| 12/21/2018 11:49:00 AM

Las 3 lecciones que nos dejó el 2018 en materia de inversiones

Como les sucede a los navegantes, son de las tormentas pasadas las que ayudan a tener experiencia para enfrentar las tempestades del futuro. Y los mercados financieros comparten características similares en esas situaciones.

Las 3 lecciones que nos dejó el 2018 en materia de inversiones iStock

Es momento de hacer recuentos en el ámbito de las inversiones. Y es que durante este año no hubo activos en donde esconderse, salvo contadas excepciones. Es precisamente en este entorno donde todo inversionista aprende valiosas lecciones, de las cuales destaco tres.

En primer lugar, la relevancia de la (geo) política. Ya sean elecciones en América Latina o guerra comercial a nivel global, los mundos financieros y políticos se mostraron entrelazados. En segundo lugar, el efectivo como alternativa de inversión está de vuelta. No solo la renta fija de corto plazo paga mejor, sino que se presenta como un ancla de estabilidad cuando las condiciones de mercado se complican. La tercera lección: esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor. Eso se traduce en incorporar elementos más defensivos en un portafolio diversificado. Pueden no sumar tanto cuando los mercados estén en alza, pero uno agradecerá la estabilidad que traen cuando corrigen.

Abusando quizás de las analogías entre el mundo financiero y el naviero, el año 2018 ha sido uno de navegar en aguas turbulentas, después de pasar el año 2017 en una verdadera taza de leche. El resultado no se hace esperar: los inversionistas menos avezados suelen caer presa del mareo e incluso sucumben al pánico de hundimiento.

Son precisamente las lecciones aprendidas en tormentas pasadas las que ayudan a los marinos de más experiencia a enfrentar estas tormentas. Los mercados financieros comparten características similares. Veamos cuáles son estas lecciones.

La primera de ellas es reforzar que la política, más que nunca, incide significativamente en los mercados financieros. Por partida doble. Ya sea porque las decisiones políticas conllevan consecuencias en lo económico. Piensen, por ejemplo, en los efectos que ha traído la decisión del Reino Unido de salirse de la Unión Europea (“Brexit”), sobre las decisiones de inversión de las empresas o de lugar de trabajo de residentes extranjeros. O el impacto sobre menor inversión que trajo consigo la reforma tributaria llevada a cabo por el gobierno anterior en Chile.

Pero los efectos también inciden en el ámbito psicológico. La incertidumbre política, ya sea por la suerte de una negociación comercial que podría llevar a una guerra tarifaria o por el desconocido resultado en una elección presidencial que confronta candidatos con propuestas significativamente distintas, suele traducirse en un cambio de actitud del inversionista. Se vuelve más cauto, suspende o dilata la decisión de acometer recursos a nuevos proyectos, esperando contar con más información que le permite anticipar de mejor manera los riesgos.

Esto precisamente creció de manera exponencial durante el 2018. A riesgos de corte geopolítico que ya arrastrábamos desde el 2017 como las tensiones con Rusia y el conflicto en medio oriente, se agregaron otros como la guerra comercial y el avance del populismo en América Latina, y otros como el riesgo de desintegración de la Unión Europea volvieron a tomar fuerza. El 2018 nos dejó como lección que el inversionista que no toma en cuenta la situación política corre el riesgo de zozobrar, pues no anticipa un cambio brusco en vientos y corrientes. Por otro lado, si sabemos identificar estos riesgos y anticiparse a ellos, aumentamos las posibilidades de aguantar mejor el chaparrón.

La segunda lección es la importancia de contar con una buena ancla a la cual recurrir en tiempos de tormenta. Si bien el 2017 no parecía necesario contar con este tipo de resguardos, este año nos recordó que este objeto de metal pesado tiene un rol esencial para evitar irse a la deriva. En el mundo financiero, esta ancla se llama efectivo o renta fija de corto plazo. Por varios años fue un tipo de inversión algo vilipendiada: pagaba muy bajos retornos (apenas por sobre cero e incluso negativo en algunos países), ofreciendo un atributo (la seguridad) que parecía innecesaria en un mundo donde todos los activos financieros subían de precio, como fue el caso del 206 y 2017.

El 2018, en cambio, el efectivo volvió en gloria y majestad a los portafolios de inversión, no sólo cumpliendo ese rol de estabilizador, sino que, incluso sorprendiendo gratamente con un mejor retorno, producto del incremento de tasas de interés que llevaron a cabo varios bancos centrales en el mundo durante el año, destacando la Reserva Federal de EE.UU. Ante este regreso del activo de menor riesgo, el resto de los activos tuvieron que ajustar sus precios, como se evidenció en correcciones destacadas, especialmente en instrumentos de mercados emergentes.

La tercera y más importante decisión tiene que ver con la estrategia de inversión aprendida. Ello se puede asemejar con la decisión del tipo de embarcación para realizar una travesía que, si bien parece gozar de buenas condiciones de mar al momento de salir del puerto, no es posible saber a ciencia cierta en qué momento cambiaran los vientos y comenzarán las oleadas.

Si se escogió una embarcación liviana pero rápida, posiblemente las distancias iniciales de cubrieron de manera más rápida (llevado a inversiones, una estrategia con mayor exposición a riesgos dio mejores retornos en condiciones favorables, como fue el 2017). Pero si no se previó el cambio del 2018, la fragilidad de la embarcación le hacía correr el riesgo de terminar debajo del agua.

Por ello, el 2018 nos deja como lección la necesidad de buscar un barco más firme, de materiales más nobles, aunque sean algo más pesados para navegar, con mejor tolerancia a las tormentas. Aun a riesgo de ir algo más lento, la capacidad de resistir los embates de huracanes aseguran una mejor posibilidad de llegar a puerto. En inversiones, eso significa tener más efectivo (una buena ancla) pero también escoger inversiones de mejor calidad: empresas con productos más establecidos, de flujos de ingresos más predecibles y por sobre todo con balances más sólidos (mayores niveles de liquidez y menor endeudamiento).  

Mayores detalles de nuestra visión para el 2019 se pueden encontrar en https://www.blackrock.com/investing/insights/blackrock-investment-institute/outlook (inglés)

*Director de Estrategia de Inversiones para América Latina e Iberia de BlackRock

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