Tres condiciones básicas para que su Pyme tenga éxito

por Rigoberto Puentes

¿Qué determina el éxito de una Pyme? Conozca si en realidad pesa más el capital, las ventas, la administración o la planificación para que su emprendimiento sobre pase el punto de equilibrio y se convierta en un empresa exitosa.

El 50 % de las Pymes que se inician, con mucha ilusión y grandes expectativas de éxito, no alcanzan a durar un año. El 50 % de las Pymes que se inician, con mucha ilusión y grandes expectativas de éxito, no alcanzan a durar un año.
Según revelan algunas estadísticas de diferentes países, el 50 % de las Pymes que se inician, con mucha ilusión y grandes expectativas de éxito, no alcanzan a durar un año; un 30 % adicional quiebra dentro de los cuatro años siguientes, y solamente el 5 % de las que comenzaron pueden celebrar exitosamente la década.

De acuerdo con la mayoría de las estadísticas, el fracaso se debe —en un 95 % de los casos— a la falta de educación financiera y administrativa de sus directivos. Por lo que el especialista en Finanzas Rigoberto Puentes realizó un listado de las condiciones básicas para que una pyme no sólo sobreviva, sino que tenga éxito:

No basta con tener una brillante idea para desarrollar un negocio. Tampoco es suficiente con que ésta vaya acompañada de un abultado capital, conocimiento técnico, entusiasmo, compromiso, eficiencia, autoconfianza, habilidad para vender y todas las demás características que mencionan los especialistas en emprendimiento. Todo lo anterior no sirve de mucho si no se cuenta con lo más importante: la habilidad para planificar y administrar adecuadamente los recursos financieros.

Antes de pensar siquiera en el nombre de la empresa o en el registro de la misma, es fundamental tener un plan de negocios (escrito) bien sustentado, con extensa información sobre el mercado en el que se piensa incursionar. En el plan deben quedar claramente definidos tanto los objetivos del negocio como las estrategias que conduzcan, por la vía más eficiente, hacia los objetivos. Y, por supuesto, el plan financiero que permita administrar los recursos de manera tal que estos alcancen hasta que la empresa supere la curva de aprendizaje y empiece a sostenerse por sus propios medios y a generar utilidades para sus dueños.

Las empresas no quiebran porque sus estados de pérdidas y ganancias estén en rojo.
Quiebran cuando tienen problemas de liquidez. Una organización puede aguantar mucho tiempo operando a pérdida y seguir sobreviviendo; pero cuando pierde la capacidad de generar dinero para pagar la nómina y atender los compromisos del día a día, es entonces cuando la situación se hace inmanejable y tiene que cerrar sus puertas.
La herramienta contable más importante de una empresa no es el estado de ganancias y pérdidas, sino el flujo de caja. Si la gerencia mantiene un buen control de éste, administrando los fondos de manera tal que siempre haya dinero para cubrir las salidas de los próximos días, semanas y meses, todo estará bien.

Esto, para las empresas en su etapa de gestación, significa que los accionistas tienen confianza en el negocio que están iniciando y están dispuestos a seguir aportando para sacar adelante el negocio, o que los bancos consideran que el proyecto tiene buenas perspectivas de salir adelante y están dispuestos a seguir financiándolo.

Para las empresas en su etapa de desarrollo significa que ya han salido o están saliendo de la curva de aprendizaje y que ya han llegado al punto de equilibrio y empiezan a generar ingresos que superan a sus costos y gastos… ¡que ya van encaminadas a estar dentro del 5 % de las que superan la década!




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