Ocho 85, renovando las costumbres

Una buena arquitectura interpreta los cambios de una sociedad y adecúa sus propuestas a los nuevos requerimientos. El edificio Ocho 85 privilegió su diseño general e interior para que las zonas comunes fueran atractivas y utilizables, una extensión de cada apartamento, el espacio para socializar.

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La renovación no es, solamente, demoler y volver a construir proyectos que aprovechen las nuevas tecnologías y materiales, o configuraciones diferentes debido a los cambios en las costumbres. La renovación también es válida para suministrar otros servicios. Y esta es la apuesta que hizo Nicolás Manrique Construcción en el edificio Ocho 85 donde se conjugaron las dos modalidades. Allí, en la calle 85 con carrera octava se les dio nueva vida a tres lotes empleados en usos diferentes a los de la vivienda, con lo cual se recuperó una esquina donde había dos parqueaderos públicos y cambiaderos de aceite y una casa muy deteriorada donde estaba la Alianza Francesa.

“Este proyecto nace de la fortuna de encontrar un área de 2300 metros en esta ubicación. Hicimos un edificio con más servicios para la vivienda, con más espacios verdes y con una calidad que se traduce en diseño, Arquitectura, luminosidad y sostenibilidad, es decir, un proyecto duradero porque usa materiales de calidad”.

Esa ha sido la característica de la empresa durante los años de su existencia. Tal vez por ello se haya establecido una relación entre clientes y constructor de absoluto entendimiento y confianza, lo cual deriva en que incluso algunos les compran antes de tener los planos. De hecho, cuando empezó la construcción del Ocho 85 ya estaba vendido más del 93 %.

Dos torres sueltas, ligeras, iluminadas, son el resultado de la arquitectura general de Carlos Felipe Botero, de la firma Cuéllar Serrano Gómez. Estas irradian una idea de discreción y respeto hacia una ciudad a la que se abren los ventanales de su recepción. El paisajismo que las rodea le brinda al peatón un entorno verde que cumple con la función de relacionar el exterior con el interior, sin fronteras muy drásticas.

Las zonas comunes se concibieron teniendo en cuenta la transformación de las costumbres de la sociedad y proponen un intercambio entre la gente que frecuenta el edificio. Por eso, el antiguo salón comunal es hoy un versátil salón de reuniones, anexo a una piscina climatizada, a una terraza con zona infantil, barbecue y espacios de ocio con grandes zonas verdes de más de 300 m2. . “La idea –explica Nicolás Manrique– es que estos espacios sean una extensión, un complemento del apartamento. Porque queremos que sean atractivos, que inviten a usarlos, el diseño interior ha sido cuidadoso y especial”.

El concepto no solo impera en las áreas de entretenimiento. También está presente en el elegante “lounge”, diseñado como una extensión de la oficina de sus propietarios. De acuerdo con el ingeniero Manrique, hoy con mayor frecuencia se trabaja en la casa y esta alternativa también se expresa en la arquitectura. El edificio le ofrece al propietario un lugar adecuado para atender reuniones con clientes o socios, con un diseño interior sobrio, de alta tecnología, enmarcado en una paleta de color amable y tranquila, compuesta por verdes, ocres, vinotintos y grises. De la unidad decorativa de estos escenarios se encargó a la decoradora Ángela Crane.

Para complementar estas áreas se construyó un moderno gimnasio dotado con equipos cardiovasculares de última generación, y un lobby rodeado de un atractivo paisajismo que proyecta la amabilidad en el recibo, creatividad que se le debe al arquitecto paisajista Ramiro Olarte. Además de las zonas ya mencionadas, se encuentran los 173 parqueaderos –concebidos como “el lobby del propietario”– con salón para los conductores, caldera de gas central para la provisión de agua caliente para los dos edificios.

En la propuesta de calidad está implícita la idea de sostenibilidad. Se expresa también en la tecnología que está en el núcleo de este proyecto. Aunque la inversión inicial por este concepto es mayor, en el largo plazo significa una disminución en los costos de administración y vigilancia. Ello se refiere a las diversas funciones computarizadas: la iluminación, la red de control de incendio, el monitoreo de los equipos y de la caldera. El sistema de alarma electrónico por apartamento y para el edificio, con monitoreo central y 65 cámaras con grabación permanente proporcionan una sólida seguridad.

Además, el corazón de cada torre lo recorre un ducto inteligente por donde circulan las redes que les dan conectividad a los apartamentos. Cada vivienda cuenta con un panel central de conexiones para instalar cualquier sistema; de sonido, de video, de automatización o de internet, una solución técnica práctica y estética.

