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El millonario negocio que nació de un 'guayabo'

Sophie Trelles-Tvede, creadora del proyecto Invisibobble, explica cómo convirtió los cables viejos de celular en ligas de cabello, que ahora vende a varios países.

Negocio con cables de celulares El negocio nació de una resaca, según su creadora. Foto: BBC Mundo Foto: BBC Mundo
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BBC

Crear una empresa probablemente sea lo último en lo que piense cuando tiene ‘guayabo‘.

En 2011, la suiza Sophie Trelles-Tvede cursaba su primer año en la Universidad de Warwick, Reino Unido, pero se sentía insatisfecha.

La joven, que por entonces tenía 18 años, fue a una fiesta bajo la consigna de vestirse de "cualquier cosa menos ropa" organizada por el sindicato de estudiantes.

"Cuando me dirigía a la puerta, vi el teléfono viejo y en desuso en la pared. Desenchufé el cable (que tenía forma de espiral) y me até el cabello", aseguró. El "momento de iluminación", describe, llegó a la mañana siguiente.

"Desperté con resaca, pero sin ningún dolor de cabeza, a pesar de que los había estado teniendo regularmente. La liga no tiraba de mi pelo ni dejaba una marca en mi cabello", cuenta Sophie, que ahora tiene 27 años.

Llamó a su entonces novio y ahora socio comercial, Felix Haffa, y ambos decidieron trabajar en la creación de un prototipo, una cinta para el cabello en espiral, financiando el proyecto ellos mismos.

"Le pedimos a un tipo que fabricaba el cable telefónico que lo cortara y lo soldara en forma redonda", cuenta.

"¡La primera caja (entregada) era horrible! Pero pensé: ‘todavía hay algo en esto‘", agrega Sophie.

"Una experiencia divertida"

La joven comenzó a pedir opiniones y hacer modificaciones del producto que le tomaron algunos meses.

Y entre ellas, Sophie decidió que el envoltorio debía ser transparente y con tres ligas en espiral para el cabello en cada caja por un valor de 5 librar (6,25 dólares).

"El empaque era muy importante para mí. Quería que comprar un Invisibobble (como se llama el producto) fuera una experiencia divertida, como comprar una paleta de sombras de ojos, en lugar de papel higiénico", compara.

Los dos decidieron cambiar a un fabricante más grande en China en 2012 para producir las cintas para el cabello a granel y ese mismo año comenzaron a vender productos en internet y en peluquerías.

Las ventas crecieron rápido e Invisibobble comenzó a venderse internacionalmente en 2013. En colaboración con distribuidores de todo el mundo, la empresa enviaba el producto a 12 países.

Aunque la compañía estaba creciendo, "la gente inicialmente despreciaba mi producto. Me hacía gracia porque era ‘solo un accesorio para el cabello‘ y mis compañeros de departamento se reían de mis publicaciones sobre el negocio en Instagram", cuenta Sophie.

Pero para cuando Sophie se graduó en 2014, Invisibobble tenía una facturación anual de más de US$6,6 millones.

"La gente todavía no puede creer que Invisibobble puede ser un trabajo de tiempo completo para mí".

"En mi último año, la consejera de la carrera me dijo que buscara empleos en Recursos Humanos cuando descubrió que yo quería trabajar únicamente en mi negocio".

Cambio de actitud

Sophie notó un cambio en 2016, después de que ella y su socio comercial aparecieron en la lista de minoristas de Forbes Under 30, el listado de emprendedores europeos menores de 30 años.

"Fue entonces cuando la gente comenzó a tomarnos en serio", afirma. Sophie dice que en ese momento comenzó a"elaborar estrategias".

"Pusimos un producto en el mercado y fue un éxito. Fue súper extraño. Pero nunca nos habíamos tomado un momento para dar un paso atrás y pensar en el panorama general".

Cuando Invisibobble comenzó a ser copiado, la joven cambió de táctica. "En todos los mercados, puede suceder lo mismo", analiza. "Producimos y luego otros crean una versión más barata".

"Ahora, es demasiado arriesgado tener una idea en la ducha. Tenemos que crear el accesorio para el cabello más innovador y tenemos equipos enteros que desarrollan los mejores productos o campañas", describe.

Y esa estrategia parece estar dando sus frutos a la compañía que ahora tiene su sede en Múnich, mientras que los productos se fabrican en Corea del Sur y Alemania, así como en China.

Invisibobble, que amplió su oferta de accesorios para el pelo, reportó ventas por US$21,7 millones el año pasado. Y los productos se venden en la actualidad en más de 100.000 lugares, incluidas las cadenas CVS, Walgreens y Sephora en su mercado más grande, Estados Unidos.

Más de 100.000 personas también siguen la marca en Instagram. Sophie recientemente utilizó la plataforma de redes sociales para hablar sobre las malas prácticas laborales que vio en China durante un viaje de 2018.

"Toda nuestra producción funciona sin problemas en China, nuestras fábricas fueron auditadas por completo", aclara. "Pero quisimos visitar algunas fábricas (nuevas) para ver si podíamos aprender algo de lo que otras compañías están haciendo allí", relata.

"Las madres tenían a sus hijos en sus regazos mientras soldaban lazos para el cabello y luego les colocaban etiquetas para grandes marcas multinacionales. Fue desgarrador".

Después de visitar ocho fábricas diferentes en China, Sophie decidió no explorar ninguna de ellas como opciones, apegándose a los fabricantes auditados existentes de Invisibobble.

"Eso hizo darme cuenta de que lo más importante es que necesitamos crecer de manera sostenible", analiza.

Aunque el producto más vendido de Invisibobble, su liga para el pelo en espiral está hecha de plástico, la compañía dice que contiene un solo material, el poliuretano. Y asegura que esto hace que el producto sea totalmente reciclable.

"También queremos que las personas consuman menos y de manera más responsable. Al fijar un precio más alto que las bandas para el pelo tradicionales, tratamos de alentar eso", agrega Sophie.

Consejo

Habiendo desarrollado una empresa exitosa, Sophie ahora tiene consejos para jóvenes emprendedores: "¡Empiecen ya!".

Los empresarios más jóvenes como Sophie tienen "al menos dos ventajas", según Vangelis Souitaris, profesor de emprendimiento de Cass Business School de la Universidad de la City de Londres.

"Tienen la pasión, la energía y la creatividad de la juventud. En segundo lugar, tienen poco que perder. Generalmente no tienen hijos ni una hipoteca de la que preocuparse, por lo que durante o inmediatamente después de la universidad es un buen momento para dar el salto y encontrar un negocio", enumera.

Sophie dice que si tienes una buena idea "alguien más lo hará si no lo haces tú". "Además, si comienzas un negocio como estudiante, puedes arriesgarte porque no tienes que dejar un trabajo de tiempo completo para iniciar una empresa. En el peor de los casos, no funcionará", resume.

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