El primer sindicato de empleadas domésticas ya existe

El pasado primero de marzo 28 mujeres, todas de raza negra y todas empleadas del servicio en hogares de Medellín, dieron cuerpo al primer sindicato con componente étnico que se crea en el país, y tal vez en el mundo: la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico, UTRASD.

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En Medellí se creó la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico, UTRASD. Dada la cercanía al Chocó y el constante flujo migratorio desde este departamento, la capital antioqueña comporta un considerable número de población afro: 236 mil personas, según el último censo de la Corporación Convivamos y la Alcaldía de Medellín, y el 52% son mujeres.

Sólo que para éstas las posibilidades laborales son limitadas en proporción directa con su preparación académica. De ahí que la mayoría de estas mujeres lleguen a Medellín en busca de empleo en el servicio doméstico, que no requiere ningún tipo de calificación.

Pero el servicio doméstico, más para las negras que para cualquiera otra trabajadora que no lo sea, está minado de discriminaciones y abusos por parte de los patrones; y de la misma legislación laboral que todavía consciente normas claramente discriminatorias, pese a que el año pasado, mediante ley del Congreso, Colombia ratificó el convenio 189 de OIT que trata de los derechos de las trabajadoras domésticas, quienes regularmente padecen múltiple discriminación en razón de su condición de mujeres, de negras y pobres, además dedicadas a un oficio estigmatizado, socialmente poco valorado y mal pagado. La mayoría recibe al mes menos del salario mínimo.

Un reciente estudio adelantado por la Corporación Carabantú y la ENS entre 182 empleadas domésticas de raza negra en hogares de Medellín, reveló que este oficio se caracteriza por ser altamente deficitario en indicadores de Trabajo Decente.

Empezando por su alta informalidad: el 85.7% de los contratos son verbales, con el agravante de que ellas creen que por eso no tienen derecho a sus prestaciones sociales, cuando sí los tienen, circunstancia esta que los empleadores aprovechan para conculcarles derechos. Entre ellos el de la jornada laboral. En un hogar prácticamente les toca trabajar desde que se levantan hasta que se acuestan, sin reconocimiento de horas extras ni festivas.

Además casi todas tienen hijos y son madres solteras o separadas, cabeza de familia, y en alto número llegan desplazadas de sus regiones de origen a ubicarse en zonas de estrato socioeconómico bajo, no logran ascender laboralmente. Con el agravante de que por ser un oficio que hacen de puertas para adentro, son poco visibles las reiteradas violaciones de sus derechos; y es casi nula la inspección del Ministerio de Trabajo para detectar irregularidades. En el 2011 sólo hubo 5 inspecciones laborales a hogares, mientras en el sector comercio realizó cerca de 4 mil inspecciones.

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