instante. Y, paradójicamente, su dureza, acompañada de su fidelidad a las visiones únicas e inspiradoras que profesan, muchas veces genera apreciación.

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De hecho, producen algo más grande que una simple estima entre la mayoría de los empleados. Es un respeto profundo, lealtad, incluso amor. Por supuesto, ser duro no significa ser ofensivo.

¿Como saber si usted tiene el "síndrome del jefe simpático"?

Tome una libreta y haga un registro de las respuestas afirmativas al siguiente cuestionario:

  • ¿Ha cambiado en el último año sus expectativas por alguien más de una vez, luego de su fracaso en su intento por alcanzar los estándares que había impuesto?
  • ¿Ha fallado en el último año en la tarea de hacer un seguimiento y castigar malas conductas?
  • ¿A veces usted entrega bonos o algunas compensaciones especiales a los empleados, incluso si no han cumplido sus objetivos, solo porque se "esforzaron"?
  • ¿No fija objetivos claros, significativos para los miembros de su equipo? Los objetivos claros son específicos, medibles, y tienen plazo. No así los que son vagos.
  • ¿Tiende a reservarse comentarios negativos por temor a molestar o enajenar a alguien?
  • ¿Al dar feedback negativo, nota que lo suaviza?
  • ¿Te ven tus jefes o colegas gerentes como blando y excesivamente condescendiente?
  • ¿Tienen las personas que trabajan para ti una tendencia a quedarse dormidos en sus laureles cuando logran algún éxito?

Si responde afirmativamente a tres o más de esas preguntas, es posible que esté sufriendo del “síndrome del jefe simpático”.

¿Qué hacer?

Si ese es tu caso, es hora de que cambies tu forma de pensar si pretendes que se te respete, y no simplemente que caigas bien:

  • Lleve un "registro de expectativas", estableciendo perspectivas de rendimiento para cada miembro de su personal, sus observaciones diarias en curso sobre su rendimiento y cualquier acción que ha tomado para hacer cumplir esas expectativas.
  • En cada uno de sus informes, revise los objetivos que fueron acordados. ¿Son lo suficientemente ambiciosos y agresivos? ¿Son claros y cuantificables? No los rebaje simplemente porque alguien no puede cumplir un objetivo.
  • ¿Hay alguna forma de "ludificar" las expectativas de rendimiento y hacerlas públicas o transparentes entre su equipo? Hacerlo puede fomentar una competencia más sana y hacer más difícil que eludas la necesidad de hacer rendir cuentas al personal.
  • Ensaye dar feedback negativo: evite emocionarse y limítese a los hechos. Advierta que ese comentario negativo se aproxima para que no sea una sorpresa. Concéntrese en cómo hacer las cosas mejor la próxima vez, en vez de simplemente criticar el pasado.

Puede que los jefes “agradables” o “buenos” se sientan bien consigo mismos, pero no consiguen resultados de la más alta calidad. Los jefes exigentes sí los logran. Y si trabaja para un jefe amable, no te quedes demasiado contento y satisfecho con lo que estás haciendo y los resultados que estás obteniendo.

Si no está mejorando en lo que hace, aprendiendo y desarrollándose en el proceso, no solo se va a mantener en el mismo punto, sino que está quedándose rezagado. En el mundo empresarial moderno -donde la competencia puede llegar en cualquier momento de cualquiera y de cualquier parte- sólo lo suficiente no es la fórmula para tener éxito.

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