Workaholics billonarios

Amantes de las jornadas laborales largas y estresantes, varios de los hombres más ricos del mundo son incapaces de dejar de trabajar. ¿Obsesión, o clave del éxito?

Arturo Calle no abandona el liderazgo de su empresa, a pesar que hoy está en manos de su hijo. Arturo Calle no abandona el liderazgo de su empresa, a pesar que hoy está en manos de su hijo.
A los magnates, como los que se reunieron en el foro de Davos hace unos días, les gusta definirse como workaholics, porque es una forma de demostrar que su riqueza se debe únicamente al esfuerzo.

Esta posición difiere de la frase que ha hecho carrera en Colombia: ‘si mañana no vengo a trabajar, es porque me gané el Baloto’, palabras favoritas de quienes sueñan con convertirse en millonarios de la noche a la mañana.

Sin embargo, aquellos que ya cuentan con abultadas fortunas, en lo último que piensan es en dejar de trabajar. Incluso, su principal característica es el disfrutar la actividad que los convirtió en millonarios y no la abandonan así hayan realizado procesos de sucesión.

Uno de ellos es el del hombre más rico de Colombia, Luis Carlos Sarmiento Angulo (cuya fortuna equivale a unos 350 Balotos, si se toma en cuenta el valor promedio que se ha entregado como premio en los últimos 11 años). A sus 80 años, sus días comienzan a las 6:30 a.m. con la lectura de periódicos, luego media hora de deporte y después a la oficina. Regresa a su casa “como a las 9 de la noche”, contó recientemente en una entrevista a Caracol Radio.

Los mega-ricos no llevan una vida de vacaciones permanentes y, por el contrario, realmente se dedican a su trabajo. No se la pasan a diario en almuerzos de cuatro horas, sus jornadas laborales superan las ocho horas diarias y pueden ser tan estresantes como las de sus subalternos.

Por eso muchos se preguntan ¿por qué lo hacen si tienen suficiente dinero para quedarse disfrutando en sus yates o islas privadas? La primera respuesta obvia es que su dedicación al trabajo fue la que los convirtió en magnates. La revista Forbes les preguntó a varios millonarios la razón que los lleva a seguir en la oficina y las repuestas son “para seguir prosperando” y que no ven razón para parar, pues hacen lo que les gusta.

Un caso emblemático es el del estadounidense Bob Shullman, quien se convirtió en millonario al presidir la encuestadora Ipsos Mendelsohn en Estados Unidos. Se retiró en enero de 2012 y este año lanzó una nueva empresa de investigaciones llamada Shullman Research Center. Su argumento para no dejar de trabajar es que “le gusta vivir con un reto constante”.

Horst Paulmann

El chileno dueño de Cencosud tiene 78 años y una fortuna de US$9.300 millones. Sigue tan activo que, tras la compra de los almacenes Carrefour en Colombia, viaja constantemente a nuestro país para supervisar el cambio de marca a Jumbo.

Arturo Calle

Aunque la administración de la cadena de almacenes de ropa masculina que tiene su nombre está hoy en manos de su hijo, Carlos Arturo, el fundador de esta empresa sigue yendo a diario a la oficina, justo al lado de la de su heredero.

Pedro Gómez Barrero

El legendario constructor, de 84 años, sigue siendo el presidente de la empresa que lleva su nombre. Sus jornadas arrancan a las 8 de la mañana y pueden ir hasta las 10 de la noche. Está encima de todas las operaciones de la compañía y es él quien las aprueba.

Warren Buffett

El tercer hombre más rico del mundo sigue trabajando y dando consejos de inversión, pues las apuestas de su empresa Berkshire Hathaway son seguidas por Wall Street. Con 82 años y un cáncer, ni siquiera ha nombrado a su sucesor.

Luis Carlos Sarmiento

Con 80 años, sigue al mando de sus empresas como presidente de la Junta Directiva del Grupo Aval. Es el cuarto hombre más rico de América Latina, según la firma de Singapur, Wealth-X.


Es generacional

Los millonarios comparten un rasgo común: nunca han considerado dejar de trabajar. La idea de parar no está en sus genes y es además un tema generacional pues, para ellos –en su mayoría son fundadores de empresas y pertenecen a la llamada generación de los baby boomers, es decir, nacidos entre los años 40 y fines de la década de los 60– el trabajo es esencial para sus vidas.

Otra visión pueden tener sus herederos, en especial si pertenecen a la llamada generación de los millennials (los nacidos en la década de los 80), pues para este grupo el trabajo es el medio y no el fin y sus metas financieras no son muy ambiciosas, ya que nacieron en cuna de oro.

No obstante, hay excepciones notorias de herederos que han hecho crecer más el dinero que les dejaron sus padres a punta de trabajo. En Colombia está el fallecido Julio Mario Santo Domingo y en Estados Unidos, David Rockefeller, banquero que sigue trabajando a sus 97 años y es heredero de la famosa dinastía. De hecho, este último es el millonario más viejo de la lista de Forbes, con una fortuna de US$2.700 millones.

Otro factor que favorece el seguir trabajando después de la edad de pensión tiene que ver con que hoy las personas de 70 e incluso de 80 años están saludables, en especial los ricos, que han tenido todas las facilidades para mantenerse sanos. Si bien sus jornadas laborales son largas, al sentirse cansados pueden ir a la casa o al club, viajan siempre en primera clase o en sus propios aviones y el tráfico no es problema pues los escoltas les abren paso.

Algunos analistas atribuyen su negativa a dejar de trabajar a un tema sicológico, pues están acostumbrados a ser los ‘mandamases’, en especial si fueron los fundadores del emporio.

Un factor más que los ‘obligaría’ a seguir trabajando es mantener un estilo de vida muy costoso, que no quieren disminuir. Eso sí, con todo y su adicción al trabajo, es claro que este grupo reafirma la frase de Pambelé según la cual “es mejor ser rico que pobre”. Sobre todo si el plan es trabajar después de los 60 años.

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