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Cada decisión que tomamos trae un precio que pagar

Vivimos en un ajetreo permanente. Los días han pasado y no nos hemos dado cuenta, no solo de lo rápido que éste pasa, sino que no hemos logrado hacer consciencia de lo que ocurre con nuestro alrededor.

El precio que pagamos por cada decisión que tomamos Getty

Algo así como vivir en piloto automático en nuestro día a día. Muchos podrían decir que son los hábitos, la rutina, la monotonía de la vida adulta que conlleva a tener la obligación por necesidad de hacer tareas mundanas todo el día, todos los días. Muchos de nosotros crecimos con una forma de pensar que en realidad no te daba muchas opciones una vez que tomabas ciertas decisiones, pero ¿Qué tan cierto es todo eso?

Una gran mayoría de jóvenes van viviendo y cumpliendo las decisiones que los padres tomaron por ellos. Empieza con ir al colegio, horarios para hacer las diferentes funciones, ir a la universidad no es una alternativa, es más una obligación, y claramente ciertas opciones de carrera no son ni siquiera un tema de discusión. Todos están detrás de ser los mejores de la clase para poder conseguir un mejor trabajo, mejores condiciones y posiblemente un mejor salario, pero no estoy tan seguro si ese hubiera sido el patrón de decisiones que hubiéramos tomado en un principio.

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Tal vez ese niño no hubiera estudiado algo que el papa le “sugirió” en tono impositivo, persuasivo o a manera de suplica, sino qué tal vez se hubiera lanzado en una aventura por conquistar sus propias metas, tomando decisiones diferentes y resolviendo los enigmas o los problemas de las decisiones que tuvo que tomar anteriormente.

El tiempo siempre transcurre, y para este momento, no nos hemos dado cuenta que las decisiones que tomamos o nos hicieron tomar, están empezando a crear un modelo de acción, una justificación permanente o más bien la excusa perfecta que nos obliga a permanecer en ese patrón en donde solo reaccionamos al ambiente en todos los áreas de nuestra vida. Reaccionamos a las situaciones laborales, sociales y financieras, tomando ciertos criterios:

- Decisiones fáciles
- Decisiones socialmente aceptadas
- Decisiones seguras

Salimos a buscar trabajo y la estadística no es tan favorable: solo 1 de cada 4 consigue trabajo en un semestre. Todo esto no solo nos obliga a tomar las decisiones lo más fácil, que sean socialmente aceptadas y lo más seguras posibles, sino que nos hace reaccionar a ese estímulo.

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Ya para ese entonces muchas de las decisiones son una bola de nieve acumulando experiencias que se fueron presentando y a las que seguimos respondiendo de manera automática, ya no hay mucho que decidir, perdimos la valentía y el coraje de poder parar nuestra vida actual y retomar el rumbo de nuestros objetivos, te invito a pensar en qué pasaría si en este momento tomáramos una decisión de replantearnos todo. ¿Qué tanto impacto tendría en nuestra vida?

Hay algo que tenemos que entender, y es que somos el resultado de las decisiones que hemos tomado. Si financieramente no estás bien, es por decisiones que tomaste y que te llevaron a estar ahí, al igual que en un plano sentimental, de salud, educativo, familiar, social, en fin, tantas decisiones tuvieron ese impacto, ¿que pasaría si a partir de ahora cambias la toma de una decisión importante no por reacción sino por bienestar?

Lastimosamente este tipo de decisiones difíciles al final son las que requieren de nuestra parte, de coraje para tener todas las cualidad que hemos buscado; decidir entre un vaso con agua o una gaseosa, entre endeudarme para sentir que poseo más, o mantenerme consciente que muchas de las cosas que veo como necesidades, son un invento emocional para ser socialmente aceptado.

Tener el coraje de poder escoger un Uber, taxi, bus o bicicleta en lugar de un carro que no puedo pagar, tener la valentía de pararme del sofá e ir al gimnasio a entrenar por más pereza que tenga, porque ese es el precio de las decisiones difíciles. Una remuneración a largo plazo contra una satisfacción inmediata.

Puede sonar injusto a simple vista, pero es más un premio a largo plazo que muchas veces nuestras mentes no nos permiten ver, pero debes entender que todo tiene un precio a pagar, cada decisión conlleva una consecuencia y sabrás el peso de cada una en tu vida, es solo cuestión de tiempo.

“Si vas a tener que tomar una decisión poco popular, hazla rápido. Porque entre mas la pienses, va a ser más probable que pierdas el coraje para hacer lo correcto, contra lo más popular”. Bill Clinton

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*Emprendedor fundador de SmartMoney

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