Diseño personalizado

Guillermo Arias y asociados ha colaborado, desde hace más de diez años, en los proyectos de Nicolás Manrique. En el edificio Ocho 85 se encargó de la arquitectura interior de las zonas comunes y de los apartamentos.

Los materiales hacen parte de la arquitectura, no son decoración. Sin embargo, el cambio en la textura de un pañete, como sucede en algunas de las chimeneas, es un detalle que le añade una experiencia distinta al espacio e influye en el aspecto final.

Un proyecto personalizado permite un muy buen diseño del espacio. Así ocurrió en los apartamentos del edificio Ocho 85 en donde, con la asesoría del reconocido arquitecto Guillermo Arias, cada propietario pudo definir elementos tales como dimensiones de puertas, tipo de iluminación o combinación de materiales. El resultado es un lugar hecho a la medida, muy cuidadoso en los detalles, que son los que hacen la diferencia.

En efecto, a cada uno de los tres tipos de apartamentos –de 213, 254 y 326 m2– se les podía dar el acabado escogido en una paleta de ofertas. Nadie con más experiencia para llevar a cabo esta tarea que Arias. El arquitecto es un firme defensor de la importancia del interiorismo para integrar todos los elementos en función de la calidad del espacio y del confort del usuario. “La arquitectura es una totalidad, desde el urbanismo de una ciudad hasta el detalle de un tornillo. Algunos piensan que es el cascarón, pero creo que es el conjunto, pues si no se tiene un mueble especial, la proporción adecuada en una ventana, la iluminación que destaque un detalle arquitectónico o cree una atmósfera, si ese espacio interno no está bien resuelto, de nada vale que la fachada sea espectacular”.

Como filosofía, un cambio en la distribución habitual, en función de los usos. Por esta razón, la alcoba principal está cerca de la zona social, sin una “separación muy dramática” para que las salas no sean espacios poco utilizados y se integren a la rutina diaria.

“A muchas personas les puede parecer raro. Pero si uno piensa en que una mañana de domingo se levanta y al abrir la puerta su alcoba se le agranda en 50 o 60 metros cuadrados más, eso es muy agradable”.

El trabajo se hizo respetando unas directrices generales que caracterizan las viviendas de este proyecto: altura de tres metros de piso a techo, lo cual permite una sensación de mayor espacialidad, eficiencia en closets, más sitio para guardar de manera práctica. Se logró amplitud, comodidad y luz natural los baños.

Pero, además, en esta arquitectura interior bien resuelta, como explica Guillermo Arias, “el ‘plus’ está en la personalización, pues un propietario podía solicitar modificaciones sobre planos. Con esta forma de trabajo se evitaron las entregas en obra gris, una modalidad en la que, si bien el dueño termina su apartamento según sus gustos, tiene que encargarse personalmente de esta etapa en la que la presencia de obreros nunca se detiene.

En este caso, en cambio, Nicolás Manrique Construcción les dio a sus clientes la posibilidad de escoger sus cocinas, entre una oferta de alta gama, los pisos, el color de la carpintería, los baños, los materiales, la grifería, en su mayoría elementos importados.

Un ejemplo de la incuestionable relación entre interiorismo, cuidado en los detalles y excelencia en los materiales, que deriva en el confort para el habitante de la casa, se da en el caso de la ventanería. Es importada, diseñada contra el ruido, con doble vidrio, laminados con película de seguridad y control térmico y de rayos UV. Funciona como un sistema en el que intervienen el juego de empaques perimetrales y la cerradura con cinco puntos de cierre, gracias a lo cual el apartamento es más seguro e insonoro. También debido a la ventanería y a los estudios de asoleación, la calefacción es innecesaria y la ventilación es natural.

El manejo de la iluminación no se dejó al azar. . En este último renglón Arias es experto y hace énfasis en dos tipos de iluminación: la ambiental y la puntual. Con ello se consiguen atmósferas distintas según la funcionalidad de cada área. La cocina, por ejemplo, demanda una iluminación que rellena mientras que la sala puede tener, además, una sugestiva indirecta, según los estados de ánimo buscados.

Este ejercicio de diseño responde, en últimas, a esa relación que, durante más de 35 años, Nicolás Manrique Construcción ha tejido con sus clientes. Gracias a esta sabe lo que esperan de él y de los apartamentos que habitarán. Porque, además, ha sabido descifrar los cambios del país y su sociedad y los ha plasmado en espacios arquitectónicos que se transforman.

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