Este es el top 10 de fraudes más comunes que sufren nuestras empresas

En Colombia, la corrupción no es un tema que solo afecta a las entidades públicas o los funcionarios. También es un flagelo que golpea las finanzas de los empresarios privados y compromete la continuidad del negocio.

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Probablemente respetadas empresas como Enron, en los 90 o Lehman Brothers y Bearn Stearns en el presente siglo no digan mucho a usted sobre sonados fraudes. Si bien, el manejo de recursos públicos puede convertirse en un tema difícil para las finanzas de un Estado o de la municipalidad, también es cierto que en las actividades privadas también hay cierta vulnerabilidad de quedarse con lo ajeno.

El fraude o la corrupción son actividades inherentes al comportamiento humano y por eso en Colombia hizo carrera la célebre frase del ex presidente Julio César Turbay acerca de que la corrupción había “que reducirla a sus justas proporciones”. Aunque le llovieron las críticas y su pensamiento pasó a la historia nacional con citas como las anteriores, no se puede negar que las estafas y los grandes desfalcos han estado en lo público y lo privado.

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Esa puede ser una causa más para que haya semejante mortandad en Colombia, donde los estudios realizados por Confecámaras indican que de cada 10 empresas que se constituyen, hay 7 que no sobreviven a los primeros 5 años de creación. Uno de los indicadores que más preocupan acerca del emprendimiento en Colombia. Precisamente, la firma KPMG Colombia reveló los 10 fraudes más frecuentes que se cometen en las empresas del país.

En su estudio ‘Fraude en Colombia’, se encontró que la falta de controles internos y debilidad en la cultura ética son las causas principales de corrupción dentro de las empresas y que el 80% de la apropiación de recursos o malas prácticas son cometidas por los empleados al interior de las organizaciones. Las áreas de operaciones y producción, son las más propensas a esta problemática.

En el documento se revelan detalles de cómo este problema también se produce y se propaga en compañías del sector privado, además devela el perfil de los perpetradores. Los hallazgos evidencian características propias de los fraudes en Colombia, como por ejemplo, el tiempo transcurrido entre el inicio de la conducta y la detección, que fue de entre un mes y seis meses en el 62% de los casos y entre seis y doce meses el 24% de los casos.

Así mismo, las compañías indicaron que en el 85% de las situaciones, se logró identificar al perpetrador o perpetradores y en el otro 11%, que no fue posible. A pesar de los esfuerzos que han venido realizando las organizaciones en los últimos años, todavía existe una brecha en los procesos de investigación.

Al respecto, Diego Ríos, Director de Servicios Forenses de KPMG en Colombia, informó: “Los resultados nos indican que más de la mitad de las organizaciones encuestadas han experimentado algún tipo de evento de fraude durante los últimos años. A su vez, encontramos que control interno fue el medio principal por el que se detectó el evento, con un porcentaje del 60%, seguido por los mecanismos de denuncia, con un 22%. Es así como estas áreas son claves a la hora de prevenir y detectar actividades delictivas”.

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En cuanto a los impactos financieros, se identificó que el 45% de las empresas en Colombia logró cuantificar el monto defraudado en un valor de hasta diez mil dólares. Otro 20%, tuvo pérdidas entre los diez mil y 50 mil dólares; mientras que un 23% reportó un detrimento superior a los 50 mil dólares y con un tope de hasta 500 mil dólares.

El top diez de fraudes en Colombia

Las áreas internas de las empresas que son más vulnerables a los delitos son operaciones y producción, ventas y atención al cliente, alta gerencia, tesorería, compras y bodega. De acuerdo con el estudio, los diez fraudes más comunes en Colombia son:

Fuente: Fraude en Colombia - KPMG

“Las organizaciones pueden verse afectadas por diferentes tipologías de fraude, en mayor o menor medida, dependiendo del sector en el que opera la organización. Las distintas formas que adoptan estas irregularidades tienen características y consecuencias diferentes, por lo que requieren métodos de prevención y detección adaptados a cada caso”, destacó Fabián Echeverría, Socio Líder de Consultoría de KPMG en Colombia.

Perfil del perpetrador

KPMG identificó que el perpetrador es de sexo masculino el 56% de las veces, con edades entre los 25 y 40 años (57%) y un nivel de educación profesional (36%) o técnico/tecnológico (33%). En un 22% de los fraudes se presenta colusión. En el caso de las mujeres, se evidencia que solo en el 11% de los casos actúan individualmente.

Cuando se analiza la naturaleza de quién  comete el ilícito, se encuentra que en el 25% de las situaciones es un colaborador interno de la empresa, complicidad entre empleados (18%), supervisor (9%), alianzas entre colaborador y proveedor (7%) y alguien de la alta gerencia (7%). Es decir, el 80% de los eventos de fraude fueron perpetrados por empleados de la organización. Al revisar el promedio de antigüedad de las personas que cometen estos delitos, el 38% llevaba entre tres y cinco años, seguido por quienes llevaban más de 10 años (16%).

Diego Ríos, comentó: “Los motivos que llevaron a que los delitos se llevaran a cabo son diversos: el primero fue la presentación de la oportunidad, otros, la ambición y codicia, problemas económicos, presión por el alcance de los objetivos y resentimiento con la organización. Entre las causas directas se identificó la falta de controles internos, debilidad en la cultura ética, ausencia de políticas claras y bien definidas, o ausencia de un programa de entrenamiento de ética”.

El estudio de KPMG destaca que, entre las consecuencias o perjuicios más relevantes por este tipo de eventualidades, se encuentran daños en la moral personal, deterioro a la imagen de la organización, afectación en las acciones o valor de la compañía, pérdida de contratos y multas económicas. Lo más preocupante es que el 29% de las empresas indicaron no tener conocimiento de los efectos negativos ocasionados; es decir, las organizaciones no suelen ser conscientes de la repercusión real de los eventos de fraude, teniendo en cuenta que las pérdidas económicas son tan solo una parte de los impactos totales.

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