Lo bueno del caos

Las personas que mantienen su escritorio desordenado pueden dar la impresión de ser perezosos o descuidados. Pero un estudio acaba de demostrar que son más creativos e innovadores.

La recomendación es tener un escritorio desordenado al principio de un proyecto y uno limpio al final. La recomendación es tener un escritorio desordenado al principio de un proyecto y uno limpio al final.

El archivo fotográfico de la revista Life, disponible en los servidores de Google, tiene varias imágenes de Albert Einstein con las que muchos han intentado explicar su genialidad. Una de ellas es la de su escritorio, que quedó retratado con pilas de papeles, sobres y fórmulas a medio escribir, revistas viejas, ceniceros y bolígrafos perdidos, entre muchas otras cosas.

Ese desorden de Einstein es uno de los argumentos que recientemente han utilizado los sicólogos para asegurar que es mejor trabajar en un escritorio desorganizado que en uno pulcro y ordenado. Al menos cuando lo que se busca es creatividad, desarrollo de nuevos productos o soluciones a problemas.

Un estudio encabezado por la psicóloga Kathleen Vohs, de la Universidad de Minnesota, publicado por la revista Psychological Science, sostiene que estar rodeado por el desorden puede promover el pensamiento creativo y estimular nuevas ideas, mientras que un escritorio limpio ayuda a enfocarse y a tener unas conductas más sanas.

Por este motivo, la recomendación es tener un escritorio desordenado al principio de un proyecto y uno limpio al final. La idea es que, a medida que se avanza en el trabajo, se sale del caos (desorden) y se puede completar la labor de forma más eficiente, sin distracciones.

Para llegar a esta conclusión, Vohs realizó un experimento con trabajadores que tenían escritorios ordenados y desordenados. Tras llenar unos formularios y unas pruebas de comportamiento, los primeros mostraron una marcada tendencia a donar más a la caridad, elegían refrigerios saludables y tomaban mejores decisiones en comparación con sus compañeros desordenados. “Estar en un entorno limpio y organizando, parece animar a la gente a hacer lo que se espera de ellos”, explicó Vohs a Psychological Science.

En lo que respecta a las personas con escritorio desordenado, mostraron mejores resultados en las pruebas en las que se les pidió a los participantes buscar nuevas formas de usar una pelota de ping-pong. “Los ambientes desordenados estimulan la creatividad, lo que tiene amplia importancia para la cultura, los negocios y las artes”, dijeron los investigadores.

Pese a las bondades que se le atribuyen al desorden, la principal conclusión de este estudio es que el entorno pulcro o el desorganizado tienen beneficios distintos dependiendo de dónde se trabaje. Los defensores del orden afirman que este genera mejoras medibles, así que funciona en departamentos como contabilidad o finanzas. Por el contrario, el desorden debería ser más apto en las áreas de mercadeo o diseño.

Sea como sea, si solo se tiene como referencia a los premios Nobel, que prefieren los ambientes desarreglados, vale la pena recordar una frase atribuida a Einstein: “Si un escritorio abarrotado es síntoma de una mente abarrotada, entonces ¿qué debemos pensar de uno vacío?.



Para lidiar al desordenado
Respete las cosas de su compañero, no las bote sin su autorización, pues así será más difícil que coopere en el orden de la oficina.

Busque acuerdos para el uso de los espacios compartidos. Recuerde que hay distintas formas de ser ordenado y es posible que su compañero necesite tener más cosas a la vista que usted.

Tenga cuidado con lo que dice. No se esté quejando constantemente de su compañero de al lado y trate de construir una relación que le permita llegar al punto de sugerirle deshacerse de algunas cosas. 

Cuestión de imagen
Aunque los promotores del desorden alaban su carácter inspirador, sus detractores dicen que deja mala impresión. Así lo muestra una encuesta de la consultora Addeco, según la cual 57% de los estadounidenses juzgan a sus compañeros de trabajo por el nivel de organización de su escritorio y atribuyen el desorden a la pereza, más que a una mente creativa.

La mala sensación que genera el desorden aumenta en las oficinas abiertas de hoy, donde los escritorios pueden ser vistos por compañeros y visitantes, así que si quiere que no lo juzguen como perezoso, debe seguir los siguientes consejos de la revista Forbes.

Establezca una cita semanal para limpiar. Para evitar que el desorden lo supere y que sus colegas lo asocien con una incapacidad suya para organizar y completar proyectos de trabajo, fije un recordatorio semanal en su calendario para organizar durante 15 minutos. Bote basura, recoja objetos personales que necesita llevar a casa y ordene papeles sueltos.

No apile documentos. No se engañe con la idea de que apilar reduce el desorden, pues el problema no es el espacio, sino la cantidad de cosas. Se recomienda dividir el escritorio por zonas: una para el computador, otra para libros, otra para suministros y una más para archivos. Dele espacio a todo y límite la cantidad de elementos por área, así cuando agregue un libro nuevo saque uno de la estantería.

Su escritorio no es una bodega. En una superficie plana lo único que debe haber en el radio de los brazos debe ser lo que se necesita de inmediato. Para la mayoría, esto significa monitor, teclado, teléfono, dos lápices, un cuaderno, un vaso y una fotografía familiar. El resto debe mantenerse en cajones del escritorio u otras zonas del espacio de trabajo.

Elimine el desorden digital. Este desorden puede ser tan estresante como el físico. Se calcula que la mayoría de personas pasa entre 30 y 60 minutos al día buscando archivos en el computador. La clave es organizar la información del mismo modo que los archivos de papel, con un sistema de carpetas lógico y claramente etiquetado. Reemplace las notas adhesivas en su monitor por recordatorios en el calendario.


